Texto: Beatriz García
Foto: Beatriz García y Archivo Amapola Periodismo
Chilpancingo
Jueves 25 de junio del 2026
En la Comunidad Indígena y Popular Emperador Cuauhtémoc, ubicada al sur de la ciudad, a media hora del centro de la capital guerrerense, vive Clara Hernández Villanueva, de 55 años, originaria de la localidad de Petaquillas, quien se ha convertido en un pilar de resistencia comunitaria al rescatar la partería tradicional en el contexto urbano.
Sentada en un cuarto de madera rodeado de frascos llenos de líquidos con una variedad de plantas y flores medicinales, donde hay una cama de masaje, Clara Hernández relató su experiencia en la partería tradicional en la ciudad. Ella procura y acompaña a las mujeres embarazadas durante la gestación de su bebé y en el pos parto.
Su historia comenzó con las ciencias de la salud en las aulas de la Facultad de Enfermería de la Universidad Autónoma de Guerrero (Uagro) hace más de 30 años, pero la presión del sistema académico y la llegada de su propia maternidad la obligaron a abandonar sus estudios cuando le faltaba un semestre para graduarse.
En ese entonces Clara vivía en la colonia PRD, al lado poniente de la ciudad. En aquellos años los pobladores veían el centro de Chilpancingo como una zona muy alejada porque, además, no había suficientes unidades del trasporte público.
La necesidad apremió la intervención de Clara, porque dos vecinas estaban a punto de parir y era de noche y no había transporte público; tampoco un centro de salud cerca. Las atendió de emergencia en momentos distintos.
Clara usó los conocimientos que adquirió durante su paso por la Facultad de Enfermería. «Me gustó, me interesó, pero no lo llevé a cabo de inmediato», relata.
Tiempo después, hace 20 años, Clara se mudó a la Emperador Cuauhtémoc. Ahí descubrió que la salud no solo se atiende en los hospitales, sino también en comunidad. Su inquietud por la partería tradicional estaba latente.
La Comunidad Indígena y Popular Emperador Cuahutémoc fue fundada hace 20 años por migrantes de pueblos indígenas que llegaron a la ciudad, quienes formaron parte de la organización Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena. Los servicios con los que cuenta los lograron de manera autogestiva, porque todavía no son un asentamiento regularizado. Aquí comparten saberes ancestrales, algunos pobladores se instruyeron en medicina tradicional para aplicarla en la comunidad.
A Clara le llegó la oportunidad de adquirir una beca por la Universidad Campesina del Sur para capacitarse en herbolaria básica, nutrición y masajes. Sus conocimientos los dirigió hacia la partería.
Combina lo que aprendió en la universidad, pero da prioridad a la medicina tradicional.
En la Comunidad Emperador Cuauhtémoc los habitantes también montaron un temazcal (de origen ancestral y en su interior se dan baños de vapor con fines físicos, medicinales y espirituales) y ahí Clara también atiende a las parturientas que acuden de colonias de la periferia; hace una mezcla con las plantas medicinales.
En su periodo de gestación, trata a las embarazadas con aceites esenciales que ella misma prepara con plantas como romero y rosas. Con los aceites esenciales soba y acomoda a los bebés en el vientre de su madre. Para la ansiedad gestacional y los dolores de cabeza recomienda tés de plantas cordiales, principalmente de flores blancas, como la manzanilla, la albahaca y la aceitilla.
Chilpancingo segundo lugar en atención de partos con partera tradicional
En Guerrero hay 2,608 parteras tradicionales, de acuerdo con el censo del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGSR), de la Secretaría de Salud Federal (SSA). Estos datos sitúan a la entidad en el segundo lugar del país con el mayor número de parteras.
Los municipios con mayor atención de partos con partera tradicional son Chilapa, seguido de Chilpancingo y en tercer lugar José Joaquín de Herrera, de acuerdo al Centro de Investigación de Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), quien hizo un informe sobre la partería indígena tradicional (2021-2022).
En ese mismo informe está documentado que hubo 51,234 nacimientos en Guerrero durante 2020, y que de estos 3,276 fueron atendidos por parteras.
Llama la atención Chilpancingo y su segundo lugar en atención de partos por partera tradicional, porque alberga la capital del estado y concentraría la mayoría de los servicios públicos, como los hospitales.
Sin embargo, los servicios públicos en los pueblos son muy deficientes en comparación con las zonas urbanas; las fallas van desde el transporte público y el mal estado de los caminos, hasta la falta de personal médico en las clínicas locales. Esta situación ha sido denunciada en repetidas ocasiones por los pobladores en la capital del estado. Ante este panorama, muchas mujeres embarazadas se atienden con parteras.
Hay mujeres también que eligen la partería de manera voluntaria al ser una práctica ancestral de cuidado materno-infantil y una alternativa frente a la violencia obstétrica de las instituciones de salud.
