Texto: Alejandra Guillén /Periodistas de la Pie
Foto: Cortesía
Martes 12 de mayo del 2026
En la esquina más oriente de Zacatecas, en los límites con Durango y Nayarit, se ubica El Crucero de Santa Cruz (Valparaíso, Zacatecas) que actualmente es un pueblo casi abandonado al igual que decenas o cientos de rancherías y poblados de la Sierra Madre Occidental.
Casi abandonado porque los hombres armados andan por las carreteras y los poblados de la sierra boscosa de Valparaíso. En El Crucero de Santa Cruz es difícil saber cuántas familias alcanzaron a escapar, cuántas se llevaron con fines de leva, cuántas desaparecieron y cuántas asesinaron.
El Crucero de Santa Cruz se encuentra a 108 kilómetros de Huejuquilla El Alto, Jalisco. El camino atraviesa Jalisco, Zacatecas, Durango y luego regresa a Zacatecas, en la zona más alta y boscosa de la sierra de Valparaíso. Desde este lugar se puede ir a la comunidad wixárika de San Andrés Cohamiata, girando al sur, y a poblados nayeri como Jesús María, en Nayarit, siguiendo hacia el este. Y sobre todo, es el punto alto de la montaña desde el que se vigilan todos los caminos.
Santa Cruz es un pueblo con unas 50 casas distribuidas a los costados de la carretera. Hace algunos años tenía tres tiendas de abarrotes, un taller mecánico, un establecimiento de venta de fertilizantes, un rodeo, escuelas, una capilla, ojos de agua que abastecían al pueblo, miradores donde se juntan las nubes, infancias explorando caminos y veredas, vacas, gallinas, jaripeos.
Sólo quedan un par de establecimientos de gasolina. En El Crucero se repitió la violencia de toda la Sierra Madre Occidental: hombres armados llegando a los poblados, matando a personas clave como representantes agrarios y aquellos que resisten de algún modo, así siembran terror, amenazan igual a tenderos que a profesores, se llevan a hombres y mujeres con fines de reclutamiento forzado, matan o desaparecen a los que acusan de colaborar con el grupo contrario hasta que todas las familias huyen del lugar.

Desde 2020 circularon videos del Cártel Jalisco Nueva Generación irrumpiendo en la zona montañosa y otros poblados del municipio de Valparaíso, con la narrativa de que iban a disputar el territorio con la empresa criminal del Cártel de Sinaloa. Esos años se reportaron enfrentamientos, cuerpos baleados e incinerados en las carreteras, cientos de familias desplazadas huyendo de la violencia en la sierra. Diversas dependencias del gobierno de Jalisco reportaban retenes del crimen organizado y robos de vehículos institucionales, especialmente camionetas que son útiles para andar en las brechas.
La vida campesina les permitía la autosuficiencia de alimentos. Tenían maíz, frutales, hortalizas, cabañas hechas con madera, plantas y hongos del bosque, vacas para los lácteos y la carne, gallinas y huevos. Fogatas para cocinar o por las noches para ver las estrellas.
Hasta que estas empresas criminales comenzaron a imponer un nuevo orden social en esta zona serrana.
Un sobreviviente de este poblado narra que los primeros que asesinaron eran dueños de negocios, autoridades agrarias de ese poblado u otros, sus cuerpos los dejaban como castigos ejemplares al que se rebelaba, en lugares visibles, con signos de tortura y mensajes amenazantes.
Entre ambos grupos aterrorizaron todos los poblados de estas zonas serranas limítrofes de Durango, Zacatecas, Nayarit y Jalisco. En los enfrentamientos morían decenas de hombres y la pregunta se mantiene: ¿habrán sido jóvenes reclutados con engaños?
En 2021 fue asesinado Fray Juan Antonio Orozco Alvarado, de la Misión Franciscana de Santa Lucía de la Sierra (también en Valparaíso). El 13 de junio de 2021 iba a celebrar la eucaristía en una comunidad o’dam de Durango. Lo asesinaron en un enfrentamiento entre grupos criminales. En la carretera quedaron camionetas y cuerpos calcinados.
Aunque muchas familias huyeron en ese momento, las escuelas del Crucero de Santa Cruz seguían funcionando. Hasta que desaparecieron a la maestra de la primaria. La población se movilizó para exigir su liberación y rogar que la liberaran. La soltaron pero la escuela cerró.
Todavía a finales de 2019 los padres de familia subían videos de la faena que hacían en la escuela o actividades deportivas que organizaban con las y los niños. En el plantel pintaron un mural de Frida Kahlo que actualmente muestra nulo mantenimiento.

