Certifican 9,699 hectáreas del corredor comunitario para la conservación del jaguar

Los trabajos en la sierra de Tecpan comenzaron hace 10 años en el ejido Cordón Grande por un grupo de ejidatarios y biólogos de la organización Guerrero Jaguar


Texto y fotografía: Marlén Castro

Cordón Grande, municipio de Tecpan

 

Un pedazo del macizo montañoso de la Sierra Madre del Sur, una zona de captura de carbono y recarga de agua, fue declarada área natural protegida.

En esa área natural protegida liberaron, el sábado 13 de agosto, al ocelote capturado en la misma sierra del municipio de Tecpan, la madrugada del 20 de julio.

En el acto de entrega del certificado, frente al titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conap), Humberto Adán Peña Fuente, la dependencia federal que certifica las áreas de conservación, el presidente del comisariado ejidal de Cordón Grande, Juan Carlos Domínguez Ramírez, se quejó de lo complicado del trámite.

“Nos tardamos cuatro años en la gestión”, dijo.

Peña Fuente, sentado al centro del extenso presídium que se instaló en la cancha de usos múltiples de Cordón Grande, enfundado en una camisa azul con las siglas de Conap estampada al lado derecho del pecho, sonrío ante el reclamo. Más adelante, explicaría que él sólo llevaba seis meses en el cargo.

La mañana del viernes 12 de agosto, subieron a la comunidad de Cordón Grande, funcionarios federales y estatales a entregar los certificados de áreas destinadas voluntariamente a la conservación (ADVC) a los ejidos de Cordón Grande y Platanillo, del municipio de Tecpan.

Aunque iban a bordo de camionetas de doble tracción, transitar por los caminos descompuestos por las lluvias les llevó mucho más tiempo del esperado. Debían llegar alrededor de las doce del día y arribaron hasta las tres de la tarde con unos minutos.

“Discúlpennos por no mandarles a arreglar el camino”, aprovechó Domínguez Ramírez la ocasión de reclamar mejores caminos para la sierra. “Y para nosotros, así como está el camino, decimos que está bien, porque todavía faltan varios meses de lluvias”.

Los habitantes de la sierra llevan años gestionando la construcción de una carretera.

El ejido Cordón Grande recibió el certificado de la Comisión de Áreas Naturales Protegidas (Conap), del gobierno federal y, el ejido de Platanillo, de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semaren), del gobierno estatal.

Cordón Grande destinó a la conservación 8,500 hectáreas de las 14,00 que tiene el ejido y Platanillo 1,199, de sus 4,500 hectáreas.

«Estas son las primeras 9,699 hectáreas del corredor comunitario para la conservación del jaguar que son certificadas», aseguró en el acto de entrega de los certificados el biólogo Fernando Ruiz Gutiérrez, quien encabeza la organización Guerrero Jaguar.

Hace 10 años, Ruiz Gutiérrez comenzó a platicar con la gente de las comunidades de la sierra de Tecpan sobre la importancia de la conservación de sus bosques.

«Hoy culminamos este sueño, que enfrentó tropiezos y retrasos, pero que con constancia y porque ustedes creyeron en nosotros hoy está rindiendo frutos», externó Ruiz Gutiérrez a unos 300 habitantes de estas comunidades y a los representantes de las diferentes dependencias federales y estatales presentes como el titular de la Conap; Ángel Almazán Juárez, de la Semaren, y la secretaria del Bienestar, María del Carmen Cabreras Lagunas.

Almazán Juárez destacó en la entrega de los certificados la importancia de la zona para la conservación de la biodiversidad. Antes indicó que Guerrero a pesar de ocupar el cuarto lugar en biodiversidad sólo tiene seis áreas naturales protegidas, lo que representa 1.26 por ciento de la superficie total del estado.

Dijo que Guerrero es uno de los pocos estados que no cuenta con un compendio de su biodiversidad, por lo que esta administración ya está trabajando en ello.

«Nos ubican en el cuarto o quinto lugar en biodiversidad, con el compendio que estamos trabajando quizá nos ubiquemos mejor o nos mantengamos».

