Fuerzas de seguridad federales y de Guerrero buscan a desaparecido en zona de «Los Ardillos»

Los elementos de seguridad iniciaron la búsqueda en el lugar conocido como Los Ocotitos y en un rancho que se encuentra a la salida de la localidad de Hueycantenango. En la zona tan sólo en diciembre se registraron tres desapariciones


 

Texto: Jesús Guerrero

Foto: Oscar Guerrero

14 de enero del 2022

Chilpancingo

 

En una zona del municipio de José Joaquín Herrera donde opera el grupo delictivo de «Los Ardillos», elementos del Ejército Mexicano, Guardia Nacional, Agentes Ministeriales y policía estatal realizaron la búsqueda de un ex policía comunitario que se encuentra desaparecido desde el pasado 11 de diciembre.

Desde al mediodía de este viernes, las fuerzas de seguridad arribaron a Hueycantenango, cabecera del municipio de José Joaquín de Herrera, para realizar el operativo de búsqueda.

Se trata del indígena Juan José Reyes Ventura, quien pertenecía a la policía comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias Pueblos Fundadores (CRAC-PF) y tiene más de un mes sin que se sepa de su paradero.

Los elementos de seguridad iniciaron la búsqueda en el lugar conocido como Los Ocotitos y en un rancho que se encuentra a la salida de la localidad de Hueycantenango.

Este jueves, la señora Juana Ventura, pidió a la fiscal, Sandra Valdovinos que se realizara la búsqueda de su hijo.

Los dirigentes de la CRAC-PF de los municipios de Chilapa y José Joaquín Herrera también participaron en esta reunión con la Fiscal.

José Juan es uno de los tres desaparecidos que el pasado jueves 6 de enero denunció la CRAC-PF durante una marcha que realizaron en Ayahualtempa.

El siete de diciembre, desaparecieron Marcelino Chino Mendoza y Juan Reyes, el primero originario de la comunidad de Alcozacán, del municipio de Chilapa y el segundo del pueblo de Ayahualtempa.

La búsqueda de uno de los tres desaparecidos se dio luego de que la CRAC-PF emplazó a los gobiernos federal y estatal realicen las tareas de su localización.

La CRAC-PF, advirtió a las autoridades que si no atendían sus demandas iban a organizar operativos de búsqueda con la participación de niños armados.

Otra de las demandas que exigen los habitantes de esta zona de la Montaña Baja es el repliegue de la policía municipal de José Joaquín Herrera que tiene tres módulos de seguridad en ese territorio comunitario y que los hace suponer que tienen vínculos con el grupo de «Los Ardillos». Además de infraestructura de salud y educativa.

En la búsqueda de este viernes participaron perros rastreadores y hasta se utilizó un dron.

 

Fiscalía realizará búsqueda de tres desaparecidos en Chilapa

En la región conocida como Montaña baja: José Joaquín de Herrera y Chilapa, ha habido desapariciones forzadas recientes; tan sólo tres en diciembre


 

Texto: Jesús Guerrero

Foto:

13 de enero del 2021 

Chilpancingo

 

La Fiscal General, Sandra Luz Valdovinos se reunió con dirigentes de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias Pueblos Fundadores (CRAC-PF), a quienes les prometió que este viernes personal de la institución realizará una jornada de búsqueda de tres personas desaparecidas en comunidades de los municipios de Chilapa y José Joaquín Herrera.

Juana Ventura, madre del ex policía comunitario Juan Reyes Ventura quien junto con Felipe Tlaxintle Tepexco, desaparecieron el 11 de diciembre del 2021, participó en este encuentro con la Fiscal en las instalaciones de esta institución ubicadas al sur de Chilpancingo.

Juan Reyes, de 23 años, es originario de la comunidad de Ayahualtempa, del municipio de José Joaquín Herrera.

El siete de diciembre, desapareció el policía comunitario, Marcelino Chino Mendoza quien es originario de la comunidad de Alcozacán, del municipio de Chilapa.

La mamá del ex policía comunitario desaparecido Juan José Reyes Ventura, señaló que este encuentro con la fiscal se da luego de que la CRAC-PF emplazó a los gobiernos federal y estatal localice con vida a tres desaparecidos.

