El suicidio, resultado de una desatención a enfermos de salud emocional y mental

En Guerrero, de acuerdo con datos oficiales, los casos de suicidio en los adolescentes son los más comunes y ocurre más en mujeres que en hombres. Las cifras bajas, pero no por inexistente, es porque los casos son obviados


Texto: Itzel Urieta

Fotografía: Especial

Chilpancingo

Mar era una joven simpática, alegre, risueña y sociable. Era alta, de piel morena y delgada. Le gustaba compartir tiempo con su familia, principalmente con sus hermanas, y con sus amigos. Viajar y nadar también eran parte de sus actividades favoritas.

El 12 de marzo del 2013 por la tarde, Mar visitó a María, una de sus mejores amigas, quien le pidió ayuda para grabar un video para una tarea de su escuela. Fue una tarde de plática y risas. Cuando terminaron los pendientes, Mar regresó a su casa; vivía en una pequeña comunidad de la región de la Tierra Caliente.

Al día siguiente, el 13 de marzo, María supo que algo le pasó a Mar; nadie la vio en todo el día, su familia la buscó por horas y la halló en mal estado cerca del río de su comunidad.

Mar, de 17 años, murió más tarde.

La adolescente se suicidó.

El suicidio, un problema de salud pública que complica la burocracia

Hace 10 años, en la Tierra Caliente, una de las regiones más alejadas de la capital, la salud mental era minimizada no sólo por la sociedad, también por las instituciones de salud. Mar nunca tuvo acceso a la salud pública para un diagnóstico y un tratamiento emocional.

Hasta ahora comienza a abrirse las posibilidades institucionales, pero en las ciudades más grandes.

En Chilpancingo existe dos espacios dedicados a tratar estos tipos de padecimientos, pero el acceso aún es complicado para muchos; la burocracia y falta de medicamentos son los principales obstáculos para los pacientes.

Jesica Estévez Ojendiz, después de una agresión sexual, fue diagnosticada con un trastorno de ansiedad generalizada y un trastorno depresivo recurrente o crónico.

Acudió por recomendación de una amiga al Centro Especializado para la Prevención y Atención de la Violencia de Género (Cepavi), ubicado en las instalaciones del Hospital General Raymundo Abarca Alarcón, en Chilpancingo.

“Yo empecé a asistir a ese espacio, el cual es totalmente gratuito y hay personal capacitado y preparado, pero lamentablemente la alta demanda de estos servicios hace que la atención sea insuficiente, porque llegan muchísimos casos para el poco personal que es”, contó Jesica, ahora de 28 años.

Por su diagnóstico, Jesica necesitaba un tratamiento psiquiátrico, el cual no era proporcionado por el Cepavi, y fue canalizada en la Clínica de Salud Emocional, dependiente de la Secretaría de Salud de Guerrero (SSG).

El problema en la Clínica de Salud Emocional fue una atención tardada, “por que son un sistema burocrático muy complejo, te piden que vayas con referencias, te dan citas muy tardadas y entonces ese sí es un conflicto”.

“Si bien ahí me han brindado la atención, la verdad es que la atención es un poco deficiente, comparado con servicios particulares porque no hay suficiente personal y aunque esté capacitado eso no es suficiente para atender la demanda”, agregó.

Otro tema es el de los medicamentos, porque aun cuando son gratuitos, difícilmente las farmacias del sector público están surtidas para otorgarlas.

En el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) de Chilpancingo, capital de Guerrero, no hay algún servicio que atienda a la salud mental.

Las demás instituciones públicas, como el Cepavi o la Clínica de Salud Emocional, tampoco cuenta con equipo para garantizar otro tipo de servicios, como estudios especializado, los cuales pueden ser encefalogramas y resonancias magnéticas.

Todos estos problemas hicieron que Jesica buscara otras opciones en el sector social fuera de Guerrero.

En Chilpancingo, una consulta psicológica va de los 500 a los 1,000 pesos.

Ella a través de un organización no gubernamental llamada Sorece, Asociación de Psicólogas Feministas, recibe atención cada 15 días, por la que paga una cuota de recuperación de 300 pesos.

