Funcionarán ballet clásico y danza de Tlacololeros en próxima puesta del María Luisa Ocampo

 

Texto: Amílcar Juárez

Fotografía: Óscar Guerrero 

Chilpancingo

 

 

El coreógrafo integrante del Ballet Nacional Cuba, Eduardo Blanco González, realizará una presentación en Chilpancingo el próximo viernes 22 en el teatro María Luisa Ocampo, donde convergerán el ballet clásico y la danza guerrerense de los Tlacololeros.

 

Montó una primera presentación hace unos días en Taxco, donde hizo mancuerna con la maestra Edith Ortiz Méndez, directora del Ballet de sistema de enseñanza cubano en Chilpancingo, Guerrero.

 

La presentación será gratuita el próximo viernes a las seis de la tarde. “Lo que van a presenciar no es sólo ballet clásico, me inspiré en su danza, en la danza guerrerense de los Tlacololeros. La función comenzará con esta gran puesta”, comentó el coreógrafo.

 

Blanco González ha trabajado en obras como Hoy no me puedo levantar de Nacho Cano en Madrid, fue invitado especial en Brasil en el mandato de la presidenta Dilma Rousseff para la obra sobre las cataratas del Iguazú, donde estuvo acompañado por el pianista Miguel Núñez. Ha recorrido países como Canadá, Bahamas y Panamá, entre otros.

 

Su paso por Guerrero se debe a un recorrido que hace por toda la República para impartir cursos sobre danza.

 

“La maestra Edith se enteró de mi paso por México y me invitó a venir a Guerrero, y dije vamos a Guerrero a impulsar el arte y el ballet”.

 

Ortiz Méndez dijo que para significaba un honor trabajar con Blanco González por segunda vez con consecutiva en Guerrero. Pero en realidad la colaboración con los cubanos “comenzó en 1997, cuando a Chilpancingo llegaron Denia Hernández y Raúl Bustamante, integrantes también del Ballet Nacional Cubano para trabajar en el Instituto Guerrerense de la Cultura y, posteriormente, para fundar la escuela de donde soy directora”.

 

Blanco González hizo hincapié en que la obra que se estrenara este viernes está a cargos de jóvenes guerrerenses talentosos, con esto confía abrir las puertas de la danza desde a los niños hasta los adultos.

El arte de Hugo de la Rosa. Una visión de las realidades de los jóvenes

En su arte Hugo usa colores vivos y destacan personajes históricos y culturales, principalmente de Guerrero, y de la cultura pop 


Texto y fotografía: José Miguel Sánchez 

2 de junio de 2022

Chilpancingo

 

¿Qué tiene en común Carlos Salinas de Gortari, la bruja de Blanca Nieves, una nave de Star Wars y una pelea de Xochimincas en Zitlala? Probablemente nada, pero estos elementos son los que el artista Hugo de la Rosa plasma en sus lienzos como una manera de hacer una crítica a la globalización y expresar desde su visión la manera en que las nuevas generaciones conviven con sus tradiciones.

Los elementos antes descritos forman parte de un gran lienzo que, además, incluye personajes históricos y de la cultura pop, como memes y de videojuegos.

El lienzo aún no tiene nombre, pero es parte de la exposición Ficciones pictóricas que se presentó en el restaurante Tapanco, en Chilpancingo.

En la exposición hay más obras que juegan con esos elementos. Rugal del videojuego The King of Figther en una batalla con Mictlantecuhtli y de fondo los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl.

Ficciones pictóricas es la tercera exposición de Hugo, y la segunda en Chilpancingo. Están expuestas 35 piezas de arte entre pinturas en lienzo, óleo y grabados que Hugo realizó en los últimos años.

En una entrevista previa a la inauguración realizada este viernes, Hugo contó su camino a través del arte y por qué sus pinturas cuentan con elementos tan diferentes. Usa colores vivos en sus pinturas y personajes históricos y culturales, principalmente de Guerrero, y de la cultura pop.

Contó que jugar con todos esos elementos es una forma de visualizar y expresar la manera en que los jóvenes conviven con su entorno.

«Nosotros como chavos estamos bien metidos en el internet, vemos memes y muchos generan contenido, pero fuera de eso hay otro mundo con el cuál también convivimos, esos dos mundos son los que trato de plasmar».