En 2022, el gobierno de Zacatecas reconoció desplazamientos masivos de todas las poblaciones serranas de Valparaíso, como El Mirador, Peñitas de Oriente, Loma de la Cruz, Sal si puedes, El Chilar, Vicente Escudero.
En todos esos caminos se mantienen retenes con hombres armados que revisan celulares, vehículos, extorsionan a los que trasladan alimentos para sus tiendas de abarrotes.
En El Crucero de la Santa Cruz, los criminales también cercaron los nacimientos de agua y en los últimos años han visto circular camiones que saquean la madera del bosque.
Las 200 personas que habitaban eran campesinos, ganaderos, tenían tierras fértiles y húmedas. A todos les quitaron su ganado o en el mejor de los casos los obligaron a venderles las vacas al precio que ellos decidían. Los señores mayores se aferraban a quedarse hasta que fue imposible continuar la vida: se fueron a Estados Unidos o a otros estados.
“Era común que llegaban con alguien y le decían ‘tú te vas a encargar’, no era opcional, pero luego llegaba otro grupo y decía lo mismo. Y así fue como también mataron a mucha gente que siempre estuvo obligada a hacer lo que les decían, no porque ellos quisieran. Las familias no pudieron denunciar las desapariciones de los jóvenes que reclutaban porque estaban amenazados. A las casas llegaban, tocaban y rápido hacían el movimiento, tomaban al joven y se lo llevaban, enfrente de la familia y de día”.
Reclutamiento forzado
Del Crucero de Santa Cruz incluso se llevaron a tres jóvenes que meses después liberaron. En el pueblo se supo que las llevaron como cocineras y no se sabe qué más pasó. Su semblante cambió por completo. En cuanto pudieron, huyeron con sus familias.
Un sobreviviente cuenta que pocas personas alcanzaron a huir del pueblo, “desgraciadamente hubo mucho reclutamiento y están involucrados ya, se metían a las casas, tomaban lo que encontraban, quemaban las casas. Hubo un saqueo increíble, se llevaban cajas o remolques con tinacos, tractores, terrible el desmantelamiento de todo el patrimonio de la gente”.
En 2024 ya nadie más pudo quedarse. Lo mismo ocurrió en poblaciones o’dam de los alrededores.
“Todas sufrieron una violencia muy fuerte, les dejaban personas colgadas a la entrada de los pueblos, desnudos, con letreros, y los que quedaban en las comunidades eran obligados a participar con puntos de venta, como halcones, y luego los desaparecían”, cuenta.
El poblado o’dam de Santa Lucía de la Sierra también quedó como zona de miedo.
“Se notó de manera increíble cómo algunos poblados se quedaron solo con las viudas. Se llevaron a los jóvenes desde los 14 años, era una población indígena con muchos niños, era 2023. Se llevaron a todos los hombres, les dijeron que ya no regresarían, que estaban muertos o trabajando, que no los esperaran. En las cuatro comunidades hubo mucho reclutamiento porque ambos grupos querían más gente para controlar el territorio”, agrega.
Las barrancas de la sierra están llenas de cuerpos. Muchos de ellos pueden ser de personas que llevaban reclutadas de otros lugares. “Era común escuchar acentos de otras zonas cercanas y viceversa, se decía que los de Durango y Nayarit ahí andaban, y los nayeris y tepehuanos los cambiaban a esta zona”, concluye.

El dominio en Huajicori
Desde mediados de 2024 varias comunidades de Huajicori, al norte de Nayarit, se han quedado sin gente debido a la violencia que ejercen en su contra tanto la facción del Cártel de Sinaloa leal a Ismael “El Mayo” Zambada (Operativa MZ) como el Cártel de Jalisco Nueva Generación, aunque las autoridades estatales han intentado minimizar la situación, los testimonios de quienes habitan o transitan (siempre anónimos por seguridad) la región dan otra dimensión al discurso oficial.
Los primeros desplazados llegaron buscando refugio a la cabecera municipal desde comunidades como San Andrés Milpillas, Mineral de Cucharas, El Llano o Mesa de los Ricos y aunque la falta de información oficial hace imposible conocer cuántas de las 170 localidades que conforman el municipio están afectadas por la violencia de los cárteles, algunos de los involucrados en el apoyo a los desplazados estiman que durante estos años más de dos mil personas han dejado en algún momento sus casas para escapar, algunos han vuelto, otros han migrado a ciudades como Tepic, Mazatlán, Mexicali, Tijuana o San Luis Río Colorado. Para dimensionar el tamaño de estas movilizaciones basta decir que, según datos del ayuntamiento, en Huajicori habitan 11 mil 400 personas aproximadamente.