Además de estos pagos, los gastos en medicamentos van desde los 500 a 800 pesos, depende los medicamentos que les prescriban.

Jesica ha pensado en el suicidio en varias ocasiones y aun cuando no existen datos concretos en Guerrero de este tipo de casos, cree que es más común de lo que puede admitirse.

“Son las enfermedades de siglo XXI y parece que no existen”, dijo.

Adolescentes encabezan las cifras del suicidio en Guerrero

En Guerrero, de acuerdo con datos oficiales, los casos de suicidio en los adolescentes son los más comunes y ocurre más en mujeres que en hombres.

De acuerdo con el enlace estatal para la Prevención del Comportamiento Suicida de la Coordinación Estatal de Salud Mental y Contra las Adicciones en Guerrero, Abraham Bautista Hernández, el rango de jóvenes con mayor casos es de entre los 10 hasta los 19 años. Los municipios con más casos son Iguala, Acapulco y Chilpancingo.

Para Bautista Hernández los determinantes sociales que ocasionan el suicidio en los adolescentes son el abuso sexual, violencia de género, pobreza y falta de acceso a los servicios.

“Guerrero tiene la tasa de 2.1 por ciento de personas fallecidas por cada 100,000 habitantes, es la taza más baja en el país, esto se da no porque no existan los casos de suicidio, sino porque no se registran como tal”, comentó. Entonces, las estadísticas no reflejan el problema real en el estado.

Sobre los métodos, de acuerdo con el el funcionario, los hombres utilizan métodos más letales, como el ahorcamiento, las armas de fuego y plaguicidas. Las mujeres usan medicamentos y también plaguicidas.

Los datos de la Secretaría de Salud, reconoce Bautista Hernández, pueden estar sesgados, porque muchas veces “no se ingresa el diagnóstico por cuestión de estigma y desconocimiento del personal de salud al colocar la clave que implica el fallecimiento por suicidio”.

El suicidio es una obviedad institucional, porque en las actas de defunción tampoco reconocen esta causa de muerte.

Un padecimiento silencioso

“Yo no lo podía creer, fue impactante, cómo eso podía pasar si un día antes había estado conmigo, no se veía mal, no se veía triste, no noté nada raro en ella”, recordó María.

Mar siempre se mostró alegre y sonriente, pocas veces se enojaba.

El día que Mar se suicidó lo hizo de manera silenciosa. Su madre, Paola, salió de casa; sus hermanas trabajan, al igual que su padre. Mar optó por irse a orilla del río de la comunidad para ingerir unas pastillas que usan los campesinos para curar el maíz.

Esas pastillas contienen un ingrediente llamado fosfuro, que es altamente tóxico para el ser humano, y que al ser ingerido reacciona con el agua y el ácido del estómago.

Antes Mar pasó a una tienda a comprar agua, ahí trabajaba otra de sus amigas, Antonia, quien la notó rara y le preguntó que a dónde iba. Ella le dijo que iría un rato al río a bañarse.

Antonia le sugirió que no fuera sola, que era peligroso, y ella le contestó que no pasaba nada, que tendría cuidado.

La madre de Mar regresó a su casa y no la halló, entonces comenzó a buscarla y al preguntar entre sus amigas y vecinos. Una mujer que acudió a lavar al río esa tarde halló a Mar desvanecida; la subió a la carretilla donde cargaba su ropa y la llevó  hasta su casa. Eran alrededor de las cinco de la tarde.

En ese momento Mar aún estaba viva, pero débil, no podía sostenerse. Había salido de casa desde el mediodía.

Sus padres y hermanas la llevaron al hospital que está a unos 20 minutos de distancia, durante el camino le dieron a beber leche para que la intoxicación, según ellos, no avanzara.

Al llegar al hospital, le hicieron un lavado de estómago, pero el doctor les comentó a sus familiares que por el tiempo transcurrido su estómago ya estaba muy dañado y no había muchas posibilidades de que sobreviviera y, en caso de que sí, quedaría con graves secuelas, como lesión cerebral o en coma.

