Recortes a cultura: de 2017 a 2022, quitan a secretaría 50% de presupuesto para actividades; baja inversión en patrimonio

Una revisión a los presupuestos de la Secretaría de Cultura federal muestra una baja constante de recursos para sus tareas y actividades. Trabajadores del INAH ponen de su bolsa para cumplir tareas y las instituciones estatales reportan que el apoyo de la Federación cayó al mínimo.


Texto: Dalila Sarabia / Animal Político

Fotografía: José Miguel Sánchez / Archivo

Chilpancingo

 

Desde hace 20 años, Álvaro Octavio García trabaja en el Museo Baluarte de Santiago, en Veracruz. Es asistente de asesor educativo histórico-cultural y cuenta que en los últimos años, resultado de la política de austeridad del gobierno federal y los recortes a la Secretaría de Cultura y al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), su trabajo se ha precarizado a tal grado que él y algunos compañeros tienen que pagar con sus recursos arreglos y materiales indispensables, como productos de limpieza, gasolina para las podadoras y hasta focos para mantener iluminada la entrada del recinto.

Durante la pandemia y al no presentar problemas de salud, Álvaro fue uno de los trabajadores que permanecieron en el museo y que tuvieron que asumir labores para custodiar el patrimonio, específicamente, la colección de piezas de oro conocidas como “Las joyas del pescador”. En 2017, el museo fue sometido a mantenimiento mayor y la empresa que custodiaba las piezas fue despedida. Aunque los trabajos concluyeron a finales de 2018, nunca se contrató a personal de seguridad.

En entrevista, explica que durante 2020 y buena parte de 2021 no recibieron apoyo del INAH, por lo que ellos tuvieron que asumir los gastos para mantener en las mejores condiciones al museo. A pesar de que cerró sus puertas, no faltaron personas que querían entrar.

“Llegaban las personas preguntando, investigando y, como veían abandonado, pues hacían actos inmorales como sus necesidades fisiológicas en la entrada, en la rampa principal y, entonces, decíamos ‘Bueno, de qué nos sirve que estemos vigilando, si al otro día tenemos que llegar a limpiar todo’; empezamos a montar guardias para proteger… montamos más iluminación, focos, arreglamos todo, pero en ese tiempo el centro INAH no nos disponía absolutamente de nada”, reprocha.

La salinidad de la zona es muy peculiar y la cercanía del museo con el mar hace que los materiales de metal o madera sufran un deterioro de forma permanente, así que, por ejemplo, la adquisición de candados y los duplicados de llaves han corrido a cargo de los trabajadores, lo mismo que la compra de gasolina para las podadoras para retirar la maleza de los jardines.

La situación de Álvaro no es única, pues en los últimos tres años el trabajo cotidiano, la atención y el mantenimiento al patrimonio del país se han visto afectados en todos los niveles: desde que no haya copias o scanner para enviar oportunamente fichas de asistencia al trabajo y que las computadoras estén obsoletas hasta falta de gasolina y vehículos para que los 192 arquitectos del INAH se puedan desplazar a las zonas arqueológicas y patrimoniales.

“Pasemos del discurso a los hechos. Es muy bonito presentarse y hablar de la importancia del patrimonio de México, pero desafortunadamente ese discurso muchas veces no se ve reflejado en acciones concretas y en un diseño específico hacia un recurso que pueda llegar a donde estamos aquellos que hacemos las tareas sustantivas del instituto”, sostuvo Luis Ojeda, secretario general del Sindicato Nacional de Arquitectos Conservadores del Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura.

“Si nosotros no atendemos de manera correcta los monumentos históricos y las zonas de monumentos históricos que tiene México, estaríamos facilitando las herramientas y las acciones para desplazar la memoria histórica, el patrimonio cultural y los elementos de identidad”.

Jose Enrique Vidal Dzul, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultura, afirmó que la situación que viven los trabajadores de la dependencia es “desoladora”, porque tras el triunfo del presidente Andrés Manuel López Obrador confiaban en que su gobierno tendría una visión más social y cultural. “Lamentablemente, existe una decepción muy cruel”, dijo.

La falta de recursos materiales y humanos para la conservación del patrimonio nacional no es solo una percepción de los trabajadores del INAH, sino que el propio instituto ha informando a la Cámara de Diputados que ha llegado a su límite.

En el Informe de Austeridad Republicana 2021, el INAH detalló que “por la particularidad de la situación financiera del instituto (…) no existen ahorros presupuestarios”. De hecho, la Secretaría de Hacienda ha tenido que hacer transferencias adicionales para que logre llegar al final del año.

“El instituto tiene un déficit de recursos para el cumplimiento de sus objetivos, por lo que la temporalidad de los ahorros solo es por el ejercicio presupuestal de que se trate, ya que al final del ejercicio la Secretaría de Hacienda y Crédito Público apoya para atenuar la presión del gasto en materia de servicios personales que, para el ejercicio 2021, fue de 428 millones 050 mil pesos”, dice el informe firmado por David Honorio García, coordinador nacional de recursos financieros del INAH.

Animal Político solicitó entrevista con la Secretaría de Cultura y el INAH para abordar este tema, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

La única referencia a la política de austeridad por parte de la titular de Cultura, Alejandra Frausto, se dio el 28 de noviembre, cuando acudió a la Cámara de Diputados por la glosa del Cuarto Informe de Gobierno.

