Los habitantes del puerto deben considerar como parte de sus actividades cotidianas la protesta para lograr que el agua llegue a sus casas. Vecinos exponen que Capama permite la conexión de mangueras clandestinas para la reventa
Texto: Jesús Vázquez
Foto: Cromática, agencia fotográfica y multimedia
Guerrero
Miércoles 4 de febrero del 2026
Acapulco siempre sufre de agua. Es un hecho, una queja permanente en las colonias populares del puerto, al otro lado del Maxitunel. Es la preocupación principal de sus habitantes.
De acuerdo con estimaciones de la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), informe que mide la percepción ciudadana en distintas problemáticas, como seguridad y desempeño gubernamental, el agua es el principal problema del puerto, según un 95.1 por ciento de los encuestados.
| Acapulco de Juárez
Principales problemáticas de la ciudad (ENSU, diciembre 2025) |
Personas (absolutos) | Porcentaje (%) |
| Fallas y fugas en el suministro de agua potable | 502,368 | 95.1 |
| Baches en calles y avenidas | 484,897 | 91.8 |
| Alumbrado público insuficiente | 447,816 | 84.8 |
| Delincuencia (robos, extorsiones, secuestros, fraudes, etc.) | 425,298 | 80.5 |
| Deficiencias en la red pública de drenaje | 419,906 | 79.5 |
Si nos apegamos a los datos de la ENSU, más de nueve de cada diez habitantes de Acapulco identifican las fallas en el suministro de agua potable como el principal problema de la ciudad.
La queja de los locales no es nueva. Incluso antes del golpe de los huracanes Otis y John, que afectaron la infraestructura de distribución del agua, como los acueductos Papagayo I y II, la falta de agua era la principal problemática.
La ENSU, publicada en septiembre de 2023, expone que la distribución del agua era un problema para el 91.9 por ciento de los encuestados, habitantes del puerto.
| Acapulco de Juárez – Principales problemáticas de la ciudad (ENSU, septiembre 2023) | Personas (absolutos) | Porcentaje (%) |
| Fallas y fugas en el suministro de agua potable | 497,261 | 91.9 |
| Baches en calles y avenidas | 437,680 | 80.9 |
| Delincuencia (robos, extorsiones, secuestros, fraudes, etc.) | 398,521 | 73.7 |
| Alumbrado público insuficiente | 399,350 | 73.8 |
| Coladeras tapadas por acumulación de desechos | 369,263 | 68.3 |
Los datos sugieren que, para la población, la falta de agua sigue siendo un problema estructural no resuelto, más allá de los impactos climáticos recientes que solo agravaron la situación.
El impacto en las colonias es distinto y con variaciones en el origen del problema, aunque el malestar es el mismo.
En la colonia Villa Madero, Ana vive en la ironía, pues su casa está a un tiro de piedra del tanque de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (Capama), y aun así pasa meses sin agua.
“Ese tanque bombea a varias colonias. Cuando echan el agua, el tanque queda lleno o por lo menos a la mitad”, explica Ana.
Ella denunció que vecinos sin contrato con Capama conectan mangueras clandestinas directamente al tanque y revenden el agua a quienes, como Ana, sí pagan su recibo. También dijo que Capama lo sabe.
Antonio Lorenzo Rojas Marcial, director general de la paraestatal, realizó un recorrido el pasado 15 de diciembre en las colonias Ampliación 05 de Mayo y PRI-Coloso para remover tomas clandestinas, o mejor dicho, mangueras conectadas a tubería perforada para extraer el agua.

Ana paga cada mes 140 pesos al organismo, pero termina desembolsando hasta 300 pesos extra para comprar esa misma agua obtenida de manera clandestina o pipas para subsistir.
Para Ana, el problema no termina en el desembolso extra. Su desgaste continúa vía telefónica al marcar constantemente a Capama para reportar la falta de agua. Para conseguir que le hagan caso, se ve obligada a realizar entre cinco y seis llamadas a la semana, una insistencia permanente para lograr que, con suerte, le bombeen agua el martes o sábado siguiente.