Este ultimátum que le hicieron al gobierno fue el pasado seis de enero luego de la marcha que integrantes de esta agrupación civil realizó en Ayahualtempa.

Aquí los dirigentes de la CRAC-PF, advirtieron a las autoridades que si no atendían sus demandas van a organizar operativos de búsqueda con la participación de niños armados.

En esa marcha, los policías comunitarios y habitantes de las comunidades de Ayahualtempa, Amatitlán, Caracol y Colonia Los Pinos, exigieron el resguardo de la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano para protegerlos de las agresiones del grupo delictivo de “Los Ardillos”.

Así como infraestructura educativa y de Salud.

Los habitantes de esta zona de la Montaña baja piden el repliegue de la policía municipal de José Joaquín Herrera que tiene tres módulos de seguridad en ese territorio comunitario y que los hace suponer que tienen vínculos con el grupo de “Los Ardillos”.

Luego de la reunión con la fiscal, los dirigentes de la CRAC-PF y familiares de uno de los tres desaparecidos se trasladaron al Palacio de Gobierno donde tendrían otra reunión con el secretario General de Gobierno, Saúl López Sollano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras las huellas de las personas desaparecidas a través de la fuerza de los textiles

En la exposición inaugurada en Ciudad de México es posible hallar muchas historias de búsqueda, desde Michoacán hasta Santiago de Chile, desde Ayacucho hasta Medellín, São Paulo y Zimbawe. Están reflejadas en distintas técnicas de tejido, desde la desesperación de la desaparición hasta la fuerza de la búsqueda colectiva


 

Texto y foto: Heriberto Paredes / Pie de Página

Ciudad de México

12 de enero de 2022

 

“El tejido es un lenguaje que tiene ciertas características, es repetitivo y reflexivo, al tejer se permite la escucha colectiva, permite establecer diálogos, conversar, escuchar, tiene el potencial de conversar en lo visual, en lo táctil, se puede plasmar lo que no se puede con las palabras», explica la antropóloga y documentalista Mariana Rivera con motivo de la inauguración de la exposición “Tras las huellas de l_s desaparecid_s: historias de resistencia/dignidad documentando la búsqueda de personas en el textil”.

Compuesta por 73 obras, la exposición abrió al público el pasado 10 de enero de 2022 en el espacio conocido como Casa Seminario 12, en el Centro Histórico de Ciudad de México. El equipo responsable del montaje de esta muestra curó cuidadosamente todos los espacios en los que es posible observar las piezas, las cuales provienen no sólo de México sino de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Irlanda del Norte y Zimbawe.

Con un lleno total y bajo el encanto de la voz de Juan Pablo Villa –quien acompañó la inauguración con su música–, se comprueba una vez más la relevancia no sólo de la desaparición de personas como un proceso criminal de grandes dimensiones mundiales, sino que la búsqueda, la denuncia y la no repetición se constituyen como pilares de la respuesta colectiva dicha problemática.

Tríptico_2, Foto: Heriberto Paredes -Ausencias/Presencias 2 (Arpillera argentina, Ana Zlatkes, 2015) -Perséfone (Mary Paz Cervera, Querétaro, México) -Nos hacen falta (textil mexicano, Rosa Borrás, 2017).

Sala de exposiciones: Foto: Heriberto Paredes

La desaparición de personas, una herida abierta

Con casi 97 mil personas desaparecidas México comienza este 2022 y la violencia a nivel nacional no parece disminuir. Como en décadas pasadas, lo que se denomina crimen organizado muestra una amplia movilidad geográfica y esto tiene como consecuencia que en cierto momento las cifras de asesinatos dolosos aumenten en una ciudad o en otra, pero esto no ha significado un freno a la reproducción de los mecanismos criminales de distintos negocios que, lejos de acabarse, se fortalecen.

Este indicador de muertes, sin embargo, tan sólo es una arista del conflicto, un mecanismo para engrosar las estadísticas, tal vez para decidir alguna política pública o garantizar inversión privada. Ningún empresario invertiría en una ciudad o en una región si esta estuviera sumida en la violencia, a menos que la violencia fuera parte de los intereses económicos.

En el caso de la desaparición de personas, más allá de la contabilidad que lleva día con día la Comisión Nacional de Búsqueda, la situación es todavía más compleja: las personas no están vivas ni muertas, están desaparecidas y es esta condición lo que, a nivel del Estado, ha generado tantos tropiezos y actuaciones desafortunadas.

