Los colores y sabores del Paseo del Pendón

Fotografía: Oscar Guerrero

 

En la 197 edición del Paseo del Pendón que fue celebrado este domingo en las calles de Chilpancingo, los colores y sabores dieron vida a esta festividad.

La festividad fue suspendida por dos años por la pandemia de la Covid-19. En esta ocasión miles de personas se volcaron a las calles para volver a disfrutar de las danzas representativas de todas las regiones del estado.

Los multicolores de los trajes que portaban los danzantes se mezclaron con los sabores de los mezcales (que había de muchos sabores café, tamarindo, maracuyá, coco y muchos más, y no faltó el destilado natural) y le dio la fuerza de este pendón tradicional.

Tlacololeros, los 12 pares de Francia, los diablos, la tapa del toro, las mojigangas, los chinelos y muchos danzantes desfilaron por las calles y avenidas de Chilpancingo.

Este desfile culminó con la tradicional pelea de tigres (hombres corpulentos, representantes de cada uno de los cinco barrios de la ciudad, que se visten con ropa de este felino) que se lleva a cabo en la plaza de toros Belisario Arteaga, en las instalaciones de la Feria de Navidad y Año Nuevo, ubicada en la colonia de Los Ángeles.

Con esto dio inicio la feria, como dijo el poeta guerrerense Rubén Mora, «feria de luz y alegría».

Con deficiencias alistan instalaciones para el inicio de la feria en Chilpancingo

Texto: José Miguel Sánchez

Fotografía: Oscar Guerrero 

Chilpancingo

 

A tres días de que comience la Feria de San Mateo Navidad y Año, en Chilpancingo, en las instalaciones oficiales para la festividad, que continúan en remodelación, ya son instalados los juegos mecánicos y los locales comerciales, aun cuando hay quejas de que es un espacio peligroso y poco apto para ocuparlo.

En un recorrido hoy por las instalaciones de la feria, se observó que ya hay movimientos de los comerciantes y prestadores de servicios.

El plan del Ayuntamiento capitalino y del Patronato de la Feria es colocar lonas en el espacio para los establecimientos comerciales, y en la zona de las instalaciones donde hay menos avance colocar los juegos mecánicos.

De los tres accesos principales de la feria, dos fueron asignados son para los comerciantes y el otro para los trabajadores de la construcción que continúan en sus labores.

El pasado domingo, trabajadores de Protección Civil Municipal colocaron un muro de madera para dividir los espacios en construcción de lo que serán para comercios y de juegos.

Un trabajador que no mencionó su nombre dijo que tiene la indicación de continuar los trabajos en los espacios donde hay más avances y que ya están delimitados.

Mientras los trabajos de construcción continúan, en la otra mitad de las instalaciones de la feria colocan toldos y algunos espacios comerciales que, a consideración de los propios comerciantes, están muy pequeños.

La cancha de la colonia Los Ángeles, ubicada frente del recinto ferial, que el gobierno municipal utilizara como sede de una parte de la feria, también delimitan espacios para el área de comercios, y lo que será el Teatro del Pueblo, según informó la alcaldesa, Norma Otilia Hernández Martínez, en conferencia de prensa el día de ayer.

“Pues nosotros no sabíamos cómo iba a estar el espacio, todo lo que nos decían nos lo teníamos que imaginar, pero ya viéndolo, como que está muy pequeño”, mencionó una de las comerciantes que acudió a ver cuál sería su espacio que ya pagó al patronato.

“Pues, ya pagamos y ni modo, tratar de trabajar, haremos lo que podamos y esperamos que venga gente”, comentó.

El tema de la feria causa controversia y opiniones divididas entra la población de Chilpancingo.

Mientras algunos, entre ellos la alcaldesa y los integrantes del patronato, mencionan que todo saldrá bien y que no se puede detener una festividad tan importante para la capital, otro sector de ciudadanos y comerciantes piden que la feria sea cancelada por falta de condiciones.

La realidad es que la feria la realizarán aun cuando el recinto esté inconcluso; sólo lleva 25 por ciento de avance.

