El anuncio oficial del gobierno federal de integrar a parteras tradicionales al sistema de salud institucional sigue en el discurso, exponen parteras de Guerrero, el segundo estado en el país con más presencia de mujeres asociadas a este conocimiento. Tampoco es que estén interesadas en ser incluidas, lo que buscan es respeto a su autonomía y reconocimiento de su aporte a las mujeres de sus comunidades o de quienes prefieren partos respetados
Texto: Beatriz García
Foto: Especial
Chilpancingo
Jueves 19 de marzo del 2026
Lina conoció sobre partería tradicional desde pequeña por su madre, Isabel Estrada Sánchez, a quien acompañó a asistir los partos de las mujeres de Pascala del Oro, una comunidad me’phaa del municipio de San Luis Acatlán, ubicado en la región Costa Chica de Guerrero, donde no había personal médico. Los partos de las mujeres embarazadas estaban en sus manos.
Desde entonces comenzó a ver los estigmas a los que se enfrentan las parteras tradicionales ante las instituciones de salud pública.
Su nombre completo es Tranquilina Morales Estrada, en 2014 inició a atender partos en la Casa de la Mujer Indígena y Afromexicana (CAMIA) Nellys Palomi Sánchez, ubicada en la cabecera municipal de San Luis Acatlán. También hacía funciones de promotora.
La CAMIA es un espacio con financiamiento del gobierno federal que brinda acompañamiento y orientación jurídica y sicológica a las mujeres indígenas y afroamericanas, convirtiéndose en un espacio importante de atención para su salud reproductiva.
Para Lina fue importante involucrarse en la CAMIA porque su madre y su padre, Felipe Morales, quien fue curandero en la comunidad–otra de sus herencias en conocimientos tradicionales–, le inculcaron ayudar a la gente.

Vio llegar a mujeres embarazadas que buscaban una partera porque tenían miedo de ir al hospital, donde querían hacerles cesárea con el argumento de que su bebé estaba en una mala posición o con poco líquido amniótico, lo que dificultaba un parto normal.
Una cesárea es un proceso médico para sacar al bebé del vientre de su madre, de cierto modo, rápido, mientras que un parto natural, depende de cada mujer, es un proceso largo, que puede prolongarse por horas.
La partería tradicional asiste estos partos naturales con paciencia, calidez y apoyo en un entorno de mayor proximidad durante todo el embarazo.
Pero, la partería también es indispensable en contextos de carencias estructurales, en zonas de marginación donde el sistema de salud no llega, no cubre. Sin restarle su gran sentido cultural, asociadas a los usos y costumbres de las comunidades indígenas y afromexicanas.
En ocasiones, comentó Lina, las embarazadas requieren ser atendidas por un médico de acuerdo con la valoración de las parteras, pero al ir al hospital, ambas son discriminadas.
Cuando algo no sale bien culpan a la partera de hacer alguna maniobra en la embarazada, las señalan de darles “su té mágico”, como el personal médico suele desacreditar, dice Lina, a los remedios naturales que les preparan.
Lo sostiene porque lo ha vivido. “Nos tachan de sucias, de que no sabemos”, agrega.
Ante esta discriminación, Lina decidió formarse en los conocimientos médicos como partera profesional en la Escuela de Parteras, ubicada en Tlapa, principal municipio de región Montaña.
De hecho, en Chilpancingo, capital del estado, hay una Unidad de Partería donde las embarazadas son atendidas solo por parteras profesionales, una opción para las mujeres en la ciudad. En el municipio, considerado el centro político del estado, pero con gran extensión rural, hay una vinculación con la partería, pues las cifras de académicos sitúan al municipio en el segundo sitio a nivel estatal de partos asistidos por parteras.
Pero, al preguntar en la unidad de partería qué posibilidad existe de incorporar a parteras tradicionales durante los partos que atienden, el personal niega casi toda opción. En caso de que una mujer embarazada quisiera sumar al proceso de parir en ese lugar a una partera tradicional, su intervención quedará limitada a observar hasta que el personal formal autorice una colaboración; el argumento fue que una vez que una mujer ingresa, la unidad es responsable de ella.
Por esa razón, Lina, aun con su formación profesional, prefiere arropar sus conocimientos ancestrales heredados por su madre.