Para Hugo sus pinturas representan también esa lucha entre los productos de la globalización y la identidad de los pueblos y contextos con los que conviven las juventudes.

«Al final convivimos con los dos mundos, pero siempre es importante no perder nuestra identidad».

Los videojuegos son otro elemento que Hugo retoma, a él le gusta jugar desde niño, y reconoce el arte que hay detrás para crear no solo a un personaje o historia, también los paisajes y entornos de fondo, son los que se desarrollan en los juegos.

En sus pinturas conviven dioses aztecas con personajes de videojuegos, danzas de tigres están a lado de Pikachu.

Del arte urbano a la pintura

Hugo comenzó a dibujar y a pintar hace 15 años, cuando cursaba la secundaria en Taxco de Alarcón. Inició a hacer grafiti. Él considera que ese fue el comienzo de su carrera artística.

Con el paso del tiempo formalizó su técnica que, hasta ese momento, era principalmente arte urbano.

Por eso decidió estudiar arte en la Universidad de Morelos, y aunque no culminó la carrera se quedó con todo el conocimiento que pudo. En la Universidad aprendió diferentes técnicas que hoy aplica.

Poco a poco descubrió el tipo de pinturas que le gusta realizar, hasta llegar a los trabajos que están expuestos.

«Yo califico mi trabajo como una mezcla entre arte contemporáneo y surrealista».

Además de la pintura Hugo experimenta con otras técnicas como el grabado, que es una técnica recién aprendida, pero siempre conserva su estilo.

La exposición que también es venta estará hasta el próximo 20 de agosto en el restaurante Tapanco, en la calle Valerio Trujano en el centro de Chilpancingo.

 

 

 


El arte en las calles: la resistencia feminista ante la violencia

El arte urbano no queda solo como rastro de la ruta por la cual pasan los contingentes feministas al marchar, permanece también como un reclamo a una ciudad machista, misógina y feminicida, que no permite a las mujeres transitar por el espacio público libremente


Texto: Verónica Ramírez / La Verdad

Fotografía: La Verdad

1 de marzo de 2022

 

En casi cada esquina de la Avenida 16 de Septiembre se encuentran cruces negra pintadas sobre un fondo rosa que adornan los muros, postes de electricidad y cabinas telefónicas. Son acompañadas por tags plasmados con pintura en aerosol y pintas que acusan al estado opresor. Reflejan un reclamo…anuncia rabia.

El sol ha descarapelado el papel de algunas de las intervenciones de paste up, obras creadas en papel que son pegadas con engrudo de forma semipermanente paredes y puertas, pero aún se pueden apreciar los diseños.

En las calles del centro de Ciudad Juárez abunda leyendas y las frases en las que se lee “ISA VIVE” y “Nos queremos vivas”. Estas son muestras de resistencia del movimiento feminista en Ciudad Juárez. Con el paso del tiempo, la fina línea entre la creación del arte y el activismo en contra de la violencia de género se va borrando. En los últimos años, las marchas realizadas en marco del 8M, Día Internacional de la Mujer, son acompañadas por convocatorias de paste up, pintas en aerosol, intervenciones en monumentos y rap feminista.

 

 

El arte urbano no queda solo como rastro de la ruta por la cual pasan los contingentes feministas al marchar, también permanece como un reclamo a una ciudad machista, misógina y feminicida, que no permite a las mujeres transitar por el espacio público libremente, dice Eloisa, integrante de la Colectiva Xolas, un proyecto de artistas feministas que surgió de la necesidad de sustento y espacios seguros para mujeres lesbianas precarizadas en Ciudad Juárez.

“Es brutal esa sensación de unión entre compañeras y de plasmar esas palabras, esas imágenes en conjunto en una ciudad en donde todos los días te quieren desaparecer”, afirma Eloisa.

“Ese reclamo es muy poderoso porque nos reunimos, lo hacemos y queda esa memoria o esa especie de justicia instantánea que nosotras mismas vamos creando al dejar plasmado eso”, afirma la artista y escritora.

Susana Alavez, también integrante de la colectiva artística, nota que cada vez más mujeres de todas las edades se suman a las manifestaciones, pero también “se avientan a tomar la lata y rayar”, comenta.