Mar estuvo toda la noche en observación hasta que en la madrugada del 13 de marzo falleció.

Después de su fallecimiento a la familia le cayeron todas las dudas: ¿Qué había pasado? ¿Por qué lo hizo?

“Yo conozco el dolor de perder a una hija, pero siempre me quedará la duda de por qué lo hizo, ella (Mar) no dejó nada, ni una carta ni nada. Es vivir con una doble tristeza y con la incertidumbre”, dijo Paola, madre de Mar.

Paola vive con muchas dudas, incluso llegó a sentirse culpable, por “no estar atenta o al pendiente” de su hija.

Sus hermanas tampoco sabían nada, era como si Mar hubiese querido irse en silencio.

Guerrero en las estadísticas nacionales del suicidio

Los datos de las Estadísticas de Mortalidad 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que el suicidio es la cuarta causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, y Guerrero es uno de los estados con menor tasa en suicidios, 1.4 por cada 100,000 habitantes.

En dichas Estadísticas, el INEGI detalla que las entidades con mayor tasas de suicidio son Chihuahua, Yucatán y Campeche, con 26.4, 23.5 y 18.8 suicidios por cada 100 mil jóvenes, respectivamente.

Las tasas más bajas las tienen Veracruz con 4.2, Baja California 3.9 y Guerrero con 1.4.

A nivel nacional, durante el 2021 sucedieron 8,351 fallecimientos por lesiones autoinfligidas en el país, que es como el INEGI cataloga al suicidio, “lo que representa una tasa de suicidio de 6.5 por cada 100 mil habitantes”, se lee en el resumen ejecutivo de dicho estudio.

“Los hombres de 15 a 29 años de edad son las personas con más riesgo, ya que ocurren 16.2 suicidios por cada 100 mil varones entre estas edades”.

Pero lo han dicho los especialistas, el problema es que el suicidio no es documentado como tal.

El vacío que dejó Mar

Paola veía que su hija escribía mucho, sabía que tenía cuadernos en los que escribía su sentir, pero nunca quiso leerlos para no invadir su privacidad.

Paola buscó los cuadernos porque acarició la esperanza de saber qué había pasado, pero se dio cuenta que Mar los destrozó antes; le volvió la tristeza.

“De esos cuadernos no quedó nada, un día antes de que ella se suicidara quemó y arrancó todo lo que escribía”, comentó.

“Nadie sabe, que saquen sus conclusiones o inventen lo que quieran, yo sola sabré mi verdad”, fue la última frase que escribió Mar en su perfil de Facebook antes de suicidarse.

Paola y su familia no se salvaron de ser señalados. Al ser un pequeño pueblo sin acceso a información sobre salud mental, comenzaron las especulaciones que hicieron más doloroso el duelo de la familia.

Entre muchas pláticas, amigos y familiares de Mar llegaron a la conclusión de que posiblemente ella pasaba por un cuadro de depresión severo.

“Después analizando yo me di cuenta de que ella nos daba señales que no vimos, a veces publicaba que se sentía triste o vacía, incluso a un amigo una vez sí le dijo que ella a veces quería ya no estar aquí, y él le dijo que por favor no jugara ni dijera eso”, agregó María, la amiga con la que convivió un día antes de tomarse las pastillas.

Posibles causas

Aun cuando en Guerrero los datos oficiales no encienden las alarmas del suicidio como un problema de salud pública, a nivel mundial, los organizaciones internacionales de salud y especialistas, alertan sobre los graves problemas que conlleva hasta él.

“El suicidio es un problema de salud pública importante, pero a menudo descuidado, rodeado de estigmas, mitos y tabúes. Cada caso de suicidio es una tragedia que afecta gravemente no sólo a los individuos, sino también a las familias y las comunidades”, mencionó la psicóloga Eleuteria Cabrera Alonso.

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que cada año más de 703.000 personas se suicidan, lo que corresponde a una muerte cada 40 segundos.