Chilpancingo tiene 283,354 habitantes y 105 localidades de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Para conocer cifras exactas sobre el número de parteras tradicionales que hay en la capital y la labor que desempeñan en este municipio se solicitó información en reiteradas ocasiones a Comunicación Social de la Secretaría de Salud (SSA) del estado sin obtener respuesta.
Nayeli Rodríguez Flores, la secretaria general de la organización Raíz Zubia, organización que trabaja el acompañamiento, reconocimiento y agrupa a parteras tradicionales en diferentes zonas de Guerrero, compartió una lista de parteras tradicionales de Chilpancingo que solicitaron a la SSA en el 2013.
En ese año, Chilpancingo tenía registradas 36 parteras, la mayoría concentradas en localidades, solamente dos en la ciudad capital.
En la localidad del Fresno había cuatro; en La Esperanza, San Cristobal, Río Verde, Coacoyulillo y San Vicente, tres en cada una; en Inscuinatoyac, Mazatlán, Ocotito y la capital, dos en cada una; Azinyahualco, Petaquillas, Tejocote, Zoyatepec, Tlahuizapa, Jaleaca de Catalán, Heliodoro Castillo (Chicahuales), las Palmas, una en cada una, y el registro de una partera más que no tiene identificada su localidad.
Aun cuando Raíz Zubia no ha trabajado con parteras en Chilpancingo, porque concentra su trabajo en zonas de la Costa Grande y Acapulco, tiene ciertos datos, porque las parteras de este municipio no están organizadas.
Por lo que ha analizado, en municipios como Chilpancingo, la partera tradicional persiste por su densidad de población, porque son lugares donde migran personas de otros municipios. La capital es la sede política y de las oficinas del servicio público en el estado, además concentra la mayor oferta universitaria pública y privada.

Falta de calidez y acompañamiento institucional
El trabajo de la partera tradicional es importante en el postparto, un periodo que Clara define como de alta vulnerabilidad en la mujer, debido a la «frialdad» que entra al cuerpo durante el parto.
Entonces mediante el uso del temazcal y la técnica ancestral del «manteado», Clara ayuda a cerrar la cadera y reacomodar el sistema óseo de las recién paridas, una atención post-hospitalaria que el sistema de salud público ignora.
Esta falta de calidez y acompañamiento institucional es una constante en la región.
Incluso en hospitales de la capital, como el Hospital del Niño y la Madre y el Hospital General Raymundo Abarca Alarcón, usuarios han denunciado de manera pública violencia obstétrica. Por ejemplo, durante el 2019 y 2022, en el Hospital del Niño y la Madre, en dos casos distintos, en el primer caso los familiares denunciaron la muerte de un bebé a causa de una bacteria que solo se localiza en baños públicos, y en el segundo caso una mujer denunció que ingresó al hospital porque murió su bebé, pero ya llevaba horas y no le decían a qué hora se lo extraerían poniendo en riesgo a su salud.
En el 2021, en el Hospital General Raymundo Abarca Alarcón una mujer denunció que con seis meses de embarazo le indujeron su parto, cuando solo acudió por unos estudios; en 2022 una mujer parió afuera hospital porque las enfermeras le dijeron que todavía le faltaba.
En Chilpancingo hay otras fallas en el sistema de salud, incluso en proyectos alternativos gubernamentales, como el caso de la Unidad de Partería de Chilpancingo. A la nuera de Clara la rechazaron por ser menor de edad, aunque ella la compañaba. En la Unidad de Partería la atención es específicamente con parteras profesionales, es decir, que tiene formación académica.
Un conocimiento ancestral que resiste
Clara Hernández se ha dedicado a replicar sus conocimientos. Su labor comunitaria la ha llevado a compartir talleres de medicina tradicional y también ha dado conferencias en la Escuela de Partería en Tlapa y ha intercambiado sus saberes con parteras tradicionales en comunidades de Acatepec, Acapulco y Atoyac.
Planteó que en la ciudad existe más estigma hacia las parteras y que, seguramente, muchas de ellas sienten vergüenza, lo que imposibilita conocer su paradero. No cree que solo existan las dos que arroja el registro de la SSA.
Clara considera que esta práctica se concentra en las comunidades rurales del municipio, percibe temor entre las mujeres de la ciudad de ser asistidas por parteras debido al estigma social. Por esa razón, al menos en la cabecera municipal, las parturientas prefieren acudir directamente a los hospitales.
Para las colonias de la periferia de Chilpancingo, o aquellos pueblos de este municipio donde el sistema de salud está colapsado, la labor de parteras como Clara no solo es una alternativa, sino la única garantía de no parir en la total soledad.














