El reto para los mezcaleros de zona Zihuaquio es vender su mezcal artesanal que producen en el aislamiento de una zona criminal, sin canales de comercialización y sin apoyo gubernamental para vender su producto. El trayecto hasta la zona mezcalera de caminos zigzagueantes y estrepitosos, es un retrato fiel de abandono
Texto y Foto: Margena de la O
Puerto del Bálsamo, Coyuca de Catalán
Viernes 24 de abril del 2026
Para llegar de Chilpancingo, la capital de Guerrero, a Puerto del Bálsamo, Coyuca de Catalán, considerado el corazón del mejor mezcal en el estado, lleva más de ocho horas sobre un camino sinuoso. La distancia es innegable, son unos 430 kilómetros entre un punto y el otro, pero lo complican dos factores de manera particular, el evidente abandono institucional, que se ve en sus carreteras que obligan a un camino zigzagueante, estrepitoso y tardado, y la sabida condición de inseguridad en la región que muchos evitan visitar.
En medio de todo eso están los mezcaleros de región Zihuaquio. Más que una comunidad que pertenece a Coyuca de Catalán, Zihuaquio, si de mezcal se trata, representa la zona local de mayor prestigio y calidad en el estado, porque algunos de sus productores han logrado reconocimientos en certámenes nacionales, uno en 2017 y el otro en 2013. Pero el prestigio por su sabor, que los lugareños atribuyen o bien a los componentes de tierra de la zona de donde brota de manera natural el maguey (es cupreata silvestre), o bien a su proceso tradicional, lo hacen posible todos.
Ese prestigio de algún modo está enclaustrado, porque los productores mezcaleros están solos con su destilado aquí arriba. La zona forma parte de la sierra de Guerrero, una región situada en las montañas que son parte de la Sierra Madre del Sur. Desde ahí, las familias de productores, distribuidos en unas 10 fábricas que aún funcionan, convocan a las autoridades a que les ayuden a sacar su mezcal a buen precio.
Puerto del Bálsamo es una pequeña comunidad que pertenece a Coyuca de Catalán, la integran apenas algunos caseríos donde viven unas 20 a 30 personas, que están alrededor de una vinata de mezcal que lleva el mismo nombre del pueblo, y que pertenece a Agustín Coria Granados.
Las comunidades también se han quedado solas en muchos puntos de esta región. En Puerto del Bálsamo casi no hay niñas ni niños, la única escuela que había, la primaria Benito Juárez, una casita de madera pintada de azul, lleva cerrada hace varios años, que ya ni se acuerdan cuando funcionaba. “Unos 10 años”, dice jovencito del pueblo, que es padre de familia, sobre el tiempo que lleva cerrada la escuela.
Agustín es un hombre de más de 70 años y representa una segunda generación de mezcaleros en la zona, que se encargó de convertir el oficio en la principal fuente económica de casi toda los miembros de su familia que viven en el mismo lugar. Los miembros de la familia, en particular los hombres, aprenden desde pequeños a producir el mezcal.

En cuanto se llega a la fábrica que abarca más de la mitad del pueblo, muchachos jóvenes, casi adolescentes, circulan de los cueros –son unos contenedores donde fermentan las piñas maceradas del agave hechos a base de piel de vaca– al alambique, para destilar el mezcal. Casi todos son sobrinos o familiares de Agustín Coria.
Los hermanos Rodrigo y David Hernández, de 19 y 20 años, quienes en una visita al lugar el sábado 18 de abril pasado, producían sus propias cargas de mezcal en la vinata, son sus sobrinos. Aprendieron a los ocho y 12 años. Conocen todo el proceso, porque han sido desde arrieros, quienes cortan las planta del maguey en los cerros y llevan en burros o mulas las piñas hasta la fábrica; han horneado, para que el maguey suelte su azúcar que es crucial para la destilación: las cuecen en un hueco profundo que hacen sobre la tierra; trituran o pican las piñas para después pasarla a los cueros, donde dejan que se fermenten de cinco a ocho horas, y al final ese fermento lo pasan al alambique.
El alambique es una caldera de destilación, donde se depositan los jugos y la fibra del maguey para que mediante la evaporación obtengan el mezcal. Yahir, de 18 años, quien es nieto de Hilario Villanueva Gaona, otro de los productores de mezcal de la zona, explica que el primer destilado que sale lo llaman ordinario, que es la base para una segunda destilación, de donde ya sale el mezcal óptimo que ofrecen y venden.
En la fábrica hay varios niños más relacionándose con el proceso del mezcal.