Ahí, la funcionaria dijo a los diputados que “la austeridad republicana consiste en eliminar los gastos superfluos, no en escatimar en apoyos a la creación y a la vida cultural”. Sin embargo, se pudo constatar que los recortes presupuestales y la política de austeridad sí han impactado directamente en los proyectos de investigación y conservación cultural, y en el trabajo cotidiano y los servicios que se ofrecen a la población.

Menos proyectos de investigación, mantenimiento, becas…

Los recortes y la política de austeridad impulsada por el gobierno de López Obrador sofocan a la Secretaría de Cultura, creada apenas en 2015.

Animal Político analizó el presupuesto público que ha ejercido la dependencia entre 2017 y 2022 y detectó que, en términos reales y sin contar el dinero correspondiente al pago de la nómina (Capítulo 1000), en los últimos cinco años el monto ejercido por la dependencia ha disminuido en 50%.

Pero no solo eso, pues desde 2020 una parte significativa de los pocos recursos de la secretaría ha sido transferida a una sola intervención: el proyecto Bosque de Chapultepec, Naturaleza y Cultura, en la CDMX.

Contar cada vez con menos recursos ha impactado a todas las áreas, pero el INAH ha sido de los espacios más afectados.

De acuerdo con el Informe de Austeridad Republicana 2019 —firmado por el director del instituto, Diego Prieto—, el INAH arrastra un déficit presupuestario de al menos 601 millones de pesos, lo que ha complicado su funcionamiento.

“El instituto ha sufrido limitaciones desde hace varios años, como que en los últimos 21 años el INAH no solamente no creció, sino que su estructura disminuyó en más de 950 plazas base, entre administrativos, técnicos, manuales e investigadores, y no ha existido una regularización de plazas, mientras que el trabajo creció, ejemplo de ello es el incremento en el número de zonas arqueológicas y museos abiertos al pueblo al pasar de 132 zonas arqueológicas abiertas a la visita pública a 194 zonas arqueológicas abiertas en 2021 y de 110 museos a 162 en 2021”, detalla el Informe de Austeridad Republicana 2021.

La falta de personal es un problema recurrente. Por ejemplo, actualmente solo hay 192 arquitectos responsables de procurar la conservación de 60 zonas de monumentos históricos y 106 mil monumentos históricos y sus colindancias en todo el país.

Para poder brindar una atención eficiente y hacer frente a la carga de trabajo, explicó Luis Ojeda, secretario general del Sindicato Nacional de Arquitectos Conservadores del Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura, se necesitan al menos 100 arquitectos más. En semanas pasadas, recién se concluyó el proceso de contratación de 12 nuevos arquitectos, quienes ocuparán las plazas —vacantes desde 2019— de compañeros que murieron o se jubilaron.

En el Informe de Austeridad Republicana 2021, el INAH reconoce que, a pesar de la falta de personal, se cancelaron 58 plazas a fin de atender las disposiciones del gobierno federal.

A la falta de personal se suma la falta de insumos básicos. “Con los recortes se afectó un rubro fundamental: la gasolina y las unidades de transporte para acudir a las comunidades, lo que ha propiciado que en más de una ocasión seamos los arquitectos quienes tengamos que poner nuestros vehículos para ir a atender estos requerimientos”, dijo Ojeda.

Jose Enrique Vidal Dzul, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultura, contó que trabajadores le han informado que han llegado a invertir hasta el 30% de su salario en la compra de combustibles para atender las áreas verdes de las zonas arqueológicas donde laboran.

“Es comprar 10, 20 litros de combustible, que con los precios que tiene ahorita son 400 pesos… Imagínese, si su salario es de 5 mil pesos, pues es un monto considerable”, sostuvo. “En Filobobos, en Veracruz, tenemos un compañero, Cristóforo, que tiene problemas de salud y yo lo veo como un héroe anónimo porque la gente no sabe que tuvo que invertir de su salario para mantener, durante la pandemia, esta zona arqueológica de manera incólume en términos de mantenimiento con el césped”.

En la revisión de los Informes de Austeridad Republicana del INAH de 2019, 2020 y 2021, así como los de la Secretaría de Cultura de 2019 y 2020, se pudo conocer en qué servicios y materiales se ha reducido el presupuesto y cómo esto ha impactado a la preservación del patrimonio y a la atención de la ciudadanía.

Por ejemplo, en 2018, la secretaría contaba con 186 vehículos arrendados y, al cierre del ejercicio 2019, ya solo eran 122.

En 2019, las medidas de austeridad hicieron que el INAH tuviera que recortar recursos por 17 millones 314 mil pesos, siendo la compra de los combustibles una de las reducciones más importantes con 3 millones 586 mil pesos. En el caso de los viáticos nacionales para funcionarios, la reducción fue de 1 millón 742 mil pesos.

“Para garantizar el desempeño y resultados sustantivos que el INAH ha dado en sus casi 82 años de existencia (…) es indispensable contar con los recursos suficientes”, dice el Informe de Austeridad Republicana 2019.

Al analizar los resultados obtenidos en 2019 respecto de 2021, destaca que, aunque el país comenzaba a recuperarse tras la emergencia sanitaria por COVID-19, se dio menos mantenimiento a las zonas arqueológicas, se otorgaron menos becas para los estudiantes y se apoyó menos a la investigación.

