Las pinceladas de Moisés Medrano, uno de los mejores acuarelistas de México

Sin Límites. Las pinceladas de Moisés Medrano, uno de los mejores acuarelistas de México

El artista empezó a exponer sus obras en galerías de México. Luego fue más conocido y lo invitaron en países como: Rusia, China, España y Estados Unidos


Texto: Beatriz García

Fotografía: Cortesía  

10 de febrero del 2022

Chilpancingo

Al fondo del pueblo hay unas montañas en tonos grisáceos que sobresalen bajo nubes blancas. De los trazos en tonos cálidos como el rojo, naranja, amarillo y escarlata, el pintor nos adentra a una fría mañana en una comunidad con una plazula, de cuyos puestos resaltan coloridas lonas. Descienden de los cerros casas diminutas con tejados. Hay una torre de iglesia y una mujer con una niña caminando hacia el tianguis tomadas de la mano.

Este paisaje en acuarela llamado “Camino al mercado”, lo plasmó el pintor Moisés Medrano Guevara. La obra retrata la capilla de Santa Mónica del pueblo mágico de Malinalco, Estado de México.

Moy Medrano, como es más conocido, expuso esta pintura en el concurso internacional de acuarelistas Premio Tláloc 2021 el pasado 23 de noviembre, en el Museo de la Acuarela en Toluca, Estado de México.

De 390 participantes Moy fue seleccionado entre los 12 mejores acuarelistas y premiado con una mención honorífica, además es el más joven de todos.

Fue desde el 31 de diciembre del 2018 que hizo un cambio radical a su vida y habló con sus papás. Les dijo que abandonaría el trabajo que tenía en una empresa, donde desarrollaba lo que había estudiado, administración de empresas, para dedicarse completamente al oficio de la pintura. Aunque sus papás no lo aprobaron, lo hizo.

En este cambio tomó clases con profesores internacionales.

El 6 de julio del 2019 expuso sus obras en Bulgaria, en la modalidad Petit Pale que organiza la IWS (International Watercolor Society). Aprovechó, se quedó un mes, y tomó clases con el pintor indio, Amit Kapoor.

También ha tomado clases en la Ciudad de México con el italiano, Igor Sava y recientemente, en línea, con el norteamericano, Andy Envansen.

Aunque destaca en la técnica del acuarela, también pinta al óleo, acrílico, pastel. Sus pinturas se basan, principalmente, en el realismo figurativo, similar a una fotografía. Tarda en hacerlas de un día a un mes, depende de la complejidad.

El artista empezó a exponer sus obras en galerías de México. Luego de que fuera más conocido lo invitaron en países como: Rusia, China, España y Estados Unidos, mediante la IWS.

En sus pinturas plasma paisajes, rostros, partes del cuerpo, figuras humana y arte erótico. La obra más cara que ha vendido es la de unos elefantes, en 60 mil pesos, acá en Chilpancingo.

De administrador a pintor

Moy tiene 34 años, aunque nació en Iguala de la Independencia, a los tres años se mudó con su familia a la capital del estado, él se considera chilpancingueño. A los 25 años nuevamente se mudó con su familia, ahora, a Cuernavaca, Morelos.

El pintor y administrador de empresas, tiene una maestría en Administración y una especialidad en Negocios Internacionales.

Sin embargo siempre tuvo empatía con el arte. Desde niño leyó sobre el pintor italiano Leonardo Da Vinci, él fue su primera inspiración, contó desde Cuernavaca.

A los 25 años decidió tomar una acuarela, trazar, pintar y descubrir su talento que fue a través de su hermano Maximiliano.

Maximiliano, cuando estudiaba arquitectura, le contó a Moy que tenía una maestra que le está enseñando a hacer render –representación gráfica- con acuarela, que es el instrumento más rápido porque seca de inmediato y es fácil de usar para los arquitectos. Entonces le mostró a su hermano las pinturas que también hacía su maestra y quedó impactado, porque eran imágenes hiperrealistas.

A los 26 años Moy tomó las acuarelas de su hermano e intentó plasmar un pez que en tenían de mascota en casa, pero la pintura resultó un fiasco, admitió Moisés.

En ese momento llegó su hermano y le mostró cómo se utilizaba una acuarela, con la técnica “aflojar el color”.

“Empecé a ver cómo se aflojaba el color y cómo el color viajaba en el agua y ahí fue un impacto para mí, mágico. Dije: ¡Órale, qué chido, vi algo extraordinario!”, contó el artista, porque ese fue el inicio de su oficio como pintor.

Poco a poco adquirió su propio material, acuarelas de diferentes colores, papel y pinceles. Vio videos sobre acuarelistas, cómo hacían rostros, paisajes. Así pasaba las noches en vela. Después ya tenía dentro de un folder las pinturas que había hecho y siempre las llevaba consigo.

Un día llegó a una tienda de arte, y el dueño le pidió que le mostrara sus dibujos. Le dijo que tenía talento. Lo recomendó con un pintor, al boliviano Huascar Taborga, que vive en Cuernavaca y que ahora Moisés sabe que es de los mejores pintores que hay en el mundo. Y sí, se decidió y llegó con el pintor.

La sorpresa de Moy fue que el pintor le hizo demasiadas observaciones sobre sus pinturas, le faltaba perspectiva del color, difuminados, abstracción, técnica de color, perspectiva de pintura. No le creyó mucho, pero aceptó hacer los ejercicios que le recomendó.

Vivir del arte

Moisés imparte clases a chicos y grandes, a profesores que manejan otras técnicas distintas a la acuarela. Retomó la administración de un negocio propio, pues dice, que sí le gusta su profesión, entonces combina ambas actividades. Tiene la certeza de que si se dedicara exclusivamente al arte no se moriría de hambre.

Después de muchas pruebas, se quedó con animales. Es lo que más disfruta plasmar. Por ejemplo un elefante.

El elefante lo pintó bajo las indicaciones de Huascar Taborga. Mientras Moy estaba acostumbrado a hacer una pintura en un día, con las indicaciones del profesor tardó semanas.

“Dame tu pintura, aléjate”, le dijo Huascar a Moy mientras le mostraba el elefante que pintó.
Moy vio la pintura y quedó impactado por los detalles que observó.

El pintor le dijo: enmárcala y véndela.

Moisés no creyó venderla, pero la expuso en el restaurante que en ese entonces tenía con su hermano. Lo vendió en 3 mil pesos.

“La pintura realmente tiene su chiste, es extremadamente compleja, aquellos que son famosos, son famosos porque hacen ver la pintura tan fácil que uno ni siquiera la puede entender. Con el tiempo, con la experiencia, práctica, conocimiento, estudio, empiezas a ser bueno”, cuenta.

Así comenzó otro de sus caminos, meterse a concursos. A los 29 años participó en su primer concurso, en el Certamen de la Sociedad de Acuarelistas de Morelos, por un voto no obtuvo el primer lugar pero sí Mención de Honor.

Huascar lo alentó. Le dijo que era muy bueno, que lo que estaba logrando en poco tiempo, él lo había hecho en 10 años y le insistió que tenía una capacidad impactante en la acuarela. Este impulso ha llevado a Moy a querer trascender sus propios límites

Su siguiente paso: ganar los premios de los concursos de acuarela en los dos museos más importantes de México, en el Museo Nacional de la Acuarela en Coyoacán, Ciudad de México y en el Museo de la Acuarela del Estado de México.