El próximo domingo se llevará a cabo el Paseo del Pendón, recorrido con el que tradicionalmente comienza la feria y en la que, según Hernández Martínez, habrá un desfile de 200 danzas regionales.

Dicha festividad arrancará con la presencia de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, quien anunció que ella va encabezar el contingente.

La alcaldesa morenista de Chilpancingo espera que un millón de personas visiten la feria, aun con las condiciones narradas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sigue la remodelación en la Feria a 15 días que inicie festividad

Texto: José Miguel Sánchez

Fotografía: Oscar Guerrero

Chilpancingo

 

A 15 días de que comience la Feria de San Mateo, Navidad y Año Nuevo continúan los trabajos de remodelación en sus instalaciones, aún así las autoridades municipales realizarán la festividad.

Aun cuando el Patronato de la Feria informó que hoy entregaban la obra con un 25 por ciento de avance para acondicionar el espacio, en una recorrido realizado en las instalaciones se observó que los trabajos siguen.

En uno de los puntos máquinas excavadoras derribaban montones de tierra y muros de la parte trasera del recinto. En otro nuevos muros construidos a la mitad con varillas que sobresalen, probablemente serán castillos y vigas. En gran parte del recinto todavía no hay nada construido.

La alcaldesa de Chilpancingo, la morenista Norma Otilia Hernández Martínez, aseguró que el Teatro del Pueblo y la Plaza de Toros Belisario Arteaga son los dos espacios que sí terminarán antes de la feria y habilitarán para su uso.

Tradicionalmente, la actividad con que inicia la feria es el Certamen Flor de Noche Buena, que suelen realizar en la Plaza de Toros, pero esta vez, debido a la remodelación, será en la Plaza Cívica Primer Congreso de Anáhuac, en el zócalo de Chilpancingo.

El certamen será el 10 de diciembre próximo, para esa fecha es probable que la Plaza de Toros siga cerrada por los trabajos de construcción.

El presidente de Patronato de la Feria, Cristian Valadez González, dijo que se levantarán un entarimado y un techado de 1,500 metros cuadrados sobre el espacio en construcción para colocar puestos comerciales.

El techado, de acuerdo con Valadez González, lo colocarán a partir del próximo viernes.

El lunes pasado, durante la conferencia de prensa matutina, la alcaldesa dijo que este martes la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu) entregaría la obra al Ayuntamiento para comenzar la instalación provisional de los locales comerciales.

Es martes, durante una protesta de comerciantes que se oponen a la realización de la feria por las condiciones en las que está el recinto, Valadez González dijo a los comerciantes que entregarían las instalaciones este miércoles, pero no ocurrió.

La alcaldesa de Chilpancingo junto con el presidente del Patronato y el subsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de Sedatu, Daniel Fajardo Ortíz realizaron este miércoles un recorrido de supervisión «con la finalidad de conocer los avances del recinto ferial y así brindar certeza a los comerciantes para la exposición y venta de sus productos y servicios», informó de manera oficial el Ayuntamiento.

Ahí nunca se hablaron de una entrega. Fajardo Ortíz dijo a los locatarios que la construcción de la feria esa una de las obras más importantes que realiza Sedatu a nivel nacional.

Aun cuando en la obra se miran con pocos avances, la alcaldesa de Chilpancingo dijo hace unos días que la feria será en el recinto sin que esté terminada la obra.

«Para nosotros esto es una tradición, más allá de que no haya grandes edificios, es una tradición que tenemos que mantener viva”, mencionó la alcaldesa el 21 de noviembre pasado durante la presentación de la convocatoria del Certamen Señorita Flor de Nochebuena, actividad con la que tradicionalmente inician los festejos de la feria.

En esa ocasión Hernández Martínez dijo también que Chilpancingo no es la única ciudad que carece de una construcción para realizar sus festejos.

«Vean Iguala, ahí es solo un terreno y hacen su feria», mencionó la alcaldesa.

El pasado martes un grupo de comerciantes protestó en las instalaciones de la feria para pedir al Patronato y al Ayuntamiento la cancelación de la festividad por «falta de condiciones».