Como fotógrafa, Alavez también ha visto que más participantes llevan sus cámaras y al finalizar la marcha las redes sociales se llenan con distintas perspectivas y memorias de la manifestación.

“Creo que se sienten en un espacio seguro porque también existen los protocolos de seguridad”, dice Alavez. “Todas pueden crear algo hasta en una hoja de papel en un cuaderno, llevarlo y sabes que va a haber un momento para pegar y rayar”.

En la búsqueda de esta seguridad, artistas juarenses han creado colectivas, agrupaciones y espacios en donde pueden aprender, desarrollar sus talentos y dialogar sobre sus experiencias. A raíz de estos espacios feministas, el arte hecho por mujeres se hace más presente dentro y fuera de los contingentes de las marchas.

‘ES NUESTRA CALLE’. OCUPACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO Y ARTÍSTICO

Al transitar por la ciudad, Nayeli, artista gráfica, observa los diferentes tags y graffitis. Son las obras de amigas o compañeras que la hacen apreciar el arte urbano de una forma distinta. Al verlos, dice que se imagina el momento en que debieron hacerlo: unos minutos fugaces en los que no había absolutamente nadie en la calle o más riesgoso aún a horas muy tarde de la noche.

“El riesgo que se corre lo hace más, no sé si valioso o fuerte, pero valoras más el trabajo que se hizo porque conoces el peligro”

Nayeli, quien forma parte de la Colectiva Bravas, “morras artistas fronterizas” .
Ocupar las calles de Ciudad Juárez ya es un riesgo en sí, pero como mujer es común ser blanco de acoso sexual, que puede ir desde lo verbal hasta agresiones y abuso.

Solamente salir a la calle ya es una muestra de resistencia a la prohibición de poder transitar libremente por las calles, explica Nayeli, pero hacer gráfica urbana es la acción de responder a este ataque de violencia y es un arte contestatario en sí.

“Te dicen que no salgas de noche, y de que es peligroso es peligroso, pero el hecho de que te atrevas aún así a hacerlo, el hecho de responder y alzar la voz ya es un acto en sí mismo”, expresa la artista. “Es nuestra calle y también merecemos salir.”

La artista menciona que las mismas agresiones que podía recibir en la calle se presentaba en espacios artísticos dominados por hombres. No se sentía segura para aprender más técnicas o se sentía invisibilizada, al no ser tomada en serio en comparación con otros artistas que eran hombres.

“A algunas amigas les llegó a pasar que reciban acoso o escuchábamos que los vatos alababan a las mujeres por su apariencia y no su trabajo” dijo Nayeli. “Había vatos ofreciéndonos espacios para pintar ¿Pero a cambio de qué, verdad?”

 

De esta misma forma, la rapera feminista Karla Jiménez, consiente de la situación en la que las mujeres juarenses peligran en las calles, a raíz del acoso y agresiones de género, dice que desde joven buscó manifestarse. En el rap de protesta encontró un medio para expresar su rabia.

En eventos de micrófono abierto, Jiménez, conocida como Karma 656, también se encontró con ambientes muy machistas, donde no era tomada en serio por otros raperos. Ella recuerda comentarios sobre su forma de vestir, su apariencia y otras frases acosadoras que le dejaban claro que no era bienvenida en esos espacio.

“Decían cosas como: ‘aquí no hay lugar para las mujeres. Las mujeres son para traer a un lado y no para andar cantando’. Yo si he sentido que he tenido que ganarme mi lugar y en esta sociedad machista si ha sido muy difícil”, cuenta.

Por esta misma razón Jiménez buscó otras artistas que tuvieran ideales parecidos a los suyos y fue cuando se metió de lleno al feminismo y conoció a artistas gráficas, escritoras y poetas que también formaban parte de las colectivas con ideales feministas.

POR Y PARA MUJERES


Con los años, Jiménez notó como cada vez se hacía más latente la presencia de arte en los movimientos feministas a través de murales, pero también vio que había espacio para el rap de protesta.

Ella recuerda que las primeras manifestaciones a las que acudía siempre había un micrófono abierto y en una ocasión la animaron a presentar una canción.

“Desde entonces a cada manifestación que voy, yo me manifiesto con rap”, dice Jiménez, quien este año se ha sumado a eventos de preparación para la marcha 8M en Ciudad Juárez y planea asistir tanto como mujer feminista y como artista.