“El suicidio nos demanda ser más sensibles con el dolor y sufrimiento humano; por lo general, quienes piensan en él manifiestan de manera verbal o conductual señales de alerta como no encontrar sentido a su vida, experimentar un alto nivel de frustración, hartazgo o dolor emocional”, agregó.

 

Este es un contenido exclusivo de Amapola periodismo para Animal Político.

64% de los pacientes internados en hospitales psiquiátricos fueron abandonados por sus familias

Tras la aprobación de reformas sobre salud mental en la Ley General de Salud, autoridades trabajan en los nuevos modelos de atención en los que el internamiento será la última opción.


Texto: Dalila Sarabia / Animal Político

Fotografía: Facebook  – Centro de atención de enfermos mentales Cristo de la Misericordia en Acapulco

 

En México, el 64% de los pacientes internados en hospitales psiquiátricos han sido abandonados por sus familias. En el caso de la Ciudad de México, a pesar de no haber un hospital psiquiátrico a cargo del gobierno local, ninguno de los pacientes que atienden en los Centros de Asistencia e Integración Social (CAIS) tiene alguna red de apoyo.

A través de distintas solicitudes de información, Animal Político buscó conocer cuántas personas están internadas en los hospitales psiquiátricos de México, pues tras las reformas a la Ley General de Salud en materia de salud mental se generaron debates diversos sobre qué pasará con quienes actualmente reciben tratamiento en estos espacios, pues las modificaciones a la ley disponen que los hospitales psiquiátricos deben transformarse en hospitales generales y el internamiento será la última opción de tratamiento.

Con 28 de las 32 entidades que respondieron a la solicitud —con datos actualizados al 15 de julio—, se confirmó que en el país hay mil 940 personas internadas en los hospitales psiquiátricos. De ellas, mil 236 (64%) se encuentran en condición de abandono.

Esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno del comportamiento, discapacidad intelectual y trastorno psicótico por consumo de drogas son algunas de las condiciones por las que los pacientes están hospitalizados.

En entrevista, el médico psiquiatra Javier Zambrano subrayó que el abandono de los pacientes psiquiátricos está relacionado con una tradición y mala costumbre de los sistemas de salud que se ha mantenido con el tiempo.

Incluso, compartió que durante su experiencia laboral en instituciones públicas ha tenido que llevar a los pacientes que han sido dados de alta hasta la casa de sus familiares, para entregarlos a fin de que continúen con su tratamiento de manera remota.

Resulta común que, una vez que los pacientes son admitidos en los hospitales, poco a poco sus familiares dejen de visitarlos hasta que llega el momento que no van ni contestan las llamadas de los doctores.

“Nos hemos visto en la penosa necesidad de hacer entregas domiciliarias, y te hablo de tener que ir no al domicilio registrado, sino pacientes que ya habían salido de su cuadro disociativo a los que les preguntamos si se acuerdan de otro familiar y nos lanzábamos con él en una ambulancia con médico y trabajadora social”, compartió el especialista.

“Hemos tenido que hacer entregas domiciliarias en la noche o los domingos en la madrugada (…) Lloran, te dicen que te van a demandar, te gritonean…”, relató.

En las unidades médicas, al momento de recibir a los pacientes, explicó Zambrano, solo pedían la copia de una identificación oficial o comprobante de domicilio. Sin embargo, desde hace unos cinco años solicitan dos copias de identificación oficial de distintos familiares.

A fin de evitar casos como estos, las recién aprobadas reformas a la Ley de Salud en materia de salud mental contemplan en el artículo 75 la imposibilidad de internar a los pacientes si no se cuenta con su consentimiento previo.

“El internamiento solo podrá llevarse a cabo de manera voluntaria y cuando aporte mayores beneficios terapéuticos para la persona que el resto de las intervenciones posibles; se realizará por el tiempo estrictamente necesario y en el Hospital General o de Pediatría más cercano al domicilio del usuario. Por ningún motivo el internamiento puede ser indicado o prolongado, si tiene el fin de resolver problemas familiares, sociales, laborales o de vivienda y de cuidado del paciente”, se expone.