Los comerciantes, principalmente los del giro de alimentos, denunciaron que es evidente la falta de condiciones de salubridad para ofrecer sus servicios.

Valadez González les aseguró a los comerciantes que habrá las condiciones necesarias para que instalarse, aun cuando en el recuento la realidad sea otra.

 

Comerciantes exigen cancelación de la Feria de Navidad por falta de condiciones; se pospone la entrega de instalaciones

Texto: José Miguel Sánchez 

Fotografía: Oscar Guerrero

Chilpancingo 

Unos 100 comerciantes que ofertan sus productos durante la Feria de San Mateo Navidad y Año Nuevo bloquearon la avenida Heroínas del Sur, a la altura de las instalaciones de la feria, para exigir al Patronato y a la alcaldesa de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández Martínez, la suspensión de la festividad «por falta de condiciones».

Los mismos comerciantes inconformes consideraron que por los trabajos de reconstrucción del recinto de la feria que, calcularon, lleva un avance del 20 por ciento, no hay condiciones para realizar la feria.

Quienes venden comida, de manera principal, mencionaron que los trabajos de construcción generan mucho polvo y eso merma o impacta al ofrecer sus productos, además de que hay varillas expuestas por diferentes partes, no hay agua potable y lo antihigiénicos que pueden ser los baños portátiles.

A la manifestación llegó el presidente del Patronato de la Feria, Cristian Valadez González, para dialogar con los comerciantes.

«Como comerciante de comida, a nosotros nos preocupa el tema del polvo, no tenemos las condiciones de higiene para laborar», dijo una comerciante a Valadez González.

También los comerciantes denunciaron que el Patronato de la Feria cobra 500 pesos por metro cuadrado de espacio en las instalaciones, aun cuando el recinto está en remodelación.

De acuerdo con Valadez González, la reconstrucción de la obra tiene un avance del 25 por ciento, y de momento así la entregarán para la edición de esta feria.

Para resolver esta edición, Valadez González dijo que el patronato contrató un empresa llamada Toldos de México para techar alrededor de 1,500 metros cuadrados del terreno delas instalaciones de la feria para que se coloquen los comerciantes.

Al principio exigieron la suspensión total de la feria, pero conforme avanzó el diálogo con Valadez González las opiniones estuvieron divididas.

Algunos comenzaron a pedir la condonación de un 50 por ciento del pago del local para todos los comerciantes.

Valadez González dijo que analizarían uno por uno los casos y les ofreció comenzar un nuevo diálogo para definirlos espacios de quienes participen en esta edición.

Un comerciante de ropa de nombre José Luis mencionó que para él es inviable que se realice la feria, pidió un diálogo directo con la alcaldesa, porque consideró que Valadez González no tiene la capacidad para resolverle a los manifestantes. «Esperamos hablar con la presidenta para ver soluciones, pero no nos ha querido dar una audiencia».

«Para como están las condiciones en la feria nos están cobrando muy caro y para el otro año que ahora si ya quede bien nos van a querer aumentar el precio del metro cuadrado con ese pretexto, por eso pedimos una condonación», mencionó José Luis.

Después de una hora de diálogo los manifestantes se retiraron con el compromiso del presiente del Patronato de la Feria de revisar cada uno de los casos y peticiones.

De acuerdo con lo dicho por la alcaldesa en su conferencia de prensa matutina, hoy la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu) entregaría la obra al Ayuntamiento para comenzar la instalación provisional de los locales comerciales, pero Valadez González dijo a los comerciantes que eso sucederá hasta mañana (miércoles).

La remodelación de las instalaciones de la Feria sin avances; Norma Otilia insiste que habrá festividad

Texto: José Miguel Sánchez

Fotografía: Oscar Guerrero

Chilpancingo

 

A un mes de que inicie la Feria de San Mateo, Navidad y Año Nuevo no hay avances en la remodelación de sus instalaciones, aún así, la alcaldesa Norma Otilia Hernández Martínez insiste en que se hará esta festividad.

En un recorrido por las instalaciones de la Feria, ubicada en la colonia Los Ángeles, se observó que los trabajos de reconstrucción van lentos.

