Javier Lara: del muralismo al taller de grabado

Texto: Itzel Urieta

Fotografía: José Miguel Sánchez

8 de noviembre de 2021

Tixtla

Francisco Javier Lara Díaz aunque dibujaba y pintaba desde pequeño desconocía que lo que hacía se llamaba arte;  a él sólo solo le gustaba tomar un lápiz y plasmar lo que su imaginación le dictara.

Javier Lara, que es como firma sus obras y lo conocen, es originario de Tixtla, Guerrero, y se ha convertido en un artista reconocido dentro y fuera del estado por la elaboración de sus obras y sus aportaciones al mundo del arte en el estado.

El inicio

El primer acercamiento de Javier Lara con el arte fue en el año de 1984 cuando tenía 11 años de edad y cursaba el sexto año de primaria. En ese año se comenzaron a pintar los famosos murales de Tixtla, ubicados en el antiguo ayuntamiento de la ciudad.

Los murales de Tixtla se hicieron en siete años. La obra fue dirigida y realizada por el maestro Jaime Gómez del Payán.

“A mí me tocaba pasar por los corredores del ayuntamiento cuando iba a la primaria y como ya estaba haciendo algunos dibujos me llamaba la atención, me acerqué al maestro Gómez del Payán y nos invitó a que realizáramos algunas actividades”, recuerda Javier Lara.

Comenzó con la preparación de los colores con los que se pintaba el mural. Javier llevaba su cuaderno y lápiz, y Jaime Gómez lo invitaba a pintar y dibujar.

Javier Lara siempre contó con el apoyo de su familia. “Mi papá me hizo mi primer caballete”, recuerda. Él no sabía lo que era un caballete, recuerda que le dijo a su papá: “Me pidieron un caballete”. De inmediato él se lo hizo.

Gómez del Payan inmortalizó la infancia de Javier Lara y la de uno de sus amigos al pintarlos en la parte oeste del mural, ahí se observa a dos niños sentados, uno de ellos parece contar a otro la historia del mural. Javier Lara es uno de esos niños.

“Todavía guardo uno de los bocetos que hizo el maestro Gómez del Payan a lápiz”, recuerda.

Gracias a este proyecto, Javier Lara descubrió el mundo del arte y pensó que en un futuro pudiera dedicarse a ello.

Después del mural

Después de que se terminaran de pintar los murales de Tixtla en el año de 1991, Javier Lara migró a la Ciudad de México para comenzar su preparación como artista.

Su participación en la elaboración de los murales le ayudó a descubrir y saber que quería dedicarse al arte. Cuando Javier estudiaba la prepa ya sabía que quería ser artista.

Javier Lara ingresó a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda,  donde estudió la licenciatura en artes plásticas. Para solventar algunos gastos, Javier vendía dibujos a sus compañeros de otras licenciaturas, quienes le pagaban de 80 a 150 pesos, los cuales le servían para pagar ciertas cosas.

Vivió 10 años en Ciudad de México, cinco años fueron de su carrera y cinco años en proyectos y trabajos que surgieron después de culminar sus estudios.

En su carrera aprendió técnicas como el óleo, acrílico, temples y el grabado. A pesar de que la mayoría de su trabajo es en óleo, el  grabado es la técnica en la que está enfocado actualmente.

“De alguna manera cambié los pinceles por las gubias, las puntas de acero y todo el material que se ocupa en el grabado”, comenta.

El arte de Javier Lara

Después de vivir 10 años en la Ciudad de México, Javier Lara regresa a Tixtla para hacer arte desde el estado, crear proyectos y apoyar a nuevos artistas.

Las obras de Javier Lara están ligadas a la cultura y tradiciones de la zona Centro del estado. Tiene diferentes obras sobre danzas y rituales de petición de lluvias que se realizan en las comunidades cercanas a Tixtla.

Muestra en cada obra como se viven estas tradiciones desde perspectivas diferentes, de acuerdo a las comunidades. Tiene también una serie de obras sobre las danzas

El mundo del arte le ha permitido conocer a otros artistas del país y colaborar con ellos. Su arte ya es conocido a nivel nacional e internacional. En el año 2019 fue a exponer parte de su obra a Dallas, Texas, Estados Unidos en el Consulado Mexicano. Lleva cuatro años enviando su obra a Francia, donde ha sido bien recibida.

Javier Lara ha logrado trascender fronteras y mostrar parte de la cultura del estado al mundo.

Las dificultades en el arte

Javier Lara considera que las cosas se han ido dando y acomodando, tanto en producción como en ventas.

Algunas de las cosas más complicadas que ha tenido que enfrentar es que no hay espacios para promover el arte y la falta de acercamiento de las personas. A él le gustaría consolidar un lugar para que las personas aprendan, valoren y se acerquen a este mundo.

Javier Lara considera que debería haber una escuela de arte. A pesar de que en Tixtla hay muchos artistas cree que con una escuela de arte podría haber mejor producción. “Creo que todavía hace falta más trabajo”, comenta.

Taller de grabado El Viejo Ranero

Además de trabajar en las obras sobre tradiciones de la zona Centro, otro de los objetivos por los que Javier Lara decidió regresar a Tixtla fue para crear un espacio en el que artistas locales pudieran generar obras, así nació el Taller de grabado El Viejo Ranero.

El nombre del taller es en referencia a una leyenda local de Tixtla. La leyenda cuenta que existía una persona que vivía en la parte baja de Tixtla que no se dejaba ver mucho y guardaba cierto misterio. Se conocía que era una persona que tenía mucho conocimiento y que durante el tiempo que vivió ahí había cosecha abundante para los campesinos.

“Y ahora nosotros en el taller también queremos que haya buenas cosechas pero de grabado, de obra de arte”, comenta Javier Lara.

A pesar de que el taller ya lleva cuatro años, por diferentes circunstancias no ha  podido ser abierto totalmente al público. Su plan es que acudan artistas a realizar obras.

El Viejo Ranero tiene dos objetivos principales: hacer arte desde el estado y que sea un lugar permanente de producción, que las obras se muevan a otros lugares pero que se consoliden en Tixtla.

Javier Lara también buscar colaborar con otros artistas que tengan experiencia y le ayuden con el taller, que tengan colaboraciones con otros grupos de grabado.

Javier Lara tiene en sus planes apoyar a los nuevos artistas ofreciéndoles el espacio como suyo y llevando a las comunidades y colonias de Tixtla un taller de grabado móvil para impartir cursos a personas que no tienen acceso a algún curso de arte.

Javier Lara cuenta con 30 años de experiencia en el mundo del arte, pero no quiere detenerse ahí. Tiene más proyectos, quiere seguir desarrollando su arte y aprendiendo sobre técnicas.

“Hay mucho por hacer en el área de la producción personal y en el área de formar a otros compañeros que en un futuro puedan desarrollarse en esta actividad, creo que es el momento de compartir todo lo que se ha aprendido en este tiempo”.