El abandono de personas es un delito que se contempla en el artículo 335 del Código Penal Federal y considera penas que van desde un mes hasta cuatro años de prisión.

Respecto de qué sucederá con todos los pacientes que actualmente están internados en los hospitales psiquiátricos, Zambrano insistió en que “no se van a abandonar ni se van a sacar a la calle, (así como) tampoco se van a mandar a anexos”, tal como la Secretaría de Salud federal había informado a Animal Político y contamos en esta nota.

El especialista adelantó que se trabaja en un modelo de atención en el que, si es necesario que un paciente crónico sea internado, no deberá permanecer en el hospital por más de seis semanas.

En CDMX, el abandono es total

A pesar de que el gobierno capitalino no cuenta con ningún hospital psiquiátrico a su cargo, sí ofrece atención psiquiátrica a pacientes crónicos a través de los CAIS.

Se trata de 11 espacios a cargo de la Secretaría de Inclusión y Bienestar (Sibiso) que albergan a mil 850 personas, hombres y mujeres quienes no cuentan con un techo para vivir o alguna red familiar que les apoye. De esas personas, detalló la dependencia, el 36.7% padece trastornos psiquiátricos, discapacidad psicosocial y/o discapacidad intelectual, es decir, unas 474.

A la fecha, de acuerdo con la información proporcionada vía transparencia, la totalidad de las personas que están en estos albergues se encuentran en condición de abandono.

Respecto de las otras entidades del país, destaca el Estado de México como la entidad con mayor número de hospitales psiquiátricos y, por ende, mayor número de pacientes internados y abandonados.

De acuerdo con los datos proporcionados, en la entidad operan tres hospitales psiquiátricos con una capacidad de atención instalada de 637 camas. Hasta el 6 de julio, en estos espacios estaban internadas 348 personas (el 55% de la capacidad) y, de ellas, 217 (62%) se encontraban en condición de abandono.

En Puebla, solo hay un hospital psiquiátrico con capacidad de atención a 317 personas. Actualmente, hay 210 hospitalizadas, de las cuales 156 (74%) están abandonadas; en Durango, hay 46 pacientes internados; de ellos, 28 (61%) están abandonados por sus familias.

Veracruz es la entidad donde hay menos pacientes psiquiátricos abandonados. La entidad informó que, de las 71 camas disponibles actualmente, hay 18 pacientes internados y solo uno se encuentra en condición de abandono.

Guerrero, Morelos, Nayarit, Querétaro y Quintana Roo fueron las entidades que reportaron no contar con hospitales psiquiátricos a su cargo.

El nacimiento de los hospitales psiquiátricos 

Tras las modificaciones a la Ley General de Salud en materia de salud mental, las opiniones sobre la transformación de los hospitales psiquiátricos han sido divididas. Los hospitales psiquiátricos, tal como los conocemos hoy, comenzaron operaciones en la década de los 60 y su origen nunca fue el convertirse en espacios asilares como lo son en la actualidad.

El médico Zambrano recordó que, a inicios de los 60, y una vez que el hospital psiquiátrico de La Castañeda —primero en su tipo en América Latina— tuviera que cerrar sus puertas por sobrecupo, además de señalamientos de maltrato a los pacientes, se planeó construir hospitales psiquiátricos en los estados.

Estos espacios, subraya el experto, fueron planeados como hospitales-granjas donde los pacientes recibirían su tratamiento médico y paralelamente aprenderían oficios para que, una vez dados de alta, se pudieran reinsertar a la sociedad. Sin embargo, este plan no se pudo concretar porque las familias comenzaron a abandonar a sus pacientes.

“La idea, que era muy buena, es que fueran hospitales-granja para capacitarlos en actividades del campo para que fueran útiles y se pudieran regresar con sus familias y, vamos, se pudiera reducir el número de hospitalizados”, dijo Zambrano.

“Lamentablemente no hubo supervisión, pero lo que sí hubo fue el abandono de las familias hacia estos pacientes (…) Así que lo que iban a ser hospitales-granjas se convirtieron en hospitales asilares hasta que (las autoridades) se dieron cuenta que está fuera de cualquier presupuesto económico el mantenerlos”, agregó.