Las rutas de abandono
La distancia entre diferentes puntos de la Tierra Caliente es complicado por la misma condición de los caminos. Altamirano es considerada la principal cabecera de la región Tierra Caliente de Guerrero, por ser el centro económico, aunque algunos habitantes de la región consideran que ya no es ni sombra de lo que fue. Esta cabecera tiene conexión con otros estados, como Michoacán y México. A Huétamo (Michoacán) y Altamirano (Guerrero) solo los divide un puente.
Para llegar a Puerto del Bálsamo, el centro de la zona mezcalera, donde algunos productores se reunieron para hacer un llamado a las autoridades estales a que les brinden ayuda o creen una estrategia para apoyarles a visibilizar y sacar su producto, es fundamental tomar una carretera que conecta a Guerrero, México y Michoacán, que por las condiciones, parece más el camino rural de un lugar remoto.
Puerto del Bálsamo está a la mitad del trayecto que va de Altamirano a Zihuatanejo, el puerto más importante de Costa Grande. Guerrero es un estado extenso y la sierra conecta a varias de sus regiones, como Tierra Caliente y Costa Grande.
El camino de la cabecera municipal de Altamirano a Puerto de Bálsamo lleva unas tres horas en un vehículo particular, y solo es la mitad del trayecto hacia Zihuatanejo. Si el recorrido se hiciera por la única corrida que existe en las líneas de autobuses del servicio de transporte, el tiempo puede ser el doble. Habitantes de la región explicaban que antes, cuando la carretera estaba en mejores condiciones, todo el tramo lo hacían en unas dos horas y media o tres.
El problema es esquivar los baches continuos del camino.

A esta condición del camino se suma el hostil ambiente de la travesía. En Guerrero para pocos es ajeno la condición de inseguridad de la Tierra Caliente, por la presencia del crimen organizado, que ha llevado a sus habitantes a transitar por todas las etapas de la violencia hasta situarse en una aparente calma, que no es más que soportar con la soga en el cuello.
En la región se ha visto casi de todo, como que las autoridades municipales quedan desdibujadas. El acto del pasado reciente (2023) más destacado, porque acaparó titulares de la prensa en México, es cuando los alcaldes de la región encabezaron bloqueos que beneficiaba las operaciones de un grupo criminal. Hasta convertirse en la zona menos problemática, por ejemplo, en las elecciones de 2024, lo que Amapola, periodismo transgresor documentó como una paz criminal.
Servidores públicos estatales y federales han expuesto que el grupo criminal en la actualidad asentado en la región es la Familia Michoacana. Un mapa construido al principio del actual gobierno expone, incluso, una extensión de sus acciones, por ejemplo, a la zona Norte de Guerrero, como en los municipios de Pilcaya, Tetipac, Pedro Ascencio Alquisiras, Ixcateopan de Cuautémoc y Taxco. Es indispensable cruzar por algunos de estos municipios para llegar a región Tierra Caliente, compuesta por nueve municipios que se entrelazan.
Todos estas condiciones son las que deben sortearse para llegar hasta los mezcaleros o en su caso, para que el mezcal salga de la zona.
Los buenos tiempos, un recuerdo
En la década de los ochentas, coinciden Agustín Coria e Hilario Villanueva, quienes se reunieron en la vinata de Puerto del Bálsamo para exponer su situación actual, que durante todo el año la gente abarrotaba sus fábricas para comprarles mezcal. Hilario recuerda con cierto beneplácito la vez que un hombre esperó entre ocho y 10 días parado en su fábrica a que saliera la producción de mezcal, porque eran tantos clientes que no daban abasto.
Ahora son solo recuerdos, porque la producción funciona diferente, según explicaron, a la vez de mostrar el procedimiento. Producen mezcal una vez al año, por temporada: marzo, abril y mayo, consideran que es el mejor periodo para el estado del maguey, pero producen una cantidad casi representativa.
Agustín tiene producidos hasta ese momento unos 2,000 litros e Hilario, entre 4,000 y 5,000 litros. Es una cantidad menor en comparación con lo que producían antes. De acuerdo con Hilario antes un solo cliente podría llevarse al menos 500 litros de mezcal, porque tenían compradores que pedían 2,000 o 3,000 litros juntos.