En 2019, se autorizaron 864 proyectos de investigación mientras que en 2021 fueron 574. En el caso de la solicitud de asesorías, peritajes, denuncias, dictámenes y supervisiones técnicas para la conservación, protección, restauración y recuperación del patrimonio cultural, se pasó de atender 16 mil 809 en 2019 a 12 mil 528 en 2021.

En el área de educación, en 2019 la matrícula total en las tres escuelas del instituto fue de 2 mil 828 estudiantes, mientras que en 2021 se dio clases a 2 mil 596. Las becas también se han reducido, al pasar de mil 038 en 2019  a 639 en 2021.

Subsidios y reconstrucción: el destino de los ahorros

¿Qué ha pasado con los recursos obtenidos en la Secretaría de Cultura como resultado de la política de austeridad? Se han direccionado a distintas dependencias para pagar programas y servicios, así como a subsidios.

En 2019, los ahorros se destinaron principalmente a la Secretaría del Bienestar y a la Sedatu para apoyar al Programa Nacional de Reconstrucción, de acuerdo con el Informe de Austeridad Republicana 2019, así como información pública contenida en la Plataforma Nacional de Transparencia.

En 2020, las economías se transfirieron tanto a la Sedatu como a la SEP para el Programa Nacional de Reconstrucción, así como a la Secretaría de la Función Pública para pagar servicios personales.

Proyecto Chapultepec consume recursos

Entre 2016 y 2022, el apoyo que la Secretaría de Cultura entregó a las 32 instituciones estatales de Cultura del país ha disminuido, en términos reales, en un 98%. Y aunque el recorte ha sido generalizado, solo en 2022 a la CDMX se le transfirieron 3 mil 217 millones de pesos, 39% de todos los recursos disponibles de la Secretaría de Cultura sin contar los servicios personales, para continuar con los trabajos del Proyecto Bosque de Chapultepec, Naturaleza y Cultura.

Animal Político solicitó vía transparencia conocer los apoyos que el gobierno federal ha entregado a los estados para actividades culturales. La Secretaría de Cultura respondió con los montos totales, por año y entidad, que ha entregado a través del programa Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura (AIEC), que tiene como objetivo garantizar los derechos culturales de la población mediante mayor acceso y ampliación de la oferta cultural a través de proyectos coordinados por las instituciones estatales.

Mientras que en 2016 se dispuso de una bolsa de mil 093 millones de pesos —por lo que a cada estado le entregó 34 millones 179 mil pesos—, en 2022 el apoyo fue de 34 millones 456 mil pesos para todo el país, es decir, poco más de 1 millón a cada entidad.

Este recorte, sostuvo Carlos Reyes Sahagún, exdirector del Instituto de Cultura de Aguascalientes, mantiene en “un hilo” las actividades que se ofrecen a la población.

“Hemos dejado de hacer muchas cosas que se hacían en el pasado inmediato; por ejemplo, había un festival de teatro escolar y tenemos un festival de música de cámara que antes era federal y que ahora lo hacemos nosotros por nuestra cuenta, igual que la Feria del Libro, que también era una actividad que nos apoyaba la Federación que ahora no lo está haciendo”, informó en entrevista el 8 de septiembre pasado, tres semanas antes del cambio de la administración en Aguascalientes.

Aunque el instituto que estaba a su cargo no ha tenido que cerrar casas de cultura o prescindir de trabajadores, el mantenimiento de la infraestructura cultural del estado no se ha realizado por falta de recursos.

“El instituto cuenta, en términos patrimoniales, con la mayor cantidad de edificios históricos en manos del gobierno del estado y, ciertamente, hay una necesidad de mantenimiento importante; sin embargo, a habido proyectos que no se han instrumentado porque no ha habido recurso”, confirmó el exfuncionario, quien detalló que el instituto cuenta con alrededor de 120 espacios, entre museos, escuelas, galerías y oficinas, con necesidades de mantenimiento específicas.

Entrevistada por separado, Lourdes Ariadna González, secretaria de Cultura de Jalisco, también se pronunció sobre el recorte presupuestal en los estados. Dijo que ha afectado principalmente a las actividades culturales que se desarrollaban con enfoque municipal.

Uno de estos proyectos era el denominado Ecos, que tiene por objeto llevar orquestas a los municipios y, aunque no desapareció, sí se quedó sin apoyo federal, por lo que la secretaría estatal tuvo que adecuar sus gastos para lograr financiarlo.

“No es que se haya afectado un programa en específico, sino que te afecta el ejercicio de la secretaría y para llenar un hueco destapas otros varios”, dijo la funcionaria.

Una prioridad, subrayó, es la descentralización y el apoyo a la cultura comunitaria, por lo que con los recursos que les envían no es posible atender las necesidades particulares de cada uno de los 125 municipios del estado.

“Hay un montón de proyectos que hacen los municipios en el respeto de sus tradiciones, preservación de la danza, fotografía, recetas y tradiciones orales, y ahí es donde lamentablemente se ha visto más afectado”, dijo.

Además, consideró importante conocer las variables consideradas por la administración federal para priorizar el proyecto de Chapultepec.

“Ojalá que hubiera (recursos) para Chapultepec y para los estados y que no se le quitara a unos para darle a otros, porque entonces estamos hablando de justicia o injusticia cultural”, dijo.