En el programa institucional 2020-2024 del Instituto Nacional de Psiquiatría Juan Ramón de la Fuente, por ejemplo, se admite que para la atención de la población se decidió construir un subsistema paralelo de salud que privilegió la construcción de, a la fecha, 41 hospitales psiquiátricos que se encuentran aislados del sistema de salud y que, en la mayoría de los casos, operan con un modelo asilar.

Además, solo 13 de los 41 hospitales psiquiátricos asumen el 95% de la demanda de atención.

“En los últimos años la mayoría han hecho esfuerzos por transformar su modelo de operación para convertirse en hospitales de atención a enfermos agudos con hospitalizaciones de corta estancia, sin embargo, aún se tienen alrededor de mil 900 pacientes institucionalizados con estancias promedio de entre 10 y 50 años”, se expone en el documento dado a conocer en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 27 de noviembre de 2020.

Aunque aún se trabaja en los nuevos modelos de atención que se brindarán a fin de cumplir con las reformas a la Ley General de Salud, el médico Zambrano explicó que es importante entender que no desaparecerán los hospitales psiquiátricos: no los cerrarán ni tampoco los van a derrumbar, sino que su modelo de atención se transformará y lo que sí desaparecerá será el concepto de pacientes con riesgo de abandono.

“Habrá hospitalizaciones pero no más de seis semanas”, adelantó. “El desafío que nos ponemos como especialistas en enfermedades mentales es que en estas seis semanas haya un diagnóstico de certeza, (el paciente) debe haber empezado un tratamiento y yo debo de haber iniciado un proceso de rehabilitación y principalmente de psicoeducación con la familia”.

Este texto fue elaborado por el equipo de Animal Político y lo reproducimos con su autorización.

 

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Texto: José Miguel Sánchez

Fotografía: Facebook  – Centro de atención de enfermos mentales Cristo de la Misericordia en Acapulco

Chilpancingo

Cyndi Saucedo tenía 18 años cuando estudiaba la licenciatura en administración de empresas en Morelia, Michoacán, tenía una vida tranquila, dedicada a sus estudios. De pronto todo cambió. Comenzó a presentar síntomas que no comprendía, que eran extraños para su mente: fue diagnosticada con esquizofrenia.

Conseguir el diagnóstico médico no fue sencillo, en Guerrero no hay protocolos ni un marco legal para tratar a pacientes mentales. Cyndi recuerda que tuvo que salir del estado para atenderse adecuadamente.

En Guerrero a Cyndi sólo le otorgaron una orden para trasladarse a un hospital en la Ciudad de México para su tratamiento porque acá no hay un hospital psiquiátrico y, en el sector público, los especialistas son insuficientes.

“Ese diagnóstico me tambaleó y me cambió la vida por completo”, recuerda.

Cyndi tuvo que enfrentarse a algo desconocido, no sabía de qué se trataba y le daba miedo expresar a los demás lo que sentía, sufrió el rechazo social, laboral y, como estudiante, el escolar.

“Mis compañeros ya no me hablaban, recuerdo que una vez llegué y me senté en mesas con más compañeros, dejé mis cosas y mis compañeros empezaron a tomar sus mochilas y ponerlas en otro lado y me dejaron sola en la mesa”, explica.

Los síntomas se intensificaron cuando entró a la universidad, Cyndi trató de mantener su mente ocupada para olvidar un poco sus síntomas, estaba en el club de teatro y pintura, eso ayudaba a que pudiera socializar y hacer su diagnóstico más llevadero.

La enfermedad le trajo estragos, bajó su rendimiento escolar, luchó contra el estigma y lidió con la parte médica. Las citas médicas en la Ciudad de México se volvieron recurrentes, muchas eran semanales, hasta que ya no pudo: dejó la universidad.

Luego vinieron nuevos síntomas que encajaban con otras enfermedades, hace un año Cyndi fue diagnosticada con el trastorno ezquizoafectivo, trastorno de personalidad múltiple y epilepsia del lóbulo temporal.

