En dos días consecutivos intentan llegar a Acapulco a buscar a sus familias

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Texto: Marlén Castro

Fotografía: Redes

Chilpancingo

27 de octubre del 2023

 

Por segundo día varias personas de Chilpancingo intentan llegar a Acapulco a saber de sus familiares.

 

La terminal Estrella de Oro está copada de usuarios que hoy intentarán de nuevo llegar a Acapulco, porque ayer fracasaron en sus propios autos.

 

Algunos de estos usuarios son Yenny Reyes Marcial y su esposo Prospero Barrera.

 

Yenny no sabe nada de su hermana Yulissa Reyes, su cuñado y sus dos sobrinos de 10 y un año.

 

No ha podido comunicarse con ella desde que el huracán Otis golpeó Acapulco.

Ayer jueves, cuando escucharon que la Autopista del Sol y la carretera federal ya estaban habilitadas, subieron al auto, con algo de despensa, para buscar a su hermana y dejarle víveres, pero no pudieron llegar.

 

En su auto, de Chilpancingo a la entrada de Acapulco se hicieron 40 minutos.

Salieron a las doce del día y a las 12:40 minutos ya estaban en La Venta. De ahí comenzó su trayecto a vuelta de rueda y en la Zapata, de plano, ya no se pudo más. De la Venta a la Zapata se hicieron como cinco horas y media.

En la Zapata se quedaron hora y media varados. En medio del caos. «Llegó un momento en que la policía y la Guardia Nacional se vio rebasada. No podían controlar a la gente que a como diera lugar querían avanzar», cuenta Yenny.

 

Yenny y Prospero contaron que en el transcurso a vuelta de rueda, las imágenes de Acapulco destruido y de la gente saqueando y el calor intenso, les entró la ansiedad y comenzaron a comerse la despensa. Acabaron con los jugos, las aguas y las galletas.

 

Como a las siete de la noche se dieron cuenta que lo mejor era retornar. Regresar de nuevo a La Venta les llevó otras tres horas. Llegaron al mismo punto hasta las 10 de la noche y a Chilpancingo, de nuevo, en cuarenta minutos después.

 

Hoy van de nuevo a intentar llegar a la casa de la hermana de Yenny, pero en el autobús. «Tenemos la esperanza de que en el autobús sea más fácil. A ellos les abren el paso», agrega.

 

En el autobús, la gente que viaja lleva el mismo propósito, llegar para saber qué fue de sus familias.

 

Se escuchan las conversaciones de otras personas que les dan aliento, que tengan fe. «Todo va a estar bien. A tu hijo no le pasó nada», comenta alguien.