En los últimos tres años, la Secretaría de Cultura federal ha transferido un total de 5 mil 952 millones de pesos a las secretarías de Obras y de Medio Ambiente de la CDMX para que trabajen en el Proyecto Chapultepec que, de acuerdo con el presidente López Obrador, “va a ser el espacio artístico-cultural más grande y, desde luego, más importante del mundo”.

Las transferencias anuales para este proyecto han ido al alza y al menos durante 2022, cuando las autoridades capitalinas solicitaron 400 millones adicionales —apenas dos meses después de que firmaron el convenio de transferencia por 2 mil 817 millones—, se firmó un nuevo convenio para dar mayores recursos de los que se tenían contemplados.

Para el maestro en economía y analista del sector cultural Antonio Mier Hudges, los recortes presupuestales y la inyección masiva de recursos al proyecto Chapultepec son resultado del desinterés en la cultura, así como del afán de dejar como legado obras muy llamativas.

“Todo esto es reflejo de la falta de interés de todo el sector cultural, que se ha concentrado en una noción equivocada o muy particular que tiene el presidente respecto a la cultura, porque él señaló en tres ocasiones que nunca se había apoyado tanto a la cultura, pero pues se ha referido a la cultura de los pueblos originarios a través de sus programas sociales y algunas otras acciones, que no es lo mismo”, dijo el académico.

“Este proyecto está obligando a desatender al resto del país (…) Es parte ignorancia y parte necedad y afán de concentrar todas las actividades en un par de obras muy llamativas y mal planeadas”.

Para 2023, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación aprobado por la Cámara de Diputados, se contempla transferir 3 mil 630 millones de la Secretaría de Cultura federal a la CDMX, para con ello continuar con las labores del proyecto Chapultepec. Esta intervención estaría sumando 9 mil 582 millones de pesos de presupuesto público.

 

Este texto fue elaborado por el equipo de Animal Político y lo reproducimos con su autorización.

El Zanate Azul puede desaparecer si la ciudadanía no utiliza los espacios destinados al arte

Texto y fotografía: José Miguel Sánchez

Chilpancingo

 

El centro cultural El Zanate Azul está en riesgo de desaparecer si la ciudadanía y las instituciones no le da importancia a los espacios dedicados al arte, expuso Andrés Aguilar, artista plástico y fundador del Zanate Azul.

En Chilpancingo son pocos los espacios dedicados al arte, en ese contexto el Zanate Azul surge como un espacio independiente dedicado a la divulgación, creación y enseñanza del arte.

En los últimos meses la poca participación de la ciudadanía en el Zanate Azul generó un ambiente económicamente complicado.

«Los costos de la renta son altos y con las ganancias de los talleres es muy complicado costearlo», señaló Andrés Aguilar.

Por ello cada vez se complica más el pago de la renta y si no hay el dinero puede desaparecer.

En el Zanate Azul hay talleres y cursos de pintura que imparten a cualquier persona que quiera aprender, además realizan expo-venta de obras de distintos artistas de la entidad, a través de esas actividades costean los gastos de renta, luz y agua de sus instalaciones.

Actualmente en sus cursos tienen a cuatro alumnos y alumnas, cuando en otros tiempos llegaron a tener 15.

La poca participación de las personas en los talleres y las bajas ventas de las obras hace muy difícil la permanencia de estos espacios.

«Hacemos un llamado a la ciudadanía para que haga usos de estos espacios que finalmente son para ellos, porque una sociedad que no crea, que no sale de su realidad y no utiliza su imaginación está condenada», dijo Andrés Aguilar.

Otro tema es el gubernamental, no hay apoyo oficial para este tipo de espacios que en la capital son muy pocos, y que por sus propios medios persisten.

Andrés Aguilar llamó a la ciudadanía a no dejar que espacios como el Zanate Azul desaparezcan porque son muy importantes para mantener el tejido social.

«Por eso pedimos a no dejar que espacios como estos, en resistencia, desaparezcan, porque tanto nosotros necesitamos de la ciudadanía como la ciudadanía de nosotros».

Para Andrés Aguilar la relación ciudadanía y arte es simbiótica, es decir, no se puede concebir una sin la otra.

«En una situación tan violenta como la que vivimos, la creación de algo nuevo, de utilizar la imaginación es importante para que las personas puedan convivir en paz».

 

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El Calehual, la galería urbana que concentra a Guerrero sin salir de Chilpancingo

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El mezcal, las máscaras y la buena charla son la personalidad de este espacio 


Texto: Margena de la O

Fotografía: Oscar Guerrero 

Chilpancingo

 

José Luis Correa Catalán llena dos botellas de mezcal, una natural y otra con un preparado de cajel, al fotógrafo Pedro Agüayo, quien visita por primera vez El Calehual.

Él y una mujer que lo acompaña recorren el primer nivel de la casa del anfitrión, un espacio con 450 máscaras de diferentes puntos de las siete regiones del estado, y decenas de litros de mezcal de Axaxacualco (Eduardo Neri) y Apango (Mártir de Cuilapan), dos elementos simbólicos de Guerrero, los que, a la vez, configuran la historia del linaje de los Correa.