El camino de Cyndi ha sido difícil. La falta de información sobre enfermedades psiquiátricas provocó que durante mucho tiempo no aceptara lo que le pasaba.

“Las personas piensan que porque eres paciente psiquiátrico vas a salir y los va a matar o les vas a hacer daño, cuando no es así, no somos un peligro”, comenta.

Su lucha ha sido constante, ahora está estable y en tratamiento. La mayoría de los diagnósticos médicos le advirtieron que siempre tendría que depender de alguien, que viviría aislada, que no podría tener un trabajo ni relacionarse.

Hoy Cyndi tiene un trabajo, amigos, pareja y un hijo de un año y medio.

Enfermos mentales sin seguridad

Para Cyndi en Guerrero no hay certeza para un enfermo mental. No hay hospitales especializados ni personal capacitado para dar una atención adecuada.

Recuerda que buscó atención médica en el área de psicología del hospital general Raymundo Abarca Alarcón, en Chilpancingo, pero no fue lo que esperaba. En primer lugar las citas eran muy espaciadas.

“Cada tres o seis meses agendaban una cita, imagínate para cuando llega a la cita ya tuviste una crisis y te recuperaste tú solo”, comenta.

Además el tiempo en las salas de espera era demasiado largo y las consultas demasiado cortas para tratar a un paciente con varios padecimientos.

Después de su mala experiencia, acudió a la Clínica de Salud Emocional, de la Secretaría de Salud Estatal, pero no contaban con psiquiatra, así que descartó esa opción.

Al final no tuvo otra opción, regresó a la Ciudad de México, donde paga consultas privadas a psicólogos y psiquiatras para recibir la atención adecuada.

“Pues uno paga y uno elige las fechas, el día, la hora y si uno se siente mal hay atención personalizada, a diferencia del sector público donde no existen tales protocolos”, explica.

Atenderse en el sector privado, para Cyndi fue costoso, debido a que tenía que trasladarse, así como alimentos y hasta hospedaje, lo que muchas veces merma su economía.

Además los medicamentos que necesita y que no son proporcionados por el sector público son un gasto más; reconoce que ha suspendido su tratamiento y sus consultas por falta de dinero, la más prolongada fue de un año y medio.

Sin ley que los proteja

En la Ley General de Salud federal existe un capítulo dedicado a la salud mental, ahí se especifican instancias, presupuesto y dependencias encargadas de atender padecimientos mentales.

En Guerrero, la Ley de Salud no establece un marco legal para atender dichos padecimientos, lo más cercano es el Consejo de Salud Mental y Contra las Adicciones que fue instalado el 8 de abril del 2022, que responde a las reformas a la Ley General de Salud.

Ante la falta de instancias correspondientes y del incipiente Consejo de Salud Mental no existen datos que ayuden a dimensionar el problema.

El antecedente que existe es el Diagnóstico Operativo de Salud Mental 2020 donde se indica que en Guerrero no existe ningún Centro Integral de Salud Mental (Cisame), ni Hospital Psiquiátrico, lo único que hay son seis Centro de Atención para Prevenir Adicciones (CAPA), todas dependencias federales.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 17 por ciento de las personas en México presenta al menos un trastorno mental y una de cada cuatro lo padecerá como mínimo una vez en su vida y, sólo una de cada cinco recibe tratamiento.

En abril de este 2022, la Cámara de Diputados aprobó la reforma que deroga y adiciona diversas disposiciones a la Ley General de Salud que obliga al Estado garantizar la atención equitativa e igualitaria a la atención de salud mental.

De acuerdo con el dictamen aprobado por los legisladores federales, la atención de salud mental deberá brindarse con un enfoque comunitario, de recuperación y con estricto respecto a los derechos humanos de los usuarios en apego a los principios de interculturalidad, interdisciplinariedad, integralidad, intersectorialidad, perspectiva de género y participación social.

En Guerrero falta que el Congreso local apruebe una reforma a la Ley Estatal de Salud para homologarla a su par a nivel federal.

 

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