Al igual que otros países de América Latina durante los periodos de dictadura, guerras civiles y movimientos sociales, México hoy es el escenario de una profunda crisis en la que falta saber el paradero de estas 97 mil personas y todas aquellas que no están contabilizadas, por ineficiencia institucional o por miedo de las familias. Y al igual que en estos países latinoamericanos, el gobierno no se ha vuelto un interlocutor confiable, al menos esto reclama Cecilia Flores, integrante del colectivo Madres Buscadoras de Sonora y quien ha expresado públicamente la necesidad de tener una reunión con Alejandro Encinas, subsecretario de derechos humanos de la Secretaría de Gobernación, o bien, con Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.

Ni estos funcionarios ni nadie más ha respondido a sus llamados ni los de los cientos de colectivos que se han formado en todo el país para buscar por sus propios medios a cada una de las personas desaparecidas, sin importar origen, creencia religiosa, trabajo, e incluso con la consigna clara de que no se busca a los culpables de las desapariciones.

En la exposición es posible encontrar no una sino muchas historias de búsqueda, desde Michoacán hasta Santiago de Chile, desde Ayacucho hasta Medellín, São Paulo y Zimbawe. Están reflejadas en distintas técnicas de tejido, desde la desesperación de la desaparición hasta la fuerza de la búsqueda colectiva.

La fuerza de esta exposición reside no sólo la magistralidad de los textiles, que es sin duda una fuente de contagio de rabia e indignación, empero, la potencia viene del reflejo del que somos parte en cada una de estas historias: cualquiera de nosotres puede ser la siguiente persona desaparecida y que esto sea posible debería ser suficiente para movilizar más esfuerzos en aras de detener la crisis. Detener el horror y la violencia. Detener el miedo y la ausencia. Detener todo este gran negocio criminal disfrazado de establishment.

Díptico_1, Foto: Heriberto paredes -Hornos de Lonquén (Arpillera chilena anónima, 1979) -Paz, justicia y libertad (Arpillera chilena anónima, 1970’s,

3. La cueca sola (Arpillera chilena, Violeta Morales, 1989)

¿Dónde están? (Textil de Irlanda del Norte, Irene MacWilliam, 2019) desaparecido el 11 de agosto de 2015 en Guaymas, Sonora.

 

Vasos comunicantes a través del tejido

Luego de más de un año y medio de trabajo y con las dificultades que plantea día a día la pandemia, esta exposición no habría sido posible sin la participación de muchas organizaciones y colectivos, de muchas personas solidarias que lograron trasladar hasta México muchas de las piezas que componen la exposición.

La misma red que sirvió para el montaje y promoción es un reflejo, ahora aquel que muestra que para la búsqueda y la resistencia es necesario establecer redes de trabajo, colectividades más allá de las fronteras y las enfermedades, es decir, un entramado en sí mismo, un tejido de tejidos que haga posible que la exposición se vuelva un textil en el que podemos inmiscuirnos.

“Uno de los objetivos de esta exposición –continúa Rivera– es sensibilizar a la población en general, generar una sensibilidad acerca de estos temas que es necesaria pero también queremos conectar grupos de tejido que trazan rutas para exigir justicia y no repetición, conocer la verdad de lo que ha pasado en tantas décadas de desaparición y violencia, saber dónde están”.

No todas las piezas textiles pudieron llegar a México y muchas de las tejedoras que estaban invitadas no pudieron asistir, sea por falta de recursos o por situaciones derivadas de la pandemia, por lo que la exposición cuenta con una extensión virtual en su cuenta de Instagram, @expo.traslashuellas en donde serán exhibidas un total de 130 obras.

Tanta presencia de trabajos textiles no sólo es motivo de la recopilación de obras elaboradas a raíz de un proceso de búsqueda o de denuncia, en el caso particular de esta muestra se llevó a cabo una convocatoria para elaborar trabajos ex profeso y de ahí el resultado fue una lluvia de textiles e intervenciones artísticas que dieron un escalofriante resultado: a decir de las y los organizadores de la exposición, el 90% de los trabajos recibidos tiene como temática el feminicidio. Un terrible retrato de México y de América Latina.