Una vez servidos los mezcales, Correa explica las diferencias entre las máscaras de los tecuanes, según la región del estado en que fueron elaboradas. Después intercambian comentarios del uso ritual de la máscara, en particular de Acatlán, Chilapa, y de Zitlala, dos lugares nahuas de la Montaña baja de Guerrero donde la ritualidad es muy importante. Lo hacen mientras recorren el lugar.

El Calehual es una habitación con paredes cubiertas por el casi medio millar de máscaras de todos los tamaños, sin contar las miniaturas que cubren los arcos de unas de las divisiones, y algunas antigüedades. Ante eso, es casi imposible no engancharse y preguntar, y preguntar, y preguntar.

La mujer comentó al principio que sería una visita rápida, la que se alargó para escuchar atentos a Correa. Les dijo, por ejemplo, que algunas máscaras son decorativas u ornamentales, como las que elaboran los artesanos en San Francisco Ozomatlán, Huitzuco y de Ayahualulco, Chilapa, “la nueva tendencia de la máscara en Guerrero a partir de los setentas” que nunca perdió su valor artesanal.

También les compartió sobre la importancia de los saberes y las técnicas empleadas en los tres grupos en que divide su colección: las auténticas asociadas a una danza tradicional, las réplicas que mantiene para fines de archivo, y las decorativas que también tienen alguna asociación con las danzas y ritualidades, con las adecuaciones de las nuevas generaciones de mascareros y sus contextos.

Cuando los visitantes se despiden –asegurándose de llevar las dos botellas de mezcal que compraron–, anticipan a Correa que volverán, porque a El Calehual siempre se regresa. Para construir este texto, por ejemplo, se visitó el lugar más de un par de veces, la primera para conocerlo, las siguientes sólo por gusto.

Pedro Agüayo expuso, como argumento para una siguiente visita, su deseo por aprender más sobre las máscaras y las danzas de Guerrero.

Un dato que se conoce al visitar El Calehual es que la máscara de diablo colgada cerca de la ventana, desde donde se ve la calle 18 de marzo, es de las primeras que obtuvo Correa para su colección. Se trata de un diablo hecho por los artesanos de San Francisco Ozomatlán, una comunidad nahua ubicada a orilla del río Mezcala, considerada como el lugar del país donde se producen más máscaras de madera, de acuerdo con lo que han documentado algunos medios de comunicación.  

O que la máscara más antigua en la colección es un diablo de un pueblo de  Teloloapan, hecha en los años veinte.

Es probable que se asombre después de saber que en 2020, después de tres años de buscarlo en San Martín, Quechultenango, Correa logró que don Cuco Gudiño, uno de los dos últimos mascareros sanadores –que fungen como una especie de chamán en sus comunidades– de los que sabe sobreviven en el estado, le traspasara una colección de siete máscaras originales de la generación de danzantes de los años cincuentas. Son máscaras que corresponden a los danzantes originales de esa época, una de ellas es la de un hombre apellidado Bello, la gente lo reconoció porque la máscara tenía los ojos muy juntos, como él.

 La visita de la pareja ocurrió la tarde del 29 junio pasado, pero así suelen ser todas las visitas a El Calehual, que el mismo Correa define como una galería urbana, donde confluyen una especie de simbiosis que superan la degustación y la contemplación, porque queda de manifiesto la manera en que otros saberes se expresan.

Además, compartió más adelante, después de atender a sus clientes, es fundamental entender las máscaras y las danzas como dos eslabones contiguos, y a las máscaras con el mezcal, como un eterno ritual de Guerrero.

Para que estos elementos tengan ese sentido, Correa juega un papel muy importante, de entrada, garantiza una amena charla, por todo su bagaje intelectual y artístico, y todo su conocimiento sobre las máscaras, tema que ha abordado hasta en un plano académico. Su investigación de maestría lleva por título La vida social de las máscaras en Guerrero, 1970-1990.

Después, una degustación de un buen mezcal. En El Calehual ofrecen y sirven cuatro gamas de mezcal: el natural o blanco; los destilados, como el de borrego y el de pechuga; los macerados, como el amargo, el de damiana, el de hierbas, y por último, los licores que son hechos con frutas de la región. En total, unos 150 tipos de mezcales.

El elemento incorporado más reciente al mezcal, las máscaras y la charla en El Calehual, son los quesos de prensa que la familia de Correa trae de Chichihualco y Tlacotepec para ofrecerlo en venta; siempre hay prueba. Este complemento es otra ala de su historia familiar, porque está conectado a la Sierra de la zona Centro, donde se mantiene parte de la familia de su madre, Nohemí Catalán García.

Una mezcalería convertida en galería

La historia de El Calehual comenzó hace varias décadas; sólo en su espacio actual lleva 20 años. La abuela paterna inició con la venta de mezcal en la casa familiar, un poco desde la clandestinidad, porque en Chilpancingo se consideraba que era una bebida para peones, cuenta Correa. 

Por esa razón, con el paso de los años, vendían el mezcal a la usanza de las más antiguas pozolerías de Chilpancingo, fundadas por las familias tradicionales de la ciudad, quienes adaptaban una parte de sus casas para el negocio y compartían parte de su intimidad con los clientes.

Además de que hace años el mezcal de Guerrero enfrentó la estigmatización de que no era bueno y la familia de Correa, a través del El Calehual, se sumó a la tarea de cambiar esa idea. “Nos tuvimos que volver anfitriones para explicarles qué era el mezcal, qué era lo que se estaban tomado”, comenta.

