Del desempleo al pincel en rocas: el talento de América que despertó en un encierro obligado


Texto y foto: Beatriz García
Chilpancingo
20 de marzo del 2026


Sobre el cristal que protege la mesa de madera reposan dos cuadros: el retrato de una mujer africana y la silueta de un árbol frondoso. En ambos sobresalen las piedras pintadas a mano y resaltan los colores brillantes. Al lado hay una maceta de cactus que engaña la vista, no son naturales, son de rocas.
El conjunto de obras las hizo América Andrea Jiménez Gallegos, de 50 años, una mujer que formó parte de los 2.5 millones de desempleados en México que reportó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el 2020, el primer año de la pandemia por Covid-19.
El confinamiento obligado que impusieron las autoridades de Salud para evitar los contagios provocó un impacto en la economía ocasionando cierres masivos de negocios y la disminución de actividades laborales.
Es abogada de profesión y nació en la Ciudad de México, pero radica en Chilpancingo desde 1993. Luego de trabajar en la burocracia su vida profesional dio un giro en 2020 al ser parte del personal despedido durante el primer año de la pandemia.



Despierta la creatividad

Es una mañana de miércoles de marzo del 2026, América está en casa de su tía, en el barrio de San Mateo, sentada frente a la mesa de madera; su obra colorida la rodea.
Contó que después de quedar sin empleo y tener que confinarse en su casa para cuidar de su salud se preguntó qué podría hacer para entretenerse.
En casa tenía unas piedras de río y pintura acrílica, se le ocurrió pintarlas. Ocupó de pincel unas brochas de maquillaje.
Lo que comenzó como entretenimiento pronto tuvo eco. “Me acuerdo que hice un set de unas sirenitas y cosas relacionadas con el mar y subí la fotografía en mis redes sociales. Era para mí”. La respuesta fue inmediata: “Una vez que las subí me dijeron: oye me gustaría que me pintaras o hicieras tal cosa”.
Aceptó el reto y comenzó su emprendimiento. Abrió su página de Facebook “Arte En Piedra By América”.
Otra ventaja para la emprendedora fue que en ese momento las ventas por redes sociales se dispararon por el encierro obligado; todos los negocios estaban cerrados. Las personas le hacían su pedido en línea y quedaban de acuerdo con en un punto específico para la entrega.



Seis años de emprender y crear

Pasó el tiempo y América se volvió una experta en eso de crear en piedra. Sabe distinguir qué piedras son mejores para pintarlas. Primero compró piedras de jardinería, pero eran costosas y después pensó buscarlas directamente en los ríos.
Acudió al Río Azul, en Quechultenango y al río Papagayo, en Tierra Colorada. En el primero no halló las que necesita, son porosas y las pinturas no quedan uniformes. En el segundo sí, porque son de diferentes tamaños: alargadas, redondas, ovaladas y lisas.
Para hacer sus diseños se inspira en otros que ve en internet, pero sin copiarlos. Un ejemplo son los diseños que hace con la técnica de puntillismo inspirados en las pinturas de Olinalá. Acepta que con la práctica mejoró su pulso.
Sus clientes confían en su trabajo y la impulsan a hacer nuevas creaciones. Ahora también pinta botellas, termos, tazas, vestidos, estandartes, tenis, hasta en muebles.
La artesana no regresó a la abogacía porque su emprendimiento le requiere su tiempo. Además, está activa en la venta en bazares en la ciudad, a veces va hasta Acapulco.
Sus creaciones han llegado a Estados Unidos, a ciudades como puebla Puebla y en Mazatlán, en la galería de una amiga.
«Sigan apoyando el talento local y consuman lo artesanal», pidió América.
Para América detrás de cada pieza hay horas de trabajo a diferencia de lo que sale de una fábrica, “porque lo hecho a mano lleva pasión y corazón”, además de ser creaciones únicas.



 

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