Toronjil y semita, una dupla mística que te ancla a Chilpancingo

Imagen creada con IA.

Texto: Beatriz García

Foto: Amapola Periodismo

Chilpancingo

Lunes 13 de abril del 2026


“¿No va a querer toronjil? Vale 25 pesos”, dice una niña afuera de un centro comercial ubicado al oeste de Chilpancingo. Un vendedor de pan completa la oferta: “¿No va a llevar semitas?”. No vienen juntos, pero esta coincidencia no es casualidad en Chilpancingo, es el reflejo de una tradición que dota de identidad al municipio y que se resiste a morir, pero el riesgo de que ocurra es grande.

Es común escuchar en la ciudad “si tomas té de toronjil y comes semita quedas atado a Chilpancingo para siempre”, como si se tratara de una pócima mágica.   Sus habitantes la han repetido por años y la dicen a los recién llegados o visitantes. La ciudad, capital de Guerrero, es de flujo continuo por ser el centro político, sede de instituciones públicas y de mayor oferta universitaria en el estado.

Este dicho popular está arraigado en los adultos mayores, pero existe el riesgo de que sea olvidada por las nuevas generaciones.

El toronjil es una planta emblemática de Chilpancingo. Al entrar en contacto con el agua caliente, desprende un aroma dulce y sutilmente mentolado que envuelve por completo el ambiente, lo que anticipa su sabor.

En Guerrero hay cuatro tipos de toronjil. En la sierra hay tres y el que se da más en Chilpancingo es el de flor roja, de acuerdo con la directora del Herbario Universitario, Natividad Herrera Castro, como se documentó en Amapola periodismo en agosto del 2022.

La semita es un pan de forma circular y de tamaño generoso, coronado por cordones de masa que adornan su corteza. Tradicionalmente, su interior es un relleno de piloncillo y requesón.

Pero, ¿por qué dicen que si pruebas el té de toronjil y la semita ya no te vas de Chilpancingo?


La semita, tradición gastronómica de Chilpancingo
La tradicional semita de Chilpancingo. Foto: Archivo Amapola.

La semita, distintivo chilpancinguense

Es jueves por la mañana. Los clientes comienzan a llegar a la panadería San Mateo, ubicada en el barrio con el mismo nombre, el más popular de la ciudad. Los clientes toman una charola y escogen las piezas de pan. Hay conchas, gusanos, panadero, chisme, una muela, rosquete, bolillo, telera. En ese momento solo quedan dos piezas de semita, porque la elaboran solo los martes.

Marcos Nava Damián, de 72 años, es el panadero y dueño del negocio, y da cuenta de la leyenda que corre sobre la semita. A los 18 años, para ese momento ya con cuatro años de experiencia, comenzó a escuchar las historias de personas adultas y sabe que quienes la popularizaron fueron los hermanos Raymundo y Victorio Organista, en el siglo pasado. Ambos ya fallecidos.

La panadería San Mateo es una de las más populares y antiguas de la capital, pero se ha enfrentado a una competencia dura con la llegada de las tiendas de autoservicios. Por ese mismo motivo solo hornea semitas los martes, porque la demanda bajó y los insumos son caros. Elaboran solo el tamaño individual a un precio de 17 pesos.

Existe diferentes tamaños de semitas, la individuales y tamaño mediano y grande, para compartir.

Además, en Chilpancingo han surgido una variedad de sabores de semitas con alimentos industrializados, por ejemplo, les incorporan crema de avellanas, queso crema y mermeladas. En la panadería San Mateo solo elaboran las piezas a bases de harina, levadura, manteca, huevo y con relleno de piloncillo y requesón, las tradicionales.

Las variaciones recientes han alterado la elaboración de este pan popular. Hay muchos revendedores, sobre todo, en los alrededores de la zona de terminales de autobuses de transporte foráneo. Compran en volúmenes grandes y la semita se endurece, entonces así llega a manos de comensales. 

Marcos Nava dice que por ese motivo no ha accedido a vender por mayoreo, porque se niega a poner en riesgo el prestigio de su panadería y del tradicional pan.

La escritora Michelle Ruiz, quien ha dedicado su trabajo al rescate de la memoria histórica a través de la comida, comparte que la semita es un pan tradicional que tiene elementos históricos, como los listones de la masa que lleva encima de su corteza, que hacen alusión a decoraciones de panes antiguos.

Aclara en entrevista que la semita de Chilpancingo es distinta a la que hay en otros estados, que solo preparan con harina, huevo, sin azúcar. Su aspecto histórico se lo da el relleno de piloncillo y requesón.

El piloncillo, detalla, es un endulzante antiguo que se remonta a la época de la colonia, que se tiene que quebrar para utilizarlo. El requesón tiene que ver con un aporte lácteo que se da después del siglo 17, cuando llegan a México las vacas.

Estos ingredientes, dice, pueden no tener trascendencia entre los jóvenes, al considerar a la semita como “un pan de pueblo”, lo que ha generado que le agregaran ingredientes que modificaron este pan tradicional.


La hierbas de Toronjil que son venidas en los mercados de Chilpancingo. Foto: José Luis de la Cruz/ Archivo Amapola.

“Yo tomé té de toronjil con semita y me quedé” 

Michelle Ruiz es escritora, originaria de Acapulco, pero vive en Chilpancingo. “Vine, tomé té de toronjil y semita y me quedé a vivir aquí”, dice y reproduce la  leyenda de la ciudad.

Dice que Chilpancingo no es solo mezcal y Pendón, el paseo de danzas que  autoridades locales realizan cada año, un domingo antes de navidad, para anunciar la feria anual de Chilpancingo. Para ella, la esencia de la capital también está en la convivencia familiar y la armonía de compartir un pan con un “tecito”, un ritual cotidiano chilpancinguense.

La introducción de tés, como el toronjil, marca una identidad particular de las zonas montañosas de Guerrero, como Chilpancingo, donde crecen este tipo de hojas.

La escritora explica que este té simboliza la comunión entre el clima y la tierra. Con un aroma dulce y distintivo, la bebida nace de una planta silvestre que ha ganado gran popularidad en la región. La fertilidad del suelo y la propia necesidad de los habitantes integraron este recurso natural a la dieta cotidiana de Chilpancingo. 

Explica que aun cuando pareciera que la cultura del té es inglesa o japonesa, en Chilpancingo es una conexión estrecha con lo orgánico y la salud.

Esta planta, además, es medicinal, por sus propiedades digestivas y relajantes, pero al mismo tiempo es una planta sobrexplotada. En la actualidad es difícil hallarla en los cerros cercanos a la ciudad, de acuerdo con la directora del Herbario Universitario.

El toronjil y la semita son dos alimentos en la historia de Chilpancingo que generan identidad e invitan a crear comunidad. La escritora destaca una profunda sensación de arraigo que sobrevive gracias a los adultos mayores. Son ellos quienes preservan la leyenda y la comparten con los viajeros.

Pero esta tradición culinaria puede perderse, porque en la actualidad hay una variedad de semitas por la incorporación de ingredientes industrializados que, a la vez, generan competencia desleal.

El tamaño original de la semita, según la escritora, era grande, para compartirla y convivir.

Son tradiciones que alcanzan sistemas sociales, de comunidad, si la gente deja de valorar ese consumo disminuye, y disminuye su oferta. Si las generaciones actuales no se apropian de esta tradición identitaria quedará en el olvido, y ese es el gran riesgo para la dupla de la semita y el toronjil, sentencia Michelle Ruiz.

 


*La imagen de portada fue creada con el uso de IA (Gemini). 

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