Esa es una de las razones por las que se reincorporó a la CAMIA de San Luis Acatlán, para apoyar a parteras tradicionales en la asistencia de las mujeres antes, durante y después de parir.

Guerrero y su arraigo con la partería tradicional
En 2024, en Guerrero hubo 53,260 partos y de estos 5,299 fueron atendidos por “personal de enfermería, partera o partero”, de acuerdo con el reporte de resultados de la Estadística de Nacimientos Registrados. Lo que significa que un 10 por ciento son atendidos por esta práctica.
Estos resultados también arrojan que la entidad mantiene el segundo lugar a nivel nacional, después de Chiapas, en el que una partera estuvo involucrada en la asistencia de partos.
En Guerrero hay 2,608 parteras tradicionales de acuerdo con el censo del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGSR), de la Secretaría de Salud Federal (SSA), cifra que también lo coloca en el segundo estado del país con más parteras.
Pero la Secretaría de Salud en Guerrero (SSG) reconoce menos de la mitad, 1,027 parteras tradicionales. Las agrupa así: 667 en región Montaña, 313 en Costa Chica y 47 en Acapulco.
El Centro de Investigación de Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) creó un informe sobre la partería indígena tradicional (2021-2022), donde documenta que hubo 51,234 nacimientos en Guerrero durante 2020, y que de estos 3,276 fueron atendidos por parteras. Para el siguiente año las cifras fueron similares, lo que indica que un seis por ciento de los partos atendidos en Guerrero son por una partera tradicional, sobre todo en Chilapa, Chilpancingo, José Joaquín Herrera, Acatepec y San Luis Acatlán.
Estas cifras y datos demuestran la importancia que la partería tradicional tiene en Guerrero, pero al mismo tiempo, como expone Lina, las parteras enfrentan distintos obstáculos que desvalorizan su trabajo y aportación, y empieza en las instituciones públicas.

Inclusión o discurso
La Secretaría de Salud, a través de la Subsecretaría de Políticas de Salud y Bienestar Poblacional, en conjunto con el Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva publicó el año pasado la Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2025, que establece el “reconocimiento oficial” de las parteras profesionales y tradicionales.
Lo que implica integrarlas al Sistema Nacional de Salud “sin imponer certificaciones, respetando su conocimiento ancestral y permitiendo su participación del embarazo, parto y puerperio”.
La norma “establece mecanismos de coordinación entre parteras y hospitales” para, incluso, que ellas expidan la certificación de los nacimientos.
En enero pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo insistió que con la NOM-020 una mujer podría parir con una partera en un hospital o en una clínica, donde haya médicos, ginecólogos, como parte de la “atención integral” de la mujer embarazada.
En esas fechas el Instituto Federal de la Defensoría Pública (IFDP) informó que la entrada en vigor de esta norma ha generado una disputa jurídica debido a que regula la atención materna y neonatal sin haber realizado una consulta previa a las parteras tradicionales, lo que les priva de derechos, como culturales, autonomía, la no discriminación.
A la Secretaría de Salud estatal se le solicitó información sobre la relación con la partería tradicional.
La dependencia pública, mediante un documento, informó que 28 parteras –sin especificar si son tradicionales o profesionales– participan en procesos de acompañamiento y colaboración dentro de unidades médicas del modelo IMSS-Bienestar, y en hospitales y centros de salud de Iguala, Acatepec, Huamuxtitlán, Ayutla, Ometepec, San Luis Acatlán, Ciudad Renacimiento en Acapulco, y hospitales de Alcozauca y Metlatónoc.
Si se toma como referencia el censo del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva apenas uno por ciento de parteras incorporadas y, además, no todas podrían ser parteras tradicionales.
La Secretaría de Salud en Guerrero reportó que colabora con parteras tradicionales, pero nunca dijo cómo. Según el documento, habilitaron espacios de parto respetado con pertinencia cultural para integrar a las parteras con la atención médica especializada, pero sin decir dónde y cuáles son. Reportó la realización de cuatro talleres en las jurisdicciones de Norte, Centro, Costa Chica y Acapulco, donde 64 parteras tradicionales fueron capacitadas en procedimientos médico-administrativos para una atención integral de las pacientes.
Pero, ¿es el reconocimiento que las parteras tradicionales esperan?
