El cuento infantil que sana secuelas de maltrato escolar en las niñas y niños afrodescendientes
Texto: Marlén Castro
Foto: Especial
Acapulco
Jueves 30 de abril del 2026
Se acercaban los 15 años de Nataly y la tía Judith, sin trabajo, no tenía en ese momento los fondos económicos para darle a su sobrina un regalo extraordinario, de esos que se recuerdan para toda la vida.
A Judith Alarcón Morales (57 años), originaria de Juchitán, un municipio de la Costa Chica de Guerrero, en donde 53.8 por ciento de la población se asume como afromexicana, se le da la escritura. “Siento que escribiendo mis sentimientos florecen más”, cuenta. Entonces, sin dinero, ideó el regalo inolvidable: una historia en la que la futura quinceañera fuera la protagonista.
Así nació Nataly, la niña de la mar, que resultó una lectura terapéutica para toda la familia, desde las mujeres y los hombres adultos en plenitud, adolescentes y jóvenes, así como niñas y niños, porque todas y todos, con evidentes rasgos afro, habían sufrido ofensas y burlas por su piel oscura y su cabello ensortijado.
Para entonces, la familia Alarcón Morales vivía en Acapulco, en una zona cercana al aeropuerto, a orillas del mar y considerada exclusiva, la zona Diamante, donde el negocio inmobiliario igual erigió fraccionamientos carísimos como viviendas populares. En esa zona Nataly fue a colegios particulares porque la familia tenía esa posibilidad, ahí sus compañeritas y compañeritos le gastaban bromas por su piel y sus cabellos.
Judith ya había pensado en escribir algo a Nataly para que le devolviera la alegría y la autoestima. La niña de la mar, conforme crecía escondía su cabello ensortijado en un molote y se ponía capas de gel para alisar el pelo. En una ocasión, así como una escena de la película Angelitos negros, de Pedro Infante, sin nunca haber visto esa cinta, Nataly se llenó la cara de crema y manifestó que así permanecería para verse blanca.
Lo peor vino cuando el maltrato surgió de una profesora. Nataly llegó llorando a casa, estuvo triste, hasta que le reveló a su Tita (abuela) que una maestra le había dicho que estaba fea porque su color era feo.

Conforme se acercaba el cumpleaños número 15 de Nataly, Judith se concentró en la historia que quería escribir, Nataly, la niña de la mar, cuento infantil que trata precisamente de su sobrina y su tristeza por las burlas.
Negritilla,
Negritilla,
Boquita de coral,
Ojitos de obsidiana.
Nataly
Como tu nadie igual.
Así empieza este cuento.
Cuando terminó la historia, con los fondos que le quedaban de su trabajo, Judith mandó a hacer una edición especial y fue el regalo de quince años para su sobrina, a la que vio crecer desde bebé y a la que quiere y procura como si fuera su hija.
Cuando Nataly abrió el libro y leyó el cuento, lloró.
Por la orilla del mar, al ritmo de
las olas, caminaba Nataly, una
pequeñita de grandes y brillantes
ojos negros como la obsidiana. Piel
color chocolate y rizos tan hermosos
como espirales bañados por el sol.
En esas lágrimas soltó toda la tristeza acumulada, la frustración y con ella la inseguridad que la acompañó durante su niñez.
Nataly sabía que se veía distinta
a las demás niñas de su edad.
Diferente color de piel, sus
cabellos eran negros, rizados y
enmarañados como las redes en
altamar.
“Lloró mucho cuando leyó la historia y al mismo tiempo estuvo muy contenta por el regalo”, contó Judith Alarcón.
Tenía la nariz redondida y una sonrisa como nadie igual.
La escritora cuenta que también enfrentó comentarios sobre su piel y su cabello en la casa hogar en la que creció y estudio su preescolar, primaria, secundaria y preparatoria en la Ciudad de México, entonces Distrito Federal, a donde su mamá migró en busca de trabajo.
Escribir esta historia para curar el alma de Nataly fue algo natural para Judith Alarcón, porque cuando Judith quiere compartir sus sentimientos primero lo escribe, como dice, siente que florecen más sus sentimientos. Lo descubrió en sus primeros años de vida, cuando separada de su mamá por la situación económica que enfrentaban, le escribía cartas, en donde contaba todo lo que le pasaba y sentía.