“Yo me reunía con ellas y conversando con todas nos damos cuenta de nuestras experiencias. Se me hacia muy fuerte que como mujeres no nos permitieran ocupar ciertos espacios artísticos”, dijo Jiménez. “Pero organizándote y teniendo espacios seguros por y para las mujeres llegamos a impulsarnos.”

Comúnmente los colectivos artísticos estaban formadas por puros hombres y se daban situaciones de menosprecio al arte hecho por mujeres, de acoso y eran ambientes muy competitivos en donde no se normalizaba compartir conocimientos o técnicas, explica la artista gráfica que usa el apodo ‘Poli No Police’, también integrante de la Colectiva Bravas.

Existía un sentir de invisibilización y falta de pertenencia que era compartido por muchas mujeres que se sentían solas en el ámbito artístico, cuenta.

“Hubo varias cuestiones que nos hizo crear la colectiva (Bravas) y una era la cuestión del aprendizaje y sentirnos que no teníamos un espacio y no sentirnos validadas en ese aspecto creativo”, menciona Poli. “A partir de este sentir empezó a formarse la colectiva y varias empezamos a usar la gráfica para expresar ciertas problemáticas que están pasando en la ciudad.

 

Como parte de Bravas, integrantes como Poli y Nayeli tuvieron la oportunidad de explorar distintas técnicas de gráfica urbana desde el paste up, stencil, graffiti y muralismo. Pero este aprendizaje no se quedaba entre las integrantes de la colectiva y buscaban compartirlo a la comunidad.

Además de la intervención callejera, Bravas realizó talleres que se llevaron a cabo en el espacio autogestivo CX16 y después con el apoyo de la Secretaría de Cultura estatal en el sur oriente de la ciudad. Los talleres que realizó la colectiva trataban temas desde la violencia de género a los derechos humanos con el propósito de generar espacios de diálogo.

“Creo que es muy importante llegar a otras mujeres que no han tenido este tipo de diálogos. (Nuestro activismo) no solo son estas intervenciones en las calles si no todo lo que hay detrás”, afirma Poli. “También nos importa mucho esta cuestión del proceso de compartir cosas, sentires y crear estas redes que impulsan a otras mujeres”.

Con los talleres, Poli también se dio cuenta que se sentía una energía diferente al hacer un trabajo colectivo y se sentía con más seguridad y fuerza. Para Nayeli, las intervenciones de la Colectiva Bravas, en las calles o través de talleres, siempre fueron consideradas como actos de activismo que traían consigo un sentimiento de catarsis.

“Casi siempre era la manera de sacar lo que traíamos ahí atorado”, dice la artista. “Lo plasmabas en papel y salíamos a la calle a pegarlo. Todo el proceso es liberador porque estas con personas que te entienden y que probablemente han pasado por lo mismo que tu y es una manera en que te sientes apoyada y escuchada”.

Los espacios de dialogo que abrían con las colectivas no solo servían como medios de activismo si no también como formas de auto-cuidado. Las integrantes de las Colectivas Xolas han colaborado con Bravas en la pinta de murales y otras intervenciones.

Sobre la calle Colombia existía un mural que las dos colectivas hicieron en colaboración. Además de permitirles pintar juntas, para Eloisa este fue un trabajo de transformación del espacio público que se hizo en conjunto con la comunidad del barrio.

“Se escuchaban rumores de la gente que pasaba por ahí y hasta entre nosotras mismas que se sentía distinta la calle. Eso fue muy satisfactorio, desde encontrar la pintura, las vecinas se involucraron, hubo comida, hubo música. Era un entorno muy de mujeres y muy seguro. Si se logró la unión y el efecto que queríamos crear”, recuerda Eloisa.

De la misma forma vieron un potencial de generar redes de apoyo y hermandad, dice Alavez, agregando que es necesario crear colectivas hechas por mujeres y para mujeres.

“Creo que también tiene que ver que la creación es como una forma de auto cuidado. Dentro de este espacio puedes crear algo que quizá no estabas segura de hacerlo al inicio y te da ese impulso de explorar o reflexionar otro tipo de cosas que antes no se podían concebir” afirma.