Para mejorar el conocimiento de las especies de flora y fauna en el estado resaltó la importancia y responsabilidad que implica recibir ambos certificados.

En su turno, Peña Fuentes explicó que tenía cuatro meses en el cargo cuando recibió a gente de Guerrero que fue a tomarle la oficina.

Aseguró que desconocía la razón por la que el trámite tardó tanto. “Era sólo cuestión de voluntad”, reconoció. Se comprometió a que la dependencia mientras esté él al frente desburocratizará esos procesos.

“También me comprometo a que no declararemos ninguna ADVC si no hay recursos económicos que la respalden”. Lo aplaudieron porque varias comunidades aglutinadas en la Unión de Ejidos Hermenegildo Galeana que se ubican en el Filo Mayor realizan tareas para conseguir la certificación y recibir recursos por los cuidados del bosque.

José Luis Cazares Leyva, coordinador del Comité de Seguridad Privada, pidió a los funcionarios federales y estatales más apoyo para el área más segura del estado.

“Por esta zona pueden transitar a cualquier hora y no pasa nada, si se les descompone una camioneta la gente de las comunidades les ayuda”.

La zona se caracteriza por ser una de las zonas más seguras del estado gracias al comité de seguridad que formaron hace 22 años para erradicar secuestros y asesinatos.

 

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Un corredor forestal para el jaguar: la apuesta de biólogos y comunidades para salvar a los felinos que aún quedan en Guerrero

Texto: Marlén Castro y Thelma Gómez Durán / MONGABAY

Texto publicado el 18 de marzo

 

  • Un grupo de biólogos se lanzó al reto de hacer todo lo posible por darle un futuro a las poblaciones de jaguares, pumas, jaguarundis, ocelotes y tigrillos que aún habitan en las zonas forestales de Guerrero, al sur de México.
  • Tres ejidos de la Costa Grande de Guerrero se sumaron a la misión científica y crearon el corredor comunitario para la conservación del jaguar.
  • El objetivo ahora es fortalecer esta área de conservación comunitaria para que los felinos continúen existiendo y las comunidades puedan tener acceso a proyectos productivos sustentables.

 

El rostro del ejidatario Carlos Torres Valdovinos refleja una mezcla de alegría y temor cuando escucha la noticia: las cámaras trampa captaron la presencia de un jaguar. “Salió tres veces”, dice con entusiasmo el biólogo Fernando Ruiz Gutiérrez. Saber que el felino más grande del continente americano aún camina por estas tierras de la Costa Grande de Guerrero es un motivo de festejo, pero también de preocupación y urgencia.

La cámara que registró la presencia del jaguar se colocó en uno de los caminos que recorren los habitantes de las pequeñas comunidades serranas que forman parte de los ejidos Las Humedades y Platanillo, en el municipio de Tecpan, al sur de Guerrero. Por eso, cuando Carlos Torres Valdovinos y otros ejidatarios escuchan la noticia se miran entre sí, sonríen nerviosos, comparten el entusiasmo de los biólogos, pero también se preocupan. El lugar por donde el felino se deja ver está cerca de sus casas.

De hecho, en las imágenes tomadas entre el 12 de enero y el 14 de febrero aparecen más personas que jaguares. Algunos de los habitantes serranos que se percataron de la presencia de la cámara se quedaron unos minutos mirándola; algunos, como si fuera una selfie, posaron y levantaron el pulgar.

Jaguar captado el 1 de febrero de 2022

Torres Valdovinos celebra saber que él tenía razón: “Les dije que ahí era seguro que lo miraran”. El ejidatario recuerda que días antes de que aconsejara a los biólogos dónde colocar las cámaras trampas, él y su hermano vieron de reojo que una sombra amarilla cruzó entre los árboles. Era de noche y andaban arreando al ganado. No lograron distinguir qué animal era, pero su perro lo siguió; a los pocos segundos regresó aullando.

Los biólogos muestran las imágenes captadas por la cámara trampa. Los ejidatarios las miran y dicen que ahora sí ya no tienen dudas de que es el jaguar el que ha matado a varios becerros. Las cinco familias que viven en la comunidad de La Sierrita se dedican a la venta de leche.