“En cualquier lugar se presenta el tejido, directamente de la memoria, se vuelve una narrativa que atrae a colectivos y artistas, es una afinidad que puede transformarse en positiva. Por ello diferentes luchas están usando el tejido para sanar y gritar ya basta”, cierra Mariana Rivera, quien estuvo a la cabeza de este proyecto, el cual tan sólo comienza ahora. La exposición estará abierta al público hasta el 5 de febrero de 2022.

Lupita: buscar hasta el último aliento

Texto: Beatriz García y Amapola Periodismo

Fotografía: Oscar Guerrero

31 de agosto del 2021

Chilpancingo

 

Es la tarde del 25 de noviembre del 2020, y Lupita, junto a sus compañeros del Colectivo de Familiares de Desaparecidos del Estado de Guerrero y el País y efectivos de la Guardia Nacional descienden del Cerro El Veladero, de Acapulco, después de una exhausta búsqueda en fosas clandestinas.

De pronto, camionetas de policías ministeriales y estatales les cierran el paso y les toman fotografías y videos. Lupita les reclama: “¡No somos criminales… nosotros buscamos a nuestros familiares desaparecidos!”.

La escena anterior que representa parte de las consecuencias que viven familiares de desaparecidos y asesinados en México encargados de las búsquedas ante la inacción institucional, la describió la propia Guadalupe Rodríguez Narciso el 7 de julio pasado, con la intención de documentar su trabajo por los desaparecidos, como parte del contexto del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, conmemorado ayer.

El viernes 27 de agosto por la noche, Lupita, como la llamaban de cariño, murió a causa del virus SARS-Cov-2; estuvo hospitalizada desde el 9 de agosto en el Hospital Covid-19 de Iguala.

La vida de la abogada cambió para siempre desde hace siete años. La desaparición de su hijo Josué Molina Rodríguez, ocurrida el 4 de junio del 2014, lo transformó todo. A raíz de su lucha por hallarlo la convirtieron en la portavoz de familiares de desaparecidos y asesinados en Guerrero.

Lupita es una de las cientos de madres en el país que se volvieron líderes, porque asumieron una responsabilidad que le toca al Estado: buscar a sus desaparecidos y la justicia por los asesinados.

En un análisis sobre la situación de los derechos humanos de las personas desaparecidas y no localizadas, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) señala que: “la desaparición de personas, desafía y cuestiona las capacidades y recursos de las autoridades gubernamentales para dar respuesta a una situación que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un obstáculo que impide la consolidación de una cultura sustentada en la observancia de los derechos humanos”.

Este texto busca visibilizar y mostrar a Lupita en sus siete años de búsqueda junto a otros familiares de desaparecidos frente a la impunidad.

El comienzo del camino

A las cuatro de la tarde del 4 de junio del 2014, Josué salió de su casa para llevar a su esposa a la escuela, estudiaba en el Instituto Tecnológico de Chilpancingo, a donde llegaron veinte minutos después.

Instantes después de eso, Josué recibió una llamada en su celular. De acuerdo con la investigación que hizo la madre de Josué, Guadalupe Rodriguez Narciso, la llamada salió de la Escuela Secundaria Técnica 30 de la capital, ubicada en la colonia Alianza Popular, al sureste de la ciudad.

A las 4:45 existe el reporte en las autoridades policiacas que fuera de la secundaria, tres hombres armados se llevaban a un joven en un Jetta negro. El vehículo del hijo de Lupita.

En su despacho, Lupita concedió una entrevista a Amapola. Periodismo transgresor a mediados de julio, antes de que enfermara. Habló de Josué, el hijo que la movió a luchar por él y otros desaparecidos.

“Sólo dios sabe por qué lo hizo, si mi hijo no hubiera desaparecido no hubiera ayudado a tantas familias”, dijo.

Sobre la mesa y el escritorio hay pilas de carpetas amarillos con copias de documentos y formatos. Ese día Lupita alistaba los documentos porque al siguiente viajaría a la Ciudad de México a realizar trámites de familiares de desaparecidos. Acudiría al Registro Nacional de Víctimas (Renavi), a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) para revisar declaraciones, demandas y situación jurídica de algunos casos de asesinados y desaparecidos.

Lupita conocía todo el trámite.