Entre las actividades que la colectiva ha llevado acabo incluye el muralismo, intervenciones de gigantográfia, talleres de poesía, escritura, creación de fanzines y han mantenido una participación en los bazares locales. Además de explorar temas de resistencia feminista y lesbiandad en sus obras, la Colectiva Xolas busca celebrar el amor entre mujeres, ya sea en relaciones sexo-afectivas como los lazos de hermandad.

Más que nada, el mensaje que Xolas busca compartir es decirle a otras, desde su experiencia como mujeres o lesbianas, que están acompañadas.

“Los mensajes puedes ser palabras, pueden ser símbolos, pero siempre es con una intención”, afirma Alavez “Creo que de alguna manera las personas que transitamos esta ciudad sabemos lo que significa la cruz rosa, si vemos el nombre de Isabel en el centro sabemos a que se refiere. Creo que es un decirle a las demás que no están solas y que estamos en las calles”.

Entre Letras, arte en madera que crea conexiones

El arte de Monse es un arte plasmado en madera y le gusta porque siente que le da una segunda vida a la madera que muchas veces las personas piensan que ya no sirve


 

Texto: Itzel Urieta

Fotografía: José Miguel Sánchez

2 de febrero de 2022

Chilpancingo

 

Monserrat Moreno García se define como una mujer inquieta que  le gusta crear y hacer diferentes cosas, es amante del teatro, la pintura y la fotografía. Desde que era pequeña tuvo una inquietud de dibujar, realizaba dibujos que le regalaba a su papá.

Monserrat o Monse que es como le dicen sus amigos, es licenciada en ciencias de la comunicación derivado de su carrera decidió dedicarse de manera profesional a la fotografía. Actualmente es una de sus formas de ingreso.

De sus tantas habilidades Monse pensó en buscar algo que le gustara para comenzar a independizarse cuando estaba en el último año de su carrera. Con su gusto y habilidades para la pintura y el dibujo Monse comenzó a pintar separadores de libro, los llevaba a su escuela y los vendía con sus compañeros.

Después de que varios compañeros conocieran el trabajo de Monse, comenzaron a llegar pedidos más grandes de pinturas, comenzó con haciendo pinturas en acuarela.

Entre Letras

Monse comenzó Entre Letras en el año 2015 y decidió poner ese nombre a su negocio porque se enfocaba en vender separadores de libros y pinturas en acuarela.

Fue hace tres años que Entre Letras dio un giro. Derivada de una inquietud que tuvo Monse cuando asistió a una boda y vio que en ese lugar había muchas tablas de madera con humedad y en condiciones difíciles de trabajar.

Al ver a la persona que llevaba las tablas de madera Monse le preguntó qué harían con ellas, la respuesta fue que serían quemadas. Monse tuvo una sensación triste al ver que serían desechadas. “Toda la boda me pasé pensado qué puedo hacer, no puedo rescatar toda la madera pero por lo menos una parte”, comenta.

“Puedo hacer cuadros ahí”, se le ocurrió a Monse, aún conserva el primer cuadro que pintó en madera. Al inicio pintaba los cuadros en madera, posteriormente y gracias a internet encontró otra técnica que le pareció interesante y creyó conveniente aplicar en su arte.

Monse define Entre Letras como la forma de crear una conexión con sus clientes. Ser cómplice de lo que ellos le piden.

“Me gusta que las personas se sientan con la confianza de contarme aunque sea por mensaje un poco de ellos y que es lo que quieren que plasme”, comenta Monse.

De la acuarela al pirograbado 

Monse veía su página de Instagram cuando le apareció la imagen de una joven realizando un cuadro con pirograbado, esto llamó su atención y decidió investigar más sobre lo que es el pirograbado.

El pirograbado es una técnica que se trata de quemar un soporte, ya sea de papel, cartón, o madera, con el pirograbador marcando un dibujo sobre esa superficie.

Monse siempre ha contando con el apoyo de su familia, principalmente de su padre, fue él quien le obsequió su máquina de pirograbado que aún sigue utilizando para realizar su trabajo.

“Fue algo que no me esperaba, estábamos comiendo y mi papá me dijo que había llegado algo para mí, a mí me extrañó porque yo no había pedido nada y al abrirlo era mi máquina de pirograbado”, comparte.