La presencia del jaguar causa emociones encontradas entre los hombres de la comunidad, porque su ganado entra en competencia con el espacio que necesita el felino; pero, al mismo tiempo, les da esperanza: “Eso quiere decir que no estamos tan mal, que podemos recuperar lo que teníamos y salvar mucho de lo que aún tenemos”, dice Torres Valdovinos.

Fernando Ruiz Gutiérrez, director de la organización no gubernamental Wild Felids Conservation México (WFCM), escucha con atención a los ejidatarios. Él y los otros biólogos que impulsan el proyecto Guerrero Jaguar saben sobre la urgencia de intensificar los trabajos que, desde hace casi una década, realizan con las comunidades para conservar a las poblaciones de felinos que tienen como hábitat la zona forestal de esta región guerrerense de la Sierra Madre del Sur.

Ocelote captado por las cámaras trampa en el territorio de Guerrero, en la Sierra Madre del Sur. Foto: Cortesía proyecto Guerrero Jaguar.

Un futuro para comunidades y felinos

La comunidad de La Sierrita forma parte de una región en donde, hasta el 2015, se sembraba marihuana y amapola. Cuando el precio de estos cultivos ilícitos cayó, los serreños buscaron otras opciones de vida. Algunos intensificaron la ganadería a pequeña escala que ya realizaban; también hubo quien decidió talar sin respetar los programas de aprovechamiento forestal; varios más comenzaron a cultivar árboles frutales —limones, mangos y guanábanas—, pero ahora tienen problemas para sacar su producción por lo agreste de los caminos.

Desde hace ya varias décadas, los habitantes de los ejidos Cordón Grande, Platanillo y Las Humedades —donde se encuentra la comunidad de La Sierrita— decidieron apostar por el manejo forestal comunitario, es decir, tener un plan para aprovechar en forma sustentable sus bosques.

Así lo hizo durante un tiempo el ejido Las Humedades, sin embargo, en los últimos dos años se han presentado problemas en su organización interna por desacuerdos entre los ejidatarios, sobre todo entre aquellos que no desean respetar el plan de manejo forestal y sacan madera sin ningún control.

Su ejido vecino, Cordón Grande, sí continúo con su trabajo de manejo forestal sustentable en sus terrenos, que abarcan poco más de 16 mil hectáreas. Gracias a eso impulsan proyectos productivos para sus habitantes: tienen una empresa forestal comunitaria y han accedido a fondos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

Cordón Grande cuenta con 16 039 hectáreas en donde impulsa el manejo forestal comunitario. Foto: Cortesía ejido Cordón Grande.

Fue justo en los bosques del ejido Cordón Grande donde empezó a gestarse la idea de crear un corredor comunitario para la conservación del jaguar en Guerrero.

Nansedalia Ramírez, del ejido Cordón Grande, explica que en 2013 su comunidad recibió fondos de la Conafor para realizar un estudio sobre la biodiversidad en sus bosques. “La gente mayor —recuerda— contaba que había tigre (como les dicen en esta región a los grandes felinos), decían que habían oído los rugidos. Pensábamos que solo eran rumores”.

El ejido contactó a integrantes del proyecto Guerrero Jaguar, entre ellos al biólogo Fernando Ruiz Gutiérrez. Los estudios que se realizaron —publicados como tesis— mostraron que los mayores tenían razón. En la zona forestal de Cordón Grande había jaguar (Panthera onca) y otras especies de felinos que también están en peligro de extinción, como el tigrillo (Leopardus wiedii)), jaguarundi (Herpailurus yagouaroundi) y ocelote (Leopardus pardalis).

Fue entonces que surgió el proyecto de crear el corredor comunitario de jaguar en Guerrero. A la propuesta se sumaron los ejidos Cordón Grande, Platanillo y Las Humedades. Entre los tres se tiene un área que abarca 32 mil hectáreas forestales.

“Ha sido un proceso difícil y de muchos años —reconoce Ramírez. Ha sido realizar mucha labor de conciencia dentro del ejido, para que se valore la importancia de conservar especies en extinción; mostrar que, al cuidarlas, ayudamos al bosque, pero también a las comunidades, porque podemos acceder a proyectos y recursos para conservar la biodiversidad”.