No hay nada construido, la maquinaria todavía retaja desniveles de tierra y solo hay espacios pintados con cal, donde se supone construirán los espacios comerciales.

Por ser domingo no hay trabajadores en la obra, solo un cuidador que poco quiere hablar.

«Pues no sabemos nada, aquí solo trabajamos con lo que podemos y nadie nos dice que debemos terminar en un tiempo específico», mencionó el trabajador que no quiso dar su nombre.

A pesar de que la obra se mira con pocos avances, la alcaldesa de Chilpancingo dijo que la Feria si se hará, y que no importa que no esté terminada la obra.

En el último informe de la obra, el pasado 22 de septiembre, el subsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Secretaría Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Daniel Octavio Fajardo Ortiz, mencionó que la construcción llevaba 16 por ciento de avance.

A pesar de que esos datos fueron proporcionados a Hernández Martínez, la alcaldesa insiste públicamente que la Feria se realizará en sus instalaciones, aunque no explica la manera.

«Para nosotros esto es una tradición, más allá de que no haya grandes edificios es una tradición que tenemos que mantener viva”, mencionó la alcaldesa durante la presentación de la convocatoria del Certamen Señorita Flor de Nochebuena, actividad con la que tradicionalmente inician los festejos de la Feria.

En esa ocasión Hernández Martínez dijo que Chilpancingo no es la única ciudad que no cuenta con una construcción para realizar sus festejos.

«Vean Iguala, ahí es solo un terreno y hacen su feria», mencionó la alcaldesa.

Por su parte, Vecinos del Barrio de San Mateo y de la colonia Los Ángeles consideraron que no hay condiciones para realizar la tradicional Feria el próximo mes de diciembre.

Algunos vecinos mencionaron que en distintas visitas que realizaron a la construcción observaron que los trabajos de remodelación están muy atrasados.

El pasado jueves un grupo de comerciantes protestó en las instalaciones de la Feria para pedir a Sedatu y a la constructora la entrega de la obra, que les prometieron estaría lista los primeros días de noviembre.

María Torres, una de las comerciantes, en esa protesta denunció que ahora la constructora les dijo que les entregaran a ellos el próximo 12 de diciembre sus locales con un 40 por ciento de avance.

«Nosotros tenemos que ver porque al final nosotros tenemos que poner los toldos y lo necesario para poder vender», mencionó.

Velas, cempasúchil y pericón para alumbrar y perfumar el camino de los difuntos en Huitziltepec

En esta población nahua, a 30 minutos de Chilpancingo, la tradición del Día de Muertos se cruza con los problemas sociales: el camino de velas y flores de la iglesia al panteón se construye sobre un cauce de aguas residuales, porque hace nueve años colapsaron las ollas de drenaje


Texto: José Miguel Sánchez

Fotografía: Oscar Guerrero

Huitziltepec

 

En los alrededores del poblado de Huitziltepec, municipio de Eduardo Neri, la oscuridad de la noche, el aire frio otoñal y los sembradíos de maíz ya secos que rodean el panteón de la comunidad, contrastan con el color amarillo de miles de velas encendidas y el naranja de las flores de cempasúchil y pericón de las tumbas.

En medio de la oscuridad, el panteón de Huitziltepec, un espacio cuadrado y delimitado por un muro de piedra rústico, resalta por los cientos de velas prendidas.

Fuera de ese muro es fácil perderse en la noche. En Huitziltepec falta alumbrado público a la mitad del pueblo.

Es 1 de noviembre, en la tradición mexicana los dos primeros días de este mes se conmemora el Día de Muertos, una festividad en la que se honra la memoria de los difuntos.

Esta tradición se originó como un sincretismo entre las celebraciones católicas, especialmente entre el Día de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos y de diversas costumbres de pueblos originarios.

Huitziltepec es una comunidad Nahua, a 30 minutos de Chilpancingo, la capital del estado, aquí la tradición dicta que las familias tienen que acudir al panteón a prender velas a sus difuntos; entre más reciente es el fallecimiento más velas se necesitan.

Es por eso que los días 1 y 2 de noviembre el panteón de Huitziltepec se ilumina con las velas que los pobladores ofrendan a sus difuntos.

