Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo: el teatro frente a la desaparición forzada y la guerra sucia en México


Desde el teatro documental, Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo reconstruye la desaparición forzada de Alicia de los Ríos Merino y expone las omisiones del Estado mexicano durante la guerra sucia, a partir de archivo, memoria y búsqueda de verdad.


Texto y Foto: Mario Marlo /Zona Docs

Jalisco 

Martes 3 de  febrero del 2026


En México, la desaparición forzada no pertenece solo al pasado ni a los archivos oficiales. Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo, de la compañía Línea de Sombra, lleva esa ausencia al escenario al reconstruir la desaparición de Alicia de los Ríos Merino, ocurrida en 1978, y el prolongado proceso de búsqueda y litigio impulsado por su hija durante más de dos décadas, frente a un Estado que aún no ofrece verdad ni justicia.

Desde el teatro documental, la obra articula archivo, investigación y relato en primera persona para exponer las prácticas de represión y contrainsurgencia que marcaron la llamada guerra sucia. La escena no busca cerrar una historia, sino mantenerla abierta: la detención, la desaparición y el encubrimiento institucional de una joven militante son presentados como parte de una violencia que persiste y cuyas consecuencias siguen afectando a familias y comunidades en el presente.

La obra se presenta en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico del 29 de enero al 15 de febrero de 2026. El montaje se inscribe en una línea de trabajo escénico que examina la desaparición forzada no como un hecho aislado, sino como una práctica sistemática que atravesó a generaciones enteras y que sigue sin resolverse plenamente en el ámbito institucional.

Desde su inicio, la puesta establece con claridad su carácter documental. “Me llamo Alicia de los Ríos Merino. Fecha de nacimiento: 6 de febrero de 1977”, se escucha en escena. A partir de ahí, el relato se despliega a través de tres generaciones marcadas por un mismo nombre —Alicia— y por una misma ausencia: la de una mujer detenida el 5 de enero de 1978 y desaparecida hasta hoy.



El montaje está estructurado en cuatro capítulos que recorren la militancia política de Alicia de los Ríos Merino, su detención en la colonia Nuevo Vallejo, el inicio de la búsqueda familiar y las omisiones institucionales que han sostenido la impunidad. En escena, Alicia de los Ríos Merino y Shantal Saad construyen un dispositivo que combina documentos, entrevistas, recorridos territoriales y archivo, sin recurrir a la dramatización del horror.

“Nada es ficción”, afirma Alicia de los Ríos Merino, hija de la desaparecida, quien participó directamente en el proceso de investigación y escritura de la obra. En entrevista con Somoselmedio, explicó que el objetivo fue desplazar la historia del ámbito privado al espacio público: “La intención es sacar de la intimidad doméstica lo que se ha vivido durante muchos años y entretejer la historia de dos personas con una historia más grande: la de la insurrección, pero también la de la contrainsurgencia”.

Uno de los ejes centrales del montaje es el señalamiento directo a las responsabilidades del Estado. A lo largo de la obra se documenta el operativo realizado el 5 de enero de 1978, así como el traslado de Alicia al Campo Militar Número Uno. La puesta incorpora el relato de Rogelio Manso Granados, taxista sobreviviente de la balacera de ese día, quien describe la persecución y el uso letal de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad. “Todavía en el piso le seguían dando tiros”, relata en escena, al reconstruir los hechos.

De acuerdo con Alicia de los Ríos Merino, persisten omisiones clave por parte de las instituciones militares. “El Ejército mexicano sigue sin revelar los documentos de la época. Sabemos que existen y que no fueron destruidos, pero su acceso ha sido negado. Los avances que ha habido han sido por órdenes judiciales”, señaló.

La primera función, realizada el 29 de enero, contó con la presencia de Antonio Orozco Michel, exintegrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Para él, la obra tiene un impacto directo en la memoria de quienes sobrevivieron a la represión. “Fue fuerte. Me sacudió y me causó dolor ver la forma en que el Estado se ensañó con tantos compañeros”,declaró. Orozco recordó que Alicia participó en acciones clave de la organización y subrayó la importancia de transmitir esta memoria a las nuevas generaciones.



Las funciones del 30 y 31 de enero incluyeron la participación de Jorge y Lucha Pérez Mora, hermanos de Enrique Pérez Mora “El Tenebras”, dirigente de la Liga Comunista 23 de Septiembre en Jalisco. Para Jorge Pérez Mora, el teatro permite ampliar el alcance de estas historias más allá de los espacios académicos o militantes. “Llega a un público distinto, especialmente joven, y abre un espacio para abordar una violencia que el Estado intentó invisibilizar”, afirmó.

Pérez Mora señaló que, pese a los reconocimientos oficiales sobre violaciones graves a derechos humanos, no existe una respuesta integral sobre el destino de las personas desaparecidas políticamente en los años setenta. “Sabemos que pasaron por el Campo Militar Número Uno y por los vuelos de la muerte. El Estado sigue sin dar una respuesta digna”, sostuvo.

Por su parte, Lucha Pérez Mora sintetizó el impacto emocional de la obra en una frase breve: “Se mueve todo”.

Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo no propone una conclusión ni un cierre narrativo. Su apuesta es sostener en el espacio público una historia documentada de desaparición forzada, cuando los mecanismos institucionales continúan sin ofrecer verdad ni justicia. Desde el escenario, la obra funciona como un archivo vivo frente a un Estado que mantiene abiertos los vacíos del pasado y las deudas con las familias.

 


Este es un texto original de Zona Docs, un medio independiente de Territorial-Alianza de Medios, de la cual formamos parte, y lo reproducimos con su autorización.


 

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