Después de que desapareció Josué acudía todos los días al Ministerio Público y a la delegación de la entonces Procuraduría General de la República (PGR), ahora Fiscalía General de la República (FGR), en busca de noticias sobre su paradero. Ahí se dio cuenta que muchas familias vivían su misma situación.

Por su profesión conocía el ámbito legal. Se dio cuenta que había personas a quienes ni siquiera les tomaban la denuncia, y regresaban una y otra vez a las oficinas para una serie papeleo, a la par que recibían mala información y malos tratos.

En ese 2014, después de varios meses de dar vueltas a las oficinas de la FGR en espera de una respuesta que nunca llegó, Lupita hizo amistad con otras familias y supieron del Taller de Desarrollo Comunitario (Tadeco), una organización que ayudaba a familiares de desaparecidos y se sumaron.

Por su astucia, capacidad de dialogar y resolver conflictos, compartieron otros integrantes del colectivo, Lupita se ganó la confianza de otras víctimas, quienes la siguieron cuando decidió dejar Tadeco para comenzar las búsquedas por su cuenta.

“Íbamos a la radio a solicitar una piñata (para hacerles posadas a los niños víctimas), dulces y ahí es donde daba mi teléfono, mi domicilio, para decirles que podían ingresar a nuestro colectivo para luchar juntos”, relató la abogada.

Su colectivo alberga ahora a poco más de 500 familiares víctimas de desaparecidos y asesinados desde el año 2000 en diferentes partes del estado.

“Les pedía sus datos para integrarlas, primero no teníamos grupo de WatsApp, cuando iniciamos todavía no había eso, yo les tenía que marcar y hablar por teléfono, a todas les tenía que avisar, o por mensajes, entonces así se fue consolidando el colectivo, y de ahí algunas personas también me las mandaban de la Fiscalía del estado”, narró.

Lupita no paró en enviar escritos a los gobernadores en turno. Ese día recordó que el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero y ex procurador Iñaki Blanco nunca los recibió.

Fue en 2015 que a su grupo lo nombraron Colectivo de Familiares de Desaparecidos del Estado de Guerrero y el País.

Estas imágenes corresponden al día 7 de julio, día de la entrevista con Lupita Rodríguez Narciso.

El terreno impere sinuoso para los buscadores

Guadalupe sale de la Fiscalía y un hombre con una mochila colgada en el pecho la sigue. Ella piensa: “¡Me quiere matar!”, pero no muestra miedo, y decide internarse en la vía rápida de la Autopista del Sol. Decide rápido que si habría de morir, que sea arrollada por los autos, pero frente a ella se para un taxi y el chofer le grita: “¡Súbase doña!”. Se sube.

El chofer se dio cuenta que el hombre la seguía y le contó que él lo vio cuando metió su mano a la mochila, como intentando sacar algo, quizá una arma.

Ella suelta el llanto y exclama: “¡Dios me manda a sus ángeles para protegerme, él sabe que no estoy haciendo nada malo, yo estoy buscando a mi hijo y le ayudo a otras madres a buscar sus hijos!”.

Ese día de la entrevista, Lupita dijo que le daba coraje hacerle el trabajo a las autoridades, que son quienes debían buscar a sus familiares y no sólo llenar las sillas de los escritorios en las oficinas.

En diversas ocasiones, Lupita y los familiares de este colectivo también se enfrentaron a otros escenarios violentos, como cuando se plantaron en oficinas de dependencias federales y los desalojaron de manera violenta.

En una protesta en el periodo del ex presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), con el titular de la entonces PGR, Jesús Murillo Karam, policías antimotines los rodearon y golpearon miembros del colectivo.

La persistencia

Las búsquedas de los desaparecidos por parte de las autoridades no existían, tampoco la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) ni la Comisión Estatal de Búsqueda. Lupita está segura que las instituciones las crearon a raíz de la exigencia de los colectivos.

De acuerdo a lo que está publicado en la página web del gobierno federal, fue hasta el 12 de octubre del 2017 que la Cámara de Diputados aprobó la Ley General de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición cometida por Particulares y del Sistema de Búsqueda de Personas. Luego se determinó crear la CNB y las comisiones locales. El 7 de marzo de 2018 rindió protesta el primer comisionado, Roberto Cabrera Alfaro.