La historia cuenta que Nataly es descendiente de Akili, una hermosa princesa africana, de piel negra como la noche, ojos brillantes como luceros y de pelo negro rizado y abundante.

El otro personaje importante del cuento es la abuela Alba Irma Morales, quien salió de Juchitán para establecerse en Acapulco, en donde comenzó a trabajar como técnica en enfermería, estudios que hizo mientras vivió en Ciudad de México.
Cuando llegaba a casa, después de la escuela, Nataly corría a los brazos de su abuela para sentir su abrazo, se sentía protegida y feliz al escuchar junto a ella el suave murmurar de las olas de la mar. Tita le repetía:
Mi negritilla linda,
Boquita de coral,
Ojitos de obsidiana.
Como tú nadie igual.
Cuando Alba Irma se mudó a Acapulco, procurando que la gente de su pueblo tuviera oportunidades de estudio y trabajo, recibía en su casa a parientes y conocidos. Ahí crecieron muchos sobrinos, sobrinas que llegaban a Acapulco, como es el caso de la mamá de Nataly, quien en realidad, es una sobrina nieta de Alba. Nataly siempre vio a Alba como la abuela y desde pequeña le dijo Tita, como se les dice a las abuelas en ese pueblo, como parte de su cultura afro.
“Busqué entre la literatura africana un personaje que me permitiera contar que no todos los africanos llegaron a América como esclavos, que también llegó gente de linaje y hallé la referencia de la princesa Akili, me gustó mucho y la incorporé en la historia”, contó Judith.
Mi negritilla,
Negritilla,
Boquita de coral,
Ojitos de obsidiana.
Una historia te voy a contar.
El cuento infantil pertenece a Nataly. Como era de ella, sólo ella podía decidir si otras personas lo podían leer, entonces, mientras lo iban leyendo más personas de la familia, quienes se sentían reflejados en la protagonista del cuento y cada quien iba expulsando sus frustraciones y complejos, decían a Judith que era importante que más gente tuviera acceso a la historia, haciendo más ejemplares.
“Yo siempre le dije: ‘hija, es un regalo tuyo, tú decides’”. Aunque era algo que consideraba muy suyo, Nataly accedió a que su tía publicara la historia. Con esta historia, Judith recorre escuelas de Acapulco y las costas guerrerenses para erradicar en los jardines de niños y en las primarias la discriminación y el racismo.
Esta primavera del 2026 y en el marco del día nacional de la niñez, el cuento de Judith salió publicada por primera vez como el libro infantil que es, con ilustraciones de Sofía Martínez Alanís, una artista gráfica de Michoacán y se presentó como parte de las actividades del doctorado en Estudios Políticos y Sociales del Centro de Investigación y Posgrado (CIPES) de la Universidad Autónoma de Guerrero (Uagro), del que Judith Alarcón forma parte; es integrante de la cuarta generación.
La escritora aprovechó la beca de posgrado para pagar una parte de la impresión de este libro y continuar con su labor de erradicar en las instituciones la discriminación hacia la población afro de Guerrero.
El cuento infantil tiene un costo de recuperación de 226 pesos. Es una edición muy bonita. Los libros infantiles tienen costos elevados por el papel y las tintas que se usan para llamar la atención del público infantil. Los 226 pesos son justamente lo que costó la impresión de cada libro.
La escritora solicita a la población que compren un libro, porque por cada libro, ella puede recuperar algo de la inversión y dar uno gratuito a las niñas y niños durante sus recorridos.
Las burlas a Nataly, con el cuento de la tía Judith, se convirtieron en una historia de fuerza y resiliencia. Nataly es ahora una joven de 20 años que estudia medicina, está orgullosa de sus raíces afros y disfruta de su cabello negro como azabache y espirales bañados por el sol costeño de Guerrero.
Si te gustó la historia o no te gustó y quieres comentarle algo a Nataly puedes hacerlo a este correo natalylaninadelamar@gmail.com
*Las ilustraciones son de Sofía Martínez Alanís y aparecen en la edición impresa del cuento. La autora del libro autorizó a Amapola, periodismo transgresor su publicación.