El proceso para que Monse se adaptara a realizar su arte en madera fue un poco complicado, ella nunca había trabajado con el pirograbado, tuvo que meterse a ver tutoriales  en Youtube, hacer prueba y error hasta que pudo aprender a manejar el pirograbado y los diferentes tipos de madera.

El arte de Monse es un arte plasmado en madera y le gusta porque siente que le da una segunda vida a la madera que muchas veces las personas piensan que ya no sirve.

Dificultades

Monse considera que su arte ha sido bien aceptado. Las redes sociales le han ayudado a vender lo que plasma en madera. En la capital son pocos los artistas que se dedican al pirograbado.

“No es fácil ser artista en Chilpancingo”, comenta Monse. Desde su perspectiva considera que las personas no valoran lo artesanal, las personas prefieren el trabajo rápido y el mayoreo.

Monse cree que hace falta más conciencia sobre el consumo local y artesanal en la capital. “Todo esto es artesanal desde las tablas que tengo  mi papá las lija y me ayuda a rescatarlas”, cometa.

El panorama para los artesanos locales es complicado, a Monse le gustaría poder llegar a más personas, que más gente conociera su trabajo, ante la poca valoración del trabajo artesanal y los regateos Monse busca que Entre Letras siga creciendo.

Metas

Monse quiere lograr muchas cosas para Entre Letras, aunque sabe que es complicado vivir del arte es algo que le apasiona ya ha tenido la oportunidad de laborar en otras áreas afines a su carrera profesional a ella le encanta crear, inspirarse y que sus obras transmitan lo que sus clientes quieren contar. Busca que Entre Letras pueda crecer y ser reconocida.

Una de sus metas es implementar más materiales reciclables para su negocio, ampliar sus productos y poder plasmar su arte en tazas y ropa.

Otra de sus metas es  tener una línea de ropa de manta en la que ella pueda dibujar y plasmar todo lo que su mente imagina.

Monse sueña con que su arte en madera y acuarela pueda ser expuesto y vender sus obras. Me veo haciendo esto toda la vida”.

Los murales de Tixtla, una historia que reivindica a Guerrero y a México

Los murales fueron pintado por Jaime Antonio Gómez del Payán, originario de Aguascalientes, para conmemorar el natalicio de Vicente Guerrero.


Texto: José Miguel Sánchez

Fotografía: Itzel Urieta

25 de enero del 2022

Tixtla

Vicente Guerrero levanta su espada al tiempo que una llama de fuego tricolor lo rodea.  Detrás del tixtleco más famoso de esta ciudad, por quien lleva el nombre el estado, hay un águila y un jaguar en posición de ataque. Junto a él están otros insurgentes guerrerenses como Juan del Carmen, Pedro Asencio Alquisiras, y los hermanos Galena y Bravo.

Esta imagen resalta al entrar al ex ayuntamiento de Tixtla. La representación de Vicente Guerrero es parte de un mural de 730 metros, que realizado en el año de 1984.

El mural fue pintado por Jaime Antonio Gómez del Payán, originario de Aguascalientes, para conmemorar el natalicio de Vicente Guerrero.

“Aquí a Vicente Guerrero se le representa como el auténtico consumador de la independencia”, comenta el maestro en artes plásticas, Manuel Hernández Marbán, quien colaboró en el proyecto.

Hernández Marbán, junto a otras cuatro personas acudieron al llamado de Gómez del Payán para la realización del mural, una iniciativa de la Asociación Nacional de Tixtlecos Amigos (ANTA).

La ANTA fue la encargada de gestionar los materiales para el mural. Gómez del Payán y los ayudantes no cobraron nada para realizarlo.

La obra pictórica está plasmada en los corredores de un antiguo edificio que data de la época colonial, ubicado en el corazón de Tixtla.

La historia oral indica que durante la colonia, las familias españolas más poderosas de la región vivieron ahí, posteriormente fue la casa de Vicente Guerrero, y por muchos años albergó al ayuntamiento municipal.

El inmueble consta de un jardín central, los corredores son el lienzo donde Gómez del Payán plasmó la historia de México. Ciclo mural es como lo denomina Hernández Marbán.

Fue diseñado para que desde el jardín central se pudiera admirar. Está dividido en cinco partes: muro sur, poniente, norte, oriente y el vestíbulo.