Ocelote captado en noviembre de 2011

El biólogo Fernando Ruiz Gutiérrez explica que sin la información que corroboró la presencia del jaguar hubiera sido aún más difícil trabajar con las comunidades.

Desde que era estudiante de biología, hace más de 20 años, Fernando Ruíz Gutiérrez comenzó a trabajar en la conservación de los felinos. En 2011, con otros de sus colegas, integraron el proyecto Guerrero Jaguar y en 2020 crearon la asociación civil Wild Felids Conservation México.

“Como biólogos —explica Ruíz Gutiérrez— empezamos a trabajar en la zona solo en la conservación de los felinos, pero con el tiempo nos hemos tenido que ir metiendo a otras tareas; acompañar a las comunidad a buscar alternativas productivas que sean amigables con el ambiente; proyectos que puedan ayudar al desarrollo sustentable de la región”.

Como parte de este trabajo, los miembros de Guerrero Jaguar y de WFCM han llevado a las comunidades semillas de pasto mejorado para plantarlas y usar  como forraje, “para que la gente no libere a sus animales en la zona boscosa”.

Además, impulsaron proyectos como granjas de gallinas y huertos familiares. “Tuvimos buenos resultados —dice Ruíz Gutiérrez— pero con la pandemia no pudimos darle el seguimiento adecuado. Ahora lo estamos retomando. La estrategia es buscar alternativas sustentables para la gente”.

Ejidatarios y biólogos han unido esfuerzos para crear el corredor comunitario para la conservación del jaguar. Foto: Cortesía proyecto Guerrero Jaguar.

Unión de esfuerzos

Los ejidatarios acompañan a los biólogos a colocar las cámaras, los guían por las estribaciones de la sierra para que no se pierdan. Cuando los sitios son lejanos y accidentados, los llevan en las cuatrimotos que son el medio de transporte en estas comunidades.

A principios de este 2022, los biólogos de Guerrero Jaguar colocaron en los alrededores de la comunidad La Sierrita seis cámaras trampas, una de ellas, en el filo de uno de los cerros más altos de la zona, como a unos 1,100 metros sobre el nivel del mar; esa es una área alejada y con poca perturbación. Aun y con esas características, ahí solo se captó la imagen de un tejón.

“A veces el felino te aparece en donde menos te lo esperas”, dice el biólogo Osmar Zamudio Pineda —quien tiene tres años en Guerrero Jaguar— al médico veterinario, Luis Astudillo Loeza, quien recién se integró al equipo.

Ejidatarios, biólogos y estudiantes que participan en los trabajos de monitoreo. Foto: Cortesía proyecto Guerrero Jaguar.

En La Sierrita, el jaguar apareció en donde menos lo esperaban. Cuando el equipo revisa las imágenes de la cámara colocada en la brecha no ocultan su sorpresa: ¡Mira, qué tenemos aquí!”, exclama Ruíz Gutiérrez.

Desde que comenzaron a realizar muestreos con las cámaras trampa, en 2013, los investigadores han logrado documentar la presencia de 14 jaguares en la zona forestal de los tres ejidos. Hoy consideran que hay unos 9 a 10 ejemplares. También han registrado la presencia de pumas, ocelotes, tigrillos y un pequeño felino que es muy raro observar: el jaguarundi.

Ruíz Gutiérrez comenta que en esta región de Guerrero se tiene registro de 42 especies de mamíferos; 30 de anfibios, 63 de reptiles y 154 de aves, entre las cuales están la pavita cojolita y guacamayas verdes.

Puma captado en febrero de 2022

Con la información que están recopilando de las imágenes de las cámaras trampa, el equipo científico busca identificar los lugares por donde los felinos transitan y suelen pasar más tiempo. Eso les permitirá hacer, junto con los ejidatarios, mapeos de la zona y tomar decisiones sobre el manejo del territorio.

“Los bosques de esta zona —desde tropicales a templados, hasta mesófilos de montaña—  todavía cuentan con una importante riqueza biológica que vale la pena conservar”, dice Ruiz Gutiérrez.