En ese 2015, la denuncia de Lupita por la desaparición de su hijo se integró en la Unidad de Búsqueda de Personas de la PGR, desde ese momento solicitó ante estas autoridades la investigación y las búsquedas, no sólo de su hijo, si no de los familiares de sus compañeros y compañeras de colectivo.

Al año siguiente, en el 2016, estaba de titular de la Fiscalía Especializada de Búsqueda de Personas Desaparecidas, Eréndira Cruzvillegas Fuentes. Lupita recordó que fue tajantemente con ella al decirle que en esa Fiscalía no se hacía investigación. “Aquí se hacen puras búsquedas, pero, pues, no hay para ti, porque yo siempre estaba insistiendo, exigiendo y para ella era una molestia”, recordó que le contestó la funcionaria.

Pero el trabajo de Lupita siguió. Recabó información de sobre desaparecidos que estaban vivos, pero retenidos por otras personas. Las autoridades nunca la escucharon y creyeron en esa posibilidad, y otra vez vivieron las consecuencias de estar solos en este: uno de sus compañeros del colectivo fue desaparecido después que denunció estos hechos.

Sin la intervención del gobierno del estado, la federación otorgó la primera búsqueda liderada por los familiares del colectivo en el 2019.

Sus 62 años, la diabetes e hipertensión que le detectaron antes de la desaparición de su hijo, no fueron impedimento para Lupita. Desde entonces bajaba barrancas, escalaba cerros y caminaba por lugares pedregosos y con maleza en busca de fosas.

Ella y sus compañeros se volvieron un espacie de expertos en búsquedas. Lupita no faltó a ninguna de las más de 10 jornadas que realizaron; la última la realizaron del 14 al 23 de julio. Y si faltaba era porque debía ir a hacer trámites en las diferentes dependencias federales para otros familiares.

Al hablar de la primera búsqueda, Lupita se conmueve, se le humedecen los ojos. “Fue un triunfo tener la oportunidad de buscar a los desaparecidos, es una esperanza para encontrarlos, un trabajo que debería de hacer el Estado”, comentó ese día.

El colectivo localizó más de 100 restos óseos y cadáveres en todas las jornadas de búsqueda, pero el trabajo todavía esta incompleto, los peritos forenses o el Estado debe hacer las confrontas con el ADN de los familiares de desaparecidos para posibles identificaciones. Hasta ahora han identificado a tres desaparecidos.

Buscar hasta el último aliento

En julio pasado fue la última jornada de búsqueda de desaparecidos en fosas clandestinas en la que participó Lupita. Durante esas búsquedas, que ocurrieron en Acapulco y Leonardo Bravo, una bacteria se alojó en un pulmón de Lupita, contó su compañera Gema Antúnez Flores, integrantes del Colectivo Familiares en Búsqueda María Herrera.

Gema también se convirtió en activista después de la desaparición de su hijo, Sebastián García Antúnez, de 22 años, desaparecido en Chilpancingo el 27 de febrero del 2011. Ella, al igual que Lupita, tampoco paró en pandemia para exigir justicia por los desaparecidos.

El 7 y 8 de agosto, ambas acudieron a la Ciudad de México a reuniones en al Comisión Nacional de Atención a Víctimas (Conavim), la Comisión Nacional de Derechos Humano (CNDH), y antes a la FGR y en la Secretaría de Gobernación (Segob).

En esas reuniones Lupita se sintió mal y se fue directo al médico, pero pensó que era la bacteria alojada en su pulmón de la que ya se recuperaba. Le hicieron la prueba y dio positivo a Covid-19.

Gema y otros integrantes del colectivo también se contagiaron, pero algunos ya se recuperaron y otros aún se recuperan.

A Lupita la hospitalizaron el 9 de agosto y después la intubaron.

“Le puedo decir las mil maravillas de la señora, porque para mí siempre fue una persona que daba todo a cambio que las familias estuvieran bien. Yo le puedo decir que era una persona que les transmitía seguridad, paz y ha sido una guerrera, y Dios permita siga adelante porque sería una gran pérdida por todos nosotros”, dijo Gema dos horas antes de que se conociera sobre la muerte de Lupita.

Su muerte ocurrió el viernes 27 de agosto, tres días antes del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada.

 

Te puede interesar: La lucha por la búsqueda de personas desaparecidas en Guerrero tiene rostro de mujer

Salir de la versión móvil