Ahora una venta de 500 litros sería muy difícil. Es “litreado”, dice Agustín para referirse a que lo vende a cuenta gotas, por litro y, además, que le quien dar muchos menos de lo que piden. Les han ofrecido hasta 150 pesos por litro, cuando lo mínimo que estiman son 300 pesos por litro.
Tampoco es que muchas personas vayan hasta este punto de la región. Hilario menciona que cuando sus clientes de años le piden mezcal, lo llevan a puntos más grandes, como Altamirano o Zihuatanejo.
Los productores no lo verbalizan, pero esto tiene que ver mucho con la condición de inseguridad, ahora en una aparente calma, de la Tierra Caliente.
“Ahorita está caído, no quieren invertir por lo mismo de las situaciones en que estamos viviendo, entonces, pues, no tiene el mismo rendimiento para juntar dinero para el sustento de la misma vinata”, agrega Hilario.
Los mezcaleros han vivido en carne propia el acoso criminal, aunque ahora evitan hablar del tema, al parecer, por precaución. En la prensa local está documentado el desplazamiento forzado interno de los mezcaleros del ejido de Zihuaquio. Ocurrió en el 2019 y 2020, más de 300 personas salieron de manera forzada de los pueblos de la zona para refugiarse en Vallecitos de Zaragoza, un pueblo que pertenece al municipio de Zihuatanejo.
El trasfondo, explicaron entonces los habitantes de la región, era que delincuentes, asociados a otro grupo criminal, querían apropiarse de las tierras, el maguey y el mezcal. Eso generó que salieran y dejaran todo en sus casas y en las vinatas.
Las familias volvieron en 2022 a reconstruir sus casas y fábricas que fueron quemadas. Comenzaron otra vez a producir mezcal.
El asunto de ahora es ¿cómo sacarían el mezcal de la región y lo venderían a un precio que cubra la producción y les dé para vivir?

El llamado necesario
El llamado que hicieron los mezcaleros para que les apoyen va dirigido a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, porque la situación que enfrentan les compete en término de sus funciones públicas.
El abogado Fernando Jaimes Ferrel, quien es asesor de los mezcaleros y les acompañó ese día, resumió en tres puntos la solicitud de ayuda de los productores:
Capacitación básica para organizar a los productores, para que tengan un padrón de qué tantos productores existen en la zona.
Qué tengan el control de cuál es la producción que sale de la región, para que busquen los mercados nacionales y, de ser posible, internacionales, para que los mezcaleros vendan su destilado a buen precio. El abogado comentó que en común que en los restaurantes o lugares de prestigio de la Ciudad de México vendan el mezcal por porción que mínimo venden a 150 pesos, y que de la botella suelen salir al menos 10 copas, pero a los productores les queda un menor porcentaje. “El caso es que ellos tengan mayores ingresos por la producción del mezcal sin intermediarios”, menciona.
Antes solicitó a las autoridades a que busquen los mecanismos para certificar el mezcal de los productores de Zihuaquio, para ajustarlo a las normas internacionales de vinos y licores y potenciar la calidad del destilado que nace de un proceso casi manual.
El abandono o desatención en esta zona de la Tierra Caliente que pega a los mezcaleros tiene que ver con que las políticas públicas, en relación a obras sociales y seguridad pública, siguen sin cubrirles.