En el muro sur comienza la obra que se prolonga 180 metros sobre los muros. Hay varios temas, el primero es una descripción pictórica del valle de Tixtla.

“En esta parte tratamos de representar como era el valle antes de fuera habitado”, menciona Hernández Marbán cuando señala parte del mural.

La parte que señala es el valle de Tixtla desde las alturas, y se observa la laguna rodeada por montañas. Ignacio Manuel Altamirano, escritor, dramaturgo, político y diplomático mexicano originario de este lugar, describió a la laguna como El espejo de los dioses.

Por esa razón, el dios mexica Quetzalcóatl se refleja en la laguna.

Continúa el mural en La Conquista, la cual está representada con un guerrero mexica y un jinete español en un enfrentamiento. Luego aparece el suplicio de Cuauhtémoc.

Los murales cuentan la historia de Guerrero y México

Este paraje es una representación del momento histórico donde el conquistador Hernán Cortes le quema la planta de los pies al emperador Cuauhtémoc, para, según los historiadores, dijera dónde ocultaban sus tesoros.

De acuerdo a Hernández Marbán con está pintura se trató de representar el fin del conocimiento y los saberes del pueblo mesoaméricano.

El mural continúa. Ahora se observa la fusión de la cultura de Mesoamérica y española, así como la fundación de Tixtla.

Al extremo del muro sur se plasmó el inicio de la Guerra de Independencia con Miguel Hidalgo, José María Morelos y al último la consumación de la Independencia con Vicente Guerrero. Esa parte del mural se ocupó hace algunos años para ser la portada de los libros de historia de Guerrero de nivel primaria.

Así culmina la primera etapa del mural.

En el muro poniente del edificio comienza la segunda etapa. Ahí está representado el Plan de Ayutla, con sus principales personajes, militares, políticos e intelectuales. Sigue la Guerra de Reforma

La parte que Gómez del Payán denominó La patria nueva está representado con una mujer que  trae el fuego de la sabiduría y está postrada sobre un pedestal con símbolos prehispánicos.

Termina el muro poniente con un homenaje a Ignacio Manuel Altamirano, donde lo representaron en todas sus etapas como escritor, político, militar y poeta.

Hay una parte del muro poniente que esta sin terminar, esta solamente el dibujo a lápiz, para Hernández Marbán esta es una de sus partes favoritas, pues considera que se puede ver el proceso más rudimentario de una obra de arte.

Sobre el muro norte continua el mural, aquí está plasmado el porfiriato, para esta época de acuerdo con Hernández Marbán se quiso representar la explotación del hombre por el hombre que vivió el país en aquellos años.

Más adelante plasman la Revolución Mexicana, son dos hombres en una batalla cuerpo a cuerpo, uno con uniforme militar y un campesino. “Aquí representamos la lucha del pueblo contra el pueblo, porque esa fue la revolución, un pueblo vestido de militar, contra uno vestido de campesino”, comenta Hernández Marbán.

Después de la revolución se pintó la Constitución de 1917 y se pintaron elementos que se contemplaron en la Constitución, el reparto agrario, el derecho a la salud, a la educación y al deporte.

En la última parte del muro norte se comienza a plasmar la historia de Tixtla, con personajes famosos, y una representación del fandango tixtleco, un baile de tarima, con los músicos y el público jubiloso.

El muro oriente es la última parte del mural, ahí lo que se observa son las tradiciones de Tixtla, la peticiones de lluvias que se realizan en la región, la producción de mezcal, leyendas locales, y danzas tradicionales.

Durante el recorrido la última y quinta parte del mural se le conoce como El Vestíbulo, aunque realmente es la entrada al edificio, ahí se pintó a Vicente Guerrero en dos etapas, la militar y la intelectual, junto con otros elementos. En esta parte Vicente Guerrero está acompañado del libertador de Colombia y Bolivia, el militar Simón Bolívar.

Para Hernández Marbán esto se debe a que Gómez del Payan consideró que Guerrero y Bolívar fueron los verdaderos libertadores de América.

“Los dos (Bolívar y Guerrero) fueron fundamentales para lograr la independencia de América”.

El edificio donde están los murales está abierto al público. Fue remodelado y se llama Centro Cultural Vicente Guerrero, continuamente hay exposiciones de arte y conciertos.

 

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