Gustavo Lezama: la difícil e incomprensible labor de un rescatista de perros

Refugio canino en la ciudad de Chilpancingo. Foto: Cortesía Gustavo Lezama

Texto: Andrea Mendoza

Foto: Cortesía de Gustavo Lezama 

27 de febrero 2024

Chilpancingo

 

En memoria de El Güero y La Danesa

Gustavo Lezama lleva más de 12 años en la labor de salvar perros enfermos, heridos y violentados.

Cambió la vida de un número incontable de perros que son echados a su suerte e invisibilizados en la ciudad capitalina.

Su historia como rescatista comenzó en el Centro de Control Canino y Felino en la ciudad de Chilpancingo donde apoyaba con alimento cada vez que tenía oportunidad.

Al cabo de algunas visitas, Gustavo Lezama vio a un perro con el que se encariñó en cuestión de segundos.

El Güero, como se llamaba el perro causante de que Gustavo Lezama iniciara esta labor, estaba en Control Canino para ser sacrificado. No había espacio suficiente para los perros que llegaban de la calle a dicha instancia.

Gustavo Lezama vio a El Güero y en silencio hizo la promesa que volvería para adoptarlo. Al cabo de unos días, el rescatista llegó para firmar una carta compromiso y la adopción de El Güero.

Ese día no solo rescató a El Güero, invitó a sus amigos y compañeros a que también adoptaran con el fin de que ningún perro fuera sacrificado.

El Güero falleció este viernes 1 de marzo, a causa de problemas renales. Acompañó a Gustavo Lezama en su labor 14 años, recibió una vida digna, fue querido y respetado.

Gustavo Lezama, por su parte, encontró un amigo incondicional quien lo alentó a rescatar y apoyar a todos los perros en situaciones vulnerables.

Refugio canino en la ciudad de Chilpancingo. Foto: Cortesía Gustavo Lezama

El tiempo de ocio y ser rescatista

Gustavo Lezama trabaja en el Ayuntamiento. En sus tiempos de ocio es uno de los principales rescatistas en Chilpancingo.

Ser rescatista no es una labor fácil, Gustavo Lezama lidia con dueños agresivos, desvelos y los constantes gastos médicos.

Al principio, los gastos corrían a cuenta de él, hasta que se percató que en redes sociales había una pequeña comunidad a favor de la vida digna de los animales.

Actualmente, comenta el rescatista, hay algunas personas que son donadores continuos tanto en dinero como en especie.

Gustavo Lezama deja de creer en la humanidad con cada caso nuevo de algún canino en mal estado, violentado por un mal dueño, abandonados cuando crecen y ya no son estéticos o atropellados por conductores que no les importa la seguridad de los animales.

Pero recobra la esperanza cuando pide ayuda por medio de redes y la gente comienza a aportar para salvar la vida de aquellos que no tienen voz.

Gustavo Lezama tiene a más de 60 perros en su albergue y a 14 en su casa, a los que considera como propios.

El rescatista agradece a su esposa, quien siempre lo apoya en su labor, lo acompaña y tiene el mismo afecto por los perros, como él.

Los recuerdos de Danesa

A lo largo de su labor como rescatista, Gustavo Lezama tiene historias increíbles: tristes y felices con muchos perros, pero sin duda Danesa se quedó en el corazón del rescatista.

Danesa era una gran danés usada en criadero de pequeños cachorros daneses. El día que el rescatista fue a ver el caso, encontró a una gran danés en los huesos.
El rescatista tomó a Danesa y la llevó a su casa, la cuidó y alimentó. Le compró una pechera color café y cuando Danesa tuvo una apariencia buena, Gustavo Lezama la sacó a pasear junto con su esposa y su pequeña hija.

Danesa imponía por su altura y su cuerpo que comenzaba a notarse nutrido. Sus patas flacas y su porte hacían que los habitantes chilpancingueños voltearan los rostros para verla.

A los pocos meses Gustavo Lezama tuvo una complicación en el albergue de perros, por lo que varios de ellos fueron contagiados de moquillo. Danesa era una de ellas.

Al contar esta historia sus ojos brillan y su voz se corta un poco. «Danesa tocó mi corazón, siempre la tendré conmigo», dice el rescatista.

Gustavo Lezama aprende de los errores y del cuidado de sus caninos, actualmente hay un protocolo para los nuevos perros rescatados, quienes tienen que pasar unos días en cuarentena mientras se hacen las pruebas del moquillo y sarna.

Para el rescatista, darles una segunda oportunidad a los perros que tiene en su albergue es una prioridad, por lo que después de que sanan fisica y emocionalmente, comienzan los procesos de adopción.

Busca que las familias adoptantes tengan un espacio donde el perro pueda estar, que sean amorosos y respetuosos.

Refugio canino en la ciudad de Chilpancingo. Foto: Cortesía Gustavo Lezama

Gustavo Lezama opina que los perros rescatados ya sufrieron lo suficiente y merecen ser tratados con dignidad y respeto. Agradece a todas las personas que se preocupan por su labor, que apoyan y se suman a la ayuda.