“Se oye bonito pero en la práctica es otra cosa”
A Lina le suena bonito que las parteras tradicionales sean integradas en los hospitales, pero no ocurre así y, además, no todas las parteras lo desean o lo buscan.
Entonces, comenta, cuál sería un entorno ideal para una partera: atender en las comunidades siendo retribuidas, sin ser criminalizadas o imponerles instrumentos médicos, como batas, gorros y calzado.
Derivado de una disposición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el gobierno federal mexicano impulsó en 2022 Parto, labor, recuperación (PRL), una norma que promovía los partos respetados. Consideraba el involucramiento de las parteras profesionales en la atención a mujeres embarazadas, pero, recordó Lina, fueron discriminadas por las enfermeras, por no coincidir en conocimientos.
Esto, agregó, puede ser un ejemplo de lo que puede pasar al incluir a las parteras tradicionales en el sector salud. “Se oye bonito pero en la práctica es otra cosa”, agrega.
Mientras no exista un reconocimiento puntual que abrigue las necesidades de las parteras tradicionales, Lina y sus compañeras, colegas y hermanas de saberes continuarán desde sus trincheras asistiendo a las mujeres en sus embarazos, sea por razones culturales, por necesidades ante carencias estructurales o por decisión.
Lina, en particular, está dispuesta a exigir dando la pelea con el personal de salud que intente bloquear a una mujer embarazada que desee una atención con respeto.
Qué dicen las parteras tradicionales Guerrero
La presidenta del Consejo Directivo de Zihuame Xotlametzin AC y cofundadora de la CAMIA con el mismo nombre, ubicada en la cabecera municipal de Chilapa, región Centro, Isabel Dircio Chautla, informó que el anuncio de la presidenta de México no ha tenido impacto en su zona de trabajo, es más, consideró que existe una ausencia del Estado en promover y fortalecer la partería tradicional.
Mencionó también que no todas las parteras tradicionales están interesadas en la credencialización o incorporación al sector salud.
Lo ideal, según su juicio, es el impulso de políticas públicas que promuevan y defienda el derecho humano de pueblos indígenas y sus parteras, porque muchas de ellas viven en pobreza o están enfermas.

En la CAMIA de Chilapa, que incluye a los municipios de Ahuacuotzingo y José Joaquín de Herrera, colaboran 30 parteras tradicionales, quienes han acompañado a mujeres embarazadas, incluso dentro del Hospital General General en el municipio, desde 2009.
Apolonia Plácido Valerio, coordinadora general de la CAMIA Nelis Palomo Sánchez, ubicada en San Luis Acatlán, Costa Chica, coincide en varios aspectos con Isabel Dircio.
A las parteras de San Luis Acatlán tampoco las han llamado para participar en trabajos de acompañamiento dentro de hospitales de salud, y lo considera difícil, porque el rechazo principal viene de los médicos y personal de salud.
Reprochó que tampoco les reconozcan en las hojas alumbramiento, porque aun cuando las expiden las parteras, en los hospitales se las sustituyen por una con el folio de la institución y la cédula de un médico.
Para Apolonia Plácido el anuncio de Claudia Sheinbaum es solo un asunto de discurso, porque nadie pidió la opinión de las parteras tradicionales.
La promotora del Comité de Salud de Atoyac, Clemencia Guevara Tejedor, recordó que durante el gobierno federal anterior hablaron de la creación de clínicas para partos humanizados, pero las autoridades municipales se negaron a involucrarse por un tema de recursos económicos, entonces no trascendió en su zona de trabajo. Atoyac es un municipio de región Costa Grande.
En el municipio conoce solo a dos parteras certificadas que han ingresado a los hospitales para acompañar partos.
La experiencia de las parteras y defensoras del derecho a la salud de las mujeres en la entidad indica que no buscan que la partería tradicional sea absorbida por el sistema de salud, sino que su autonomía sea respetada con políticas públicas reales –como el pago por su servicio a la comunidad, en este caso de mujeres embarazadas– que las reconozca como poseedoras de conocimientos ancestrales con gran valor para su entorno.
**Imagen de portada: Esta imagen fue hecha con Gemini (IA) y está basada en una fotografía del archivo de Amapola, periodismo transgresor, sobre la asistencia que ofrece una partera tradicional en comunidades de Guerrero.