No se necesita nada más, ni alumbrado o luz eléctrica, las velas por si solas hacen todo el trabajo de iluminar por completo el panteón.

Las familias llegan a las seis de la tarde, padres, hijos, nietos, sobrinos, todos se dan cita en el panteón, llevan las velas y las flores para sus difuntos, además de sillas para sentarse y convivir entre todos.

La celebración no es solo para los difuntos. Las familias, de pie o sentadas en las tumbas, en el transcurso de la noche platican, ríen, conviven, recuerdan. No hay tristeza. Es un momento muy solemne para todos.

El panteón está a unos 500 metros del pueblo, el camino está pavimentado y se puede llegar a pie o moto taxi, a la mitad del camino ya no hay alumbrado público y paradójicamente a partir de ahí caminas hacia la luz para llegar al panteón.

El color amarillo domina la escena, con las velas encendidas; las flores de cempasúchil y pericón agregan matices naranjas.

Sobre el origen de la tradición poco se sabe, pasaron tantos años que la gente ahora lo hace porque así se los enseñaron sus madres y padres, antes, las abuelas y los abuelos y así sucesivamente.

En una de las tumbas está Alfredo Godínez Ortiz. Vino a poner velas a su hermana, Irene Godínez Ortiz, quien falleció el pasado mes de agosto por complicaciones de la diábetes.

El origen

Alfredo Godínez viste camisa de cuadros y un sombrero vaquero. No tiene problemas para hablar con extraños. Dice que no conoce el origen de la tradición, pero se lo enseñó su madre y su padre.

“Esto es una costumbre que ya traían nuestros abuelos, y según la creencia los difuntos vienen y por eso les ponemos ofrenda y con las velas les alumbramos el camino para que lleguen a su casa”.

La celebración del Día de Muertos en Huitziltepec se divide en dos etapas, la primera consiste en acudir al panteón a encender las velas y colocar flores, de acuerdo con los pobladores, para iluminar el camino de los difuntos.

En una segunda etapa, en cada una de las casas, se coloca la tradicional ofrenda, un altar donde ponen fruta, pan, agua comida y mezcal para que los difuntos disfruten los alimentos que les gustaban en vida.
El panteón de Huitziltepec es simétrico y las tumbas están ordenadas en línea recta desde la puerta hasta el final, la mayoría son de tierra y con cruces de madera, solo unas seis son de concreto.
Esa forma de organizar las tumbas, junto con las velas genera un espectáculo visual que no es común en la zona Centro de Guerrero.

“Es como ver la película de Macario pero a color”, mencionó una visitante.

“Esto es de añales, de siglos, esto nos enseñaron nuestros abuelitos, bisabuelitos y nosotros vamos enseñando a nuestros hijos, es una tradición que nunca se acaba”, indicó Alfredo Godínez.

La historia oral de Huitziltepec menciona que hace 500 años vivían en la zona familias dedicadas a la agricultura, todas dispersas en los alrededores de lo que hoy es la comunidad.

Durante la llegada de los españoles, en 1521, hubo una peregrinación de San José con dirección a la Costa de Guerrero, los peregrinos pasaron a descansar a Huitziltepec y al momento de continuar ya no pudieron mover el santo, así que llamaron a todas las familias de los alrededores y decidieron crear el poblado.

“Y yo creo que desde ese momento celebramos estas tradiciones”, dijo Alfredo Godínez.

Ahora San José es el santo patrono de Huitziltepec y desde su iglesia, ubicada en el centro del poblado, sale una procesión encabezada por el sacerdote que termina en el panteón con una misa.

La procesión recorre las calles del poblado y hace una parada en la capilla de San Miguel sobre un camino de veladoras y pétalos de cempasúchil para guiar a los difuntos.

La tradición se cruza con los problemas sociales

El problema con el camino de las veladoras y los pétalos es que lo colocan sobre las aguas residuales que corren a cielo abierto por las calles de Huitziltepec. Hace nueve años colapsaron las ollas de drenaje y la planta tratadora dejó de funcionar.

El