Ahora, con un espacio propio, pero dentro del perímetro familiar, ofrece a sus visitantes y clientes la posibilidad de conocer diferentes lugares de Guerrero sin salir de Chilpancingo, de reconocerse a través del mezcal y las máscaras, convirtiéndose a la vez en un recinto que responde a “contextos, memorias, ritualidades” del estado.

Está en el primer nivel de una estructura modificada, con frente tanto a la avenida Ignacio Ramírez como a la calle 18 de marzo, en el centro de la ciudad.

Correa es quien está al frente del proyecto en la actualidad, pero sus padres, José Luis Correa Rivera y Nohemí Catalán García, también tienen el crédito del arranque y de que se mantenga, porque tienen una conexión familiar con el mezcal. El 13 de julio pasado, en su perfil personal de Facebook, Correa publicó una fotografía de su padre en el esplendor de El Calehual, con el siguiente pie de foto: “La mano detrás de El Calehual. Mi alquimista favorito”.

Aquí algunos datos de la tradición mezcalera de la familia de Correa. De lado de su padre solían tener mezcal en casa para elaborar remedios, amargos o licores, por la tradición que les traspasaron sus bisabuelos de Tixtla y Mochitlán. De ahí mismo proviene el hábito de elaborar licores con almíbar, propio de las frutas tradicionales, como el cajel, un cítrico ya complicado de conseguir en Guerrero. Su abuela, cuenta Correa, solía preparar antes esos licores con agua ardiente.

En La Reforma, un pueblo de Heliodoro Castillo, su bisabuelo y su abuelo materno producían mezcal para intercambiarlo en Chichihualco, cabecera de Leonardo Bravo, por insumos para alimentar a su familia.

El nombre de la galería está asociado al maguey, planta con la que se produce el mezcal. El calehual es el quiote que crece en medio de la planta cuando ya es veterana y puede alcanzar varios metros de altura; cuando ese tallo florece anuncia la muerte del agave, según se lee en una ficha sobre agroalimentación difundida por el gobierno federal.

Entre los mezcaleros de Guerrero se supo que en los plantíos, al calehual lo dejan crecer sólo entre algunas plantas para garantizar la reproducción silvestre del maguey. Para abastecer la demanda de El Calehual, Correa y su familia mantiene relación con productores de Axaxacualco y Apango, sus principales proveedores.

En El Calehual prevalece la idea inicial (y quizá ese es el motivo de que se mantenga) de ofrecer una buena bebida y un espacio íntimo de diálogo que inicia sobre las tradiciones y costumbres de un pueblo y puede concluir en un debate sobre temas políticos o sociales.

El lugar es recomendado de boca en boca por los clientes que, al salir de ahí, se convierten en amigos. Para llegar ahí hay que conocer a Correa, a su familia o a sus amigos.

Quizá esa es la razón por la que Correa le da todo el crédito a ellos de la apariencia y el alcance actual de El Calehual. La mayoría forman parte de los círculos en los que se desenvuelve: es historiador, artista plástico y un joven interesado en los sucesos sociales y políticos de Guerrero.

“Los clientes fueron nutriendo el lugar, donando (máscaras y antigüedades), y de ahí me di cuenta que había una posibilidad de hablar del estado, aventurándose a Guerrero a partir de las cosas”.

Los primeros en donarle máscaras fueron Teresa Leyva, quien le llevó 20, y Ricardo Klimek, quien le donó otro número importante; ambos son habitantes conocidos de la ciudad. Otras piezas, él mismo las adquirió o intercambió, al principio por lo estético, después por un interés de estudio.

El intercambio de máscaras sigue haciéndolo con conocidos o curiosos, que después se convierten en aliados porque los mueve el mismo interés de saber más de las máscaras y las danzas de Guerrero.

El 18 de julio pasado, lo dejó asentado en sus redes sociales, hizo un intercambio de máscaras con César Aparicio, un joven originario del barrio de San Antonio de Chilpancingo, quien, según escribió en un posteo, tiene una colección de máscaras específica de danzas de este municipio, como la de Los siete vicios: “Un Abraján por otro Abraján. César me pasó una Diablita tradicional elaborada por don Ernesto Abraján y yo le pasé un diablo, también de don Ernesto Abraján”.

El mezcal y las máscaras, un sincretismo de la ritualidad en Guerrero

Aun cuando Guerrero está en la lista del puñado de estados con denominación de origen del mezcal, lo que les concede al estado supuestos beneficios de desarrollo económico, el mezcal está asociado a un asunto más profundo: la ritualidad de los pueblos que tienen sus maneras particulares de vincularse con el entorno.

Las máscaras también son evidencia de ciertas maneras de interpretación del ambiente, y “tienen también mucho que ver con el mezcal, porque en las fiestas patronales de Guerrero el mezcal está junto con pegado, es parte de la festividad, de la ritualidad. Es una manera de ponerle un lugar donde también hay una eterna ofrenda de las máscaras”, comenta Correa sobre estos elementos vinculados a la manera en que se organizan ciertas comunidades.

Por ejemplo, las máscaras lo llevaron a conocer un mundo menos evidente, que congrega una amalgama de discursos de las comunidades. Son piezas que la misma comunidad crea como depósito de su memoria o como testigas de momentos o procesos históricos importantes, como los étnicos o de conflictos raciales en Guerrero. “Entonces, las máscaras resultan ser también el mejor testimonio de un estado que tiene una gran política de olvido sobre sus raíces”.