El cerco mediático
Los primeros avisos de lo que ocurre en aquella región de la Sierra Madre Occidental emergieron en las redes sociales, pero cuando los medios de comunicación comenzaron a retomar esa información el gobierno del estado, encabezado por Miguel Ángel Navarro Quintero, se empeñó en negarlo e incluso algunos funcionarios dijeron a reporteros que se tenía la sospecha de que se trataba “de una campaña de desinformación en redes sociales”.
Ante el cúmulo de denuncias y reportes, que comenzaron a incluir amenazas a profesores y personal médico, el 1 de julio de 2024, el subsecretario de Derechos Humanos del gobierno de Nayarit, Daniel Sepúlveda, reconoció que sabía de “situaciones graves” en el municipio de Huajicori, pero no explicó más.
Más tarde ese mismo día, y sin dar mayor contexto, el gobierno estatal emitió un comunicado en el que señaló que por órdenes del gobernador la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en coordinación con fuerzas federales y estatales, se encontraban realizando acciones en zonas estratégicas de Huajicori para mantener la seguridad.
El 3 de julio la secretaria de Gobierno de Nayarit, Rocío Esther González, insistía en que el tema de las personas desplazadas era sólo un rumor: “sé que se ha rumorado esa situación, sin embargo lo único que nosotros tenemos es que ahorita efectivamente esa zona está cuidada, está resguardada y no tenemos conocimiento de desplazamientos”, decía, pero dos días más tarde el entonces fiscal del estado, Petronilo Díaz Ponce-Medrano, reconoció que la violencia de los grupos criminales afectaba a los pobladores de la región pero continuaba minimizando el problema al asegurar que se trataba de “enfrentamientos de cerro a cerro” en los que habían quedado expuestas algunas personas ajenas al conflicto entre delincuentes.
El sinsentido del desplazamiento
El 27 de enero de 2025 la violencia que se regodeaba en las comunidades más enclavadas en el monte irrumpió en la cabecera municipal y el cuerpo desmembrado de un hombre fue esparcido en varios puntos del centro de Huajicori, dos días después sujetos armados irrumpieron en la casa de Isabel Castañeda, exreina de belleza del municipio y cuñada del exalcalde Saúl Sánchez, para asesinarla delante de sus dos hijos, al día siguiente varios sicarios entraron al hotel El Único y asesinaron al dueño. El actual alcalde, Sergio Rangel, suspendió las festividades en honor a la Virgen de la Candelaria, tradicionalmente celebradas del 31 de enero al 3 de febrero y consideradas uno de los festejos religiosos más importantes del estado.
“Nos quedamos aquí porque no tenemos a dónde ir, pero es cruel estar en un lugar donde pueden matar a cualquier hora, o desaparecer y no hay quien busque a nadie porque no se puede, porque no se investiga, en los cerros hay cientos de muertos y nadie sabe quiénes son, no hay quien vaya por ellos”, relata un habitante de ese municipio.
Explica que, además, los delincuentes cortan las cadenas de suministro de alimentos en la región, incendiando tiendas o robando y asesinando a comerciantes que suben a las poblaciones a llevar alimentos.
“Es terrible, no hay opciones de nada, no puedes estudiar porque es común que se suspendan las clases a veces hay 15 días y luego un mes no, no hay trabajo porque aquí el principal empleador es el ayuntamiento y la otra fuente de ingresos son los programas sociales, y si emprendes algo los delincuentes te lo quitan o te dañan para extorsionarte, parece que quisieran matar los sueños de vida de las personas y orillarte a tomar un bando y si lo haces el otro bando te aniquilará”, dice.
“Me pregunto a quién beneficia todo esto, en las comunidades desplazadas no hay producción de nada ni gente para que se la lleven a trabajar ni a la que le puedan vender drogas… ¿qué se pelean? A veces pienso que sea una estrategia a largo plazo por el mineral rico y en la región, un proyecto a largo plazo para que ya no haya nadie que se oponga si dañan un lugar sagrado o algo así. ¿Qué están ganando con que haya todos estos desplazamientos? ¿Por qué no se detiene? ¿Por qué cuando se empezó a hacer mediática de lo que sucedía no se aseguraron de que la gente pudiera volver a sus comunidades? Es absurdo cómo todo esto sigue avanzando y no hay nada que lo detenga, nadie lucha contra esto. ¿Qué sentido tiene continuar con esto? Mucho hemos pensado en dejar el pueblo pero luego yo pienso: ¿por qué rendirnos? ¡No tienen que tener la última palabra!”.
Este reportaje forma parte del proyecto «Desplazamiento forzado, una herida sin sanar en México», de Periodistas de a Pie.