Durante estos años de trabajo en esta región de Guerrero, el científico ha corroborado que las comunidades se comprometen con la conservación de los ecosistemas y la vida silvestre cuando comprueban que eso les trae beneficios sociales.

Colocación de cámaras trampa en la sierra de Guerrero. Foto: Cortesía proyecto Guerrero Jaguar.

Terrenos comunitarios para la conservación

Nansedalia Ramírez cuenta que en el ejido donde ella vive, Cordón Grande, esperan que en los próximos días, las autoridades de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) les entreguen los documentos oficiales en donde se certifica que poco más de 8 573 hectáreas de sus bosques están destinados a la conservación.

Hace ya varios meses, en asamblea, los ejidatarios votaron a favor de crear en su territorio comunitario un Área Destinada Voluntariamente a la Conservación(ADVC), categoría de área natural protegida que contempla la ley mexicana y que permite a las comunidades aprovechar en forma sustentable sus bienes naturales, además de acceder a diversos proyectos por conservar la biodiversidad.

Los planes son que en un futuro los ejidos de Platanillo y Las Humedades también puedan certificar parte de su territorio como ADVC, explica el biólogo Ruíz Gutiérrez, quien ha acompañado a los ejidos en este proceso.

Bosque con manejo forestal comunitario. Foto: Cortesía ejido Cordón Grande.

La certificación de una parte del territorio del ejido Platanillo ya está en marcha. En el ejido Las Humedades, el proceso se detuvo por problemas internos. Ruíz Gutiérrez confía en que eso se solucione, sobre todo porque los ejidatarios de esas comunidades tienen como ejemplo el caso de sus vecinos de Cordón Grande, donde han logrado tener alternativas económicas a partir del buen manejo forestal comunitario.

Para los científicos es vital conservar los bosques de estos tres ejidos, ya que sus estudios indican que son prioritarios para la conservación de varias especies en peligro crítico de extinción, entre ellas los jaguares.

En otras zonas de Guerrero hay más deterioro de los recursos naturales y la gente no tiene respeto por el jaguar, “si los llegan a ver, los matan”.

Ocelote captado por una cámara trampa en la zona forestal de la sierra de Guerrero. Foto: Cortesía Ejido Cordón Grande

Ampliar el corredor

Entre los nuevos retos que ahora tiene el equipo científico está el organizar a comunidades en el municipio de Atoyac, para ampliar el corredor del jaguar y que esté pueda sumar unos 600 kilómetros cuadrados más.

Por lo pronto, en ese municipio ya se realiza monitoreo con cámaras trampa. Ahí, también hay buenas noticias. Las imágenes que se obtuvieron a principios de este año mostraron, por lo menos, tres sitios con jaguares, pumas, tigrillos y ocelotes en la zona serrana de Atoyac.

Desde noviembre de 2021, una vez al mes, los científicos acuden a los lugares donde instalaron las cámaras trampa para reemplazar memorias y baterías. También cambian las cámaras de lugar para tener una mayor perspectiva del sitio. El trabajo de campo dura 10 días, en promedio, aunque puede haber contratiempos y alargarse.

Jaguarundi captado en enero de 2022

Los muestreos que ahora realizan forman parte del proyecto Sitios Permanentes de Calibración y Monitoreo de la Biodiversidad (SIPECAM), de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), que tiene como objetivo evaluar la condición de los ecosistemas en el país.

El biólogo Fernando Ruíz Gutiérrez espera que los resultados que obtengan de este nuevo monitoreo ayuden al diseño de nuevas estrategias para conservar a la población de 113 de jaguares que se estima hay en Guerrero. 

El equipo de Guerrero Jaguar sabe que su labor es una carrera contra el tiempo: “Si no se toman medidas apropiadas de protección de la especie y su hábitat, en diez años podríamos perder a la mayor parte de la población del jaguar en Guerrero”.

* Imagen principal: Una pareja de jaguares en la zona forestal de la Costa Grande de Guerrero. Foto: Cortesía proyecto Guerrero Jaguar.

 

Este texto fue elaborado por el equipo de MONGABAY y lo reproducimos con su autorización.