Para Correa, las máscaras configuran una vía que permite romper “los bronces” o las versiones institucionales que todo folcloriza y ofrece únicas versiones.

“¡No! Las máscaras hablan de cuestiones mucho más complicadas, inclusive contradictorias, acerca de lo que creemos que es la patria o el territorio”.

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Asesinan a promotor cultural en Acapulco

Texto: Jesús Guerrero

Fotografía: Oscar Guerrero / Archivo

Chilpancingo

 

El artista urbano y promotor cultural, Gustavo Huesca, fue asesinado a balazos esta tarde en su casa, ubicada en la colonia La Bocana de Acapulco, informaron autoridades de la Fiscalía General del Estado (FGE).

El asesinato del también conductor de un programa de cultura en la estación oficial de Radio y Televisión de Guerrero (RTG) causó indignación en las redes sociales, donde los usuarios exigieron justicia y castigo a los responsables. Cada jueves Huesca conducía ADN Cultura.

La FGE informó que este martes, alrededor de las 17:10 horas, hombres armados ingresaron a la vivienda de Huesca y lo asesinaron a tiros.

Jorge Minio Nava Olea, periodista y ex catedrático de la Universidad Loyola de Pacífico de Acapulco, escribió en su perfil de Facebook que seguramente nada hará la FGE para llevar a la cárcel a quienes asesinaron al artista urbano.

“¿Es culpa del sistema? Sí, pero como seres humanos también nos hemos corrompido, e ignoro cuándo la violencia terminará”, es el comentario de Nava Olea.

Este miércoles, en la conferencia mañanera que ofrece el presidente Andrés Manuel López Obrador, la Secretaría de Seguridad Ciudadana dio a conocer que Acapulco ocupa el quinto lugar de los municipios más violentos en el país.

Justo hoy tres hombres fueron asesinados en distintos puntos del puerto.

La FGE informó que en una de las calles de la colonia Icacos, hombres armados persiguieron a balazos a dos individuos, a uno asesinaron y a otro hirieron, pero después falleció, cuando era trasladado a un hospital en una ambulancia.

En el mercado central, ubicado en la colonia Progreso, un joven fue asesinado a tiros frente a decenas de testigos.

Cuando personal de la FGE llegó al lugar de los hechos, halló a la víctima encima de un costal de frutas. La tercera víctima es el artista urbano.

 

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El Porrazo del tigre en Tixtla: los golpes por la tierra

Se cuenta que el Porrazo de tigre tiene su origen con dos campesinos, uno del Santuario y otro del Fortín, tenían una diferencia por el límite de tierras. No podía arreglarse de ninguna manera, la solución la hallaron en un Porrazo del tigre


Texto: Itzel Urieta

Fotografía: Cortesía y José Miguel Sánchez

30 de marzo del 2022

Tixtla

 

El pitero comienza a tocar su flauta y tambor. Al escuchar la melodía todos saben que llegó la hora del Porrazo del tigre.

El Porrazo del tigre es una tradición emblemática en la región Centro de Guerrero. En TIxtla y Chilpancingo se ha mantenido con el paso del tiempo y se ha convertido para muchos de sus pobladores, en una de las más importantes.

El tigre: un animal fuerte, feroz, ágil e imponente, es representado por dos hombres que luchan para ver quien vence al otro en un duelo que atestiguan cientos de personas. Entre gritos, miradas y la música del pitero comienza la batalla.

Honrar al tigre, a través de diferentes rituales, es una tradición antigua en esta región de Guerrero.

En la mediateca de Guerrero, la explicación ofrecida de esta representación es la siguiente:

“Representa las luchas que enfrentaban entre sí los grupos que habitaban la región Centro del estado, en su afán permanente por la posesión de la tierra, cuya ambición de dominio no les permitía vivir en paz”.

Tixtla y su Porrazo de tigre

En Tixtla, se cuenta que El Porrazo del tigre surgió entre dos de los barrios tradicionales de la ciudad: el Santuario y el Fortín.

La historia del Porrazo del tigre en Tixtla se ubica en 1940, aunque existen datos enfrentamientos entre Tixtla y Jaleaca, Chilpancingo, desde 1890.

Otra historia cuenta que Tixtla y Mochitlán realizaban su Porrazo donde apostaban la fiesta del pueblo, es decir, quién perdiera tenía que realizar la fiesta patronal al otro.

También se cuenta que dos campesinos, uno del Santuario y otro del Fortín, tenían una diferencia por el límite de tierras. No podía arreglarse de ninguna manera, la solución la hallaron en un Porrazo del tigre.

Según el relato, el primero de mayo, en el barrio de San Isidro Labrador, en Tixtla, se realizaba un saludo entre las diferentes danzas de los barrios. Las danzas eran representadas por los campesinos e iban a realizar El saludo con la danza de Los Tlacololeros, otra de las más representativas de la zona Centro.

Uno de los personajes principales de la danza de los Tlacololeros, es el tigre. En ese saludo, los campesinos que tenían rivalidad por los límites de las tierras se vistieron de tigres.

Al verse vestidos de tigre, intentaron ridiculizar tumbándose. Según la historia, en aquella ocasión ganó el tigre del Santuario.