“No podemos hacer nada más”, indica.
Una vez, la indignación de Ana la llevó a las oficinas de Capama en Las Cruces, donde se encuentra el sistema de bombeo. Allí, encaró a los funcionarios sobre el robo de agua frente a su casa y recibió excusas.
“Me dijeron que ellos no podían hacer nada, ni quitar ninguna manguera por la situación de inseguridad con la gente de por aquí, que no saben cómo van a reaccionar”, menciona.
La autoridad habría reconocido su miedo a actuar por presuntos grupos criminales.
Para Ana, la situación es amarga. Recuerda que antes del gobierno de la alcaldesa Abelina López, el agua llegaba dos veces por semana y ahora desaparece por meses, obligándola a financiar su propia supervivencia con pipas de 500 pesos, mientras observa cómo el tanque frente a su casa alimenta un negocio ilícito.
Tuberías rotas y gestión colapsada
Las explicaciones oficiales sobre la falta de agua del municipio siempre son técnicas: bombas quemadas, variaciones de voltaje o fugas interminables.
Vicente, residente de la colonia Simón Bolívar, relató que en su calle el agua dejó de subir hace seis meses. Aunque las autoridades culpan a los daños recientes por los huracanes, Martín denunció una falta de agua histórica.
Para Vicente, la escasez tiene una frontera física trazada a mitad de su calle. El agua, cuando llega, sube solo hasta cierto número de casas. De ahí para arriba, la gravedad y la falta de presión condenan a las viviendas restantes a la aridez. Es una segregación hidráulica de apenas unos metros de distancia.
Debido a ello, Vicente compra una pipa de 3,500 litros que también le cuesta 500 pesos, al igual que a Ana. Para familias con estudiantes o sueldos precarios, este gasto es insostenible.
La autoridad ofrece pipas gratuitas, pero acceder a ellas implica perder horas laborales.
“Hay que pararse a las 4 de la mañana, hay que irse a formar para que le puedan llevar una pipa. Prácticamente pierdes todo el día”, expone Vicente.
El sistema está diseñado para quien tiene tiempo, no para quien tiene necesidad. Vicente mencionó que como solo vive con su esposa, el agua de la pipa le rinde hasta dos meses, pero vecinos con más de cinco integrantes no tienen ese rendimiento.

La cultura de la escasez y el reciclaje forzoso
La crisis no distingue geografías dentro del puerto. En el barrio de la Lima, en pleno Centro, Claudia ha visto cómo el suministro pasó de cortarse tres días a desaparecer por semanas enteras, especialmente tras los últimos fenómenos meteorológicos.
Para su familia de ocho personas, la supervivencia depende de dos tinacos Rotoplas y una batería de siete tambos de 20 litros.
“El agua que se utiliza de la lavada la utilizo para el baño”, narra Claudia, quien estira sus reservas hasta por 20 días.
Cuando los tinacos tocan fondo y las pipas no pueden subir por los estrechos callejones y escalinatas del barrio, recurren a un pozo comunitario, un “ojo de agua” excavado hace años por un tío de su familia, que se ha convertido en el único garante de vida para vecinos que bajan a acarrear cubetas desde otras colonias.
Ante la sordera burocrática, la ciudadanía ha encontrado que la única forma de abrir la llave es cerrando la calle.
“Nunca metemos reporte, pero eso sí, la gente se cansa y cierra la calle al otro día ya tienes agua”, aclaró.
Claudia paga su recibo puntualmente no porque reciba el servicio, sino para comprar la legitimidad necesaria para protestar.
“Todos llevan su recibo en la mano [a las protestas] para que no digan ‘a ver, ¿por qué no pagaste?’”.
Es un pago defensivo ante una autoridad que busca cualquier excusa para desestimar la exigencia.
“Es un derecho”, afirma.