Mejora la salud del ocelote capturado en Tecpan, se considera la liberación o resguardo en Zoochilpan

Texto: José Miguel Sánchez

Fotografía: Especial

Chilpancingo

 

El ocelote capturado en la sierra de Tecpan, en la Costa Grande del estado y resguardado en el Zoochilpan mejoró su estado de salud informó el personal del Zoológico.

La veterinaria encargada, Yamel Correa, informó que el ocelote está estable y que desde su llagada al parque, el pasado 21 de julio, respondió bien al tratamiento médico y a la alimentación.

«Estamos muy contentos con la recuperación del ocelote porque cuando llegó su estado de salud era muy delicado, afortunadamente ya está estable y se observa una mejoría».

Cuando el ocelote llegó a Chilpancingo, después de un viaje de seis horas enjaulado, presentó sangrado en la nariz y el hocico, daño en los dientes y garras, y heridas en sus costados, señal de que fue agredido y que intentó liberarse de la jaula en la que lo encerraron sus captores además del traslado desde la Sierra de Tecpan a Chilpancingo.

Tambien presentó sangrado en las heces y parásitos intestinales y una fractura en la pierna izquierda de la cual todavía desconocen la magnitud.

Sobre la recuperación de esos padecimientos, Yamel Correa, explicó que a través de una medicación con antibióticos, puestos en su alimentación, los tres primeros días lograron estabilizar al felino.

«Las cicatrices en los parpados y en las cejas ya comenzaron a sanar, y la inflamación en el hocico y la nariz disminuyó considerablemente, lo que me indica que no tiene problemas de coagulación, y ya no presenta parásitos intestinales ni sangrado en las heces», informó.

El personal médico del zoológico está en espera de que cicatrice y le crezca el pelo en las zonas afectadas.

Sobre su fractura en la pierna izquierda ya presentó una mejoría considerable, explicó Yamel Correa.

A su llegada al Zoochilpan, el ocelote cojeaba y ahora, siete días después, ya se sostiene pero aún no tiene firmeza en la pisada.

Por su condición de animal silvestre, el equipo médico del Zoochilpan trata de acercarse lo menos posible, situación por la que aún no le realizan la radiografía para determinar las condiciones de su fractura.

Serán los resultado de esa radiografía lo que determine si el ocelote puede regresar a su vida silvestre o queda a resguardo del Zoochilpan,

«Al no ser un fractura expuesta no se considera de gravedad y quiero darle tiempo a que el proceso traumatológico seda para observar donde está la lesión, si en una articulación o un hueso o un músculo».

Yamel Correa dijo que aún no se determina el tipo de lesión porque no quieren sedar al ocelote para no exponerlo a una situación de estrés, pero consideró que al ser un felino silvestre es muy fuerte y presenta una buena recuperación.

«Al 100 no está, pero con su tratamiento, el reposo y la dieta se ha recuperado muy bien y está bastante estable».

Yamel Correa comentó que la jaula donde está actualmente el Ocelote es amplia y se le acondicionó un espacio oscuro y sin tránsito de personas para reducir los niveles de estrés del felino.

Además sus alimentos y medicinas se le proporcionan a distancia para cuidar al felino de las personas y para observar su comportamiento, por eso mismo aún se desconoce el sexo, pero consideran que es un ocelote joven de dos años.

De acuerdo con datos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), el ocelote está en la categoría de peligro de extinción.

Entre las causas que lo colocan en esta situación está la pérdida de su hábitat, y la disminución de sus presas.

«La principal amenaza del ocelote es la pérdida y fragmentación de su hábitat, el desarrollo de actividades agrícolas y ganaderas a en sus áreas de distribución y la amenaza de la cacería furtiva sobre la especie y sobre sus presas afecta la disponibilidad de alimento, provocando que este felino se aproxime a las granjas en busca de alimento, ocasionando daños y conflictos con los humanos». Se lee en la ficha técnica del felino proporciona por Profepa.

El ocelote fue capturado por pobladores de Palo Solo, en la Sierra de Tecpan, en la Costa Grande, porque el felino se alimentaba de sus gallinas.

El colectivo Guerrero Jaguar lo rescató y lo trasladó a Chilpancingo debido a las heridas que presentó al tratar de liberarse de la trampa de los pobladores.

 

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