El Maizo del Fortín, otro personaje de la danza de Los Tlacololeros, se sintió ofendido tras ver vencido a su tigre y retó al del Santuario a otro encuentro. Los pobladores del barrio no aceptaron, dijeron que su tigre estaba cansado y pactaron una nueva jugada para el 15 de mayo.

Después de ese acontecimiento, la jugada del 15 de mayo en el barrio de San Isidro era conocida como El reto, mientras que la jugada del 30 de mayo en el barrio del Fortín era conocida como La revancha.

Con el paso del tiempo, más barrios se fueron incorporando a esta tradición para ver pelear a sus tigres.

La forma de llevar a cabo las jugadas, depende de cada municipio. En Tixtla, se realizan en una arena especial ubicadas en las plazuelas de los barrios.

Los jugadores utilizan una máscara que cubre su rostro y simula el rostro del tigre, la vestimenta es un calzón de manta color amarillo con manchas amarillas como las del animal y el torso descubierto.

En un inicio, los jugadores no saben a quién se enfrentarán porque salen a la arena cubiertos con un gabán tipo piñero. Es hasta que están en el corral de tigres cuando los destapan y saben a quién se enfrentarán.

En el Porrazo del tigre estilo Tixtla no hay jueces que determinen al ganador, al corral solamente entran los que jugarán, el pitero que toca la música y los soltadores, estos últimos son los que están pendientes del desarrollo de la jugada y tienen que ver quien gana o si alguno de los combatientes está en peligro, detener el juego y reanudarlo después.

«Lo más importante es la integridad de los jugadores, porque aunque es un juego muy fuerte donde intentamos imitar los movimientos, la fiereza y la fuerza del tigre no deja de ser un juego», comenta René Flores García, jugador del Porrazo del tigre.

Rene Flores Garcia desde hace 22 años es promotor del Porrazo de tigre, tiene 6 títulos de campeón en Tixtla y Chilpancingo y en 2021 participó en las Olipiadas de Juegos Autoctonos en Chiapas donde obtuvo una medalla por su participación.

Preparación de los tigres

Para participar en el Porrazo del tigre, se deben tener más de 17 años, aunque no hay un reglamento que especifique algún rango de edad, esto es para que los jugadores estén más o menos a la par en cuanto a edad y físicamente.

También hay personas mayores y de cuerpos más grandes que participan, de acuerdo con René, que son las que cuentan con más experiencia en su técnica y movimientos.

No hay una base o un manual que los jugadores deban seguir para prepararse, cada jugador establece su forma de entrenamiento, dice René. En su caso, no tiene ningún tipo de entrenamiento físico especial para sus juegos, pero sí cuida su alimentación, sus horas de sueño, realiza actividades en el campo que le permiten tener fuerza y pone en práctica las técnicas y movimientos.

Cada participante es libre de prepararse como considere adecuado.

Sin límite de tiempo

El enfrentamiento no tiene un límite de tiempo, se realiza a tres entres o rounds que empiezan desde que presentan a los tigres y se saludan. Posteriormente, si algún jugador está en una posición incómoda, con peligro de alguna lesión o que les haya entrado tierra en los ojos, los soltadores paran el enfrentamiento y se da un tiempo de descanso de 30 segundos a un minuto, y regresan al enfrentamiento. Eso es considerado un entre normal.

Para ganar el Porrazo del tigre, el oponente debe caer desde arriba y de espalda, puede llevarse al piso boca abajo y voltearlo o cargarlo y bajarlo, depende de la capacidad física de los jugadores.

Partel del mural realizado por el grupo 43 artes, donde plasmaron el tradicional Porrazo de tigre tixtleco

El semillero de tigres

René Flores García es del barrio de San José, en Tixtla. Recuerda que desde pequeño le gustaba ir a los enfrentamientos de Porrazo de tigre.

«Cuando había un enfrentamiento me apuraba a hacer la tarea para ir a ver, y cuando terminaba esperaba a que dijeran cuándo habría otro enfrentamiento», recuerda.

René comenzó a participar como tigre a los 14 años, lleva 22 años en enfrentamientos y se ha convertido en uno de los principales promotores del Porrazo del tigre.

Ha ganado diversos enfrentamientos, tanto en Tixtla como en Chilpancingo. En 2011, ganó el trofeo de Tigre de plata en la capital. En 2014 y 2015, fue campeón del Porrazo del tigre en la tradicional Feria de San Mateo, Navidad y Año Nuevo.

Su más reciente victoria, fue en 2021 en Comitán Chiapas en el Encuentro Nacional de Juegos Autóctonos y Tradicional, donde representó al estado y obtuvo una medalla.

Para René es importante seguir con esta tradición, impulsar y hacer que más jóvenes se interesen, por eso, realiza enfrentamientos de tigres en los cuáles resalta el valor de la tradición.

En 2015 fundó el grupo Barrios Unidos, en el que jóvenes de diferentes barrios de Tixtla que es considerado un semillero de combatientes para el Porrazo del tigre. René se encarga de su preparación.

Es una de sus formas de contribuir en la conservación de la tradición y también porque después de 22 años como tigre y promotor, René piensa que es hora de retirarse.

«Me gustaría dejar bien cimentado de lo que he hecho por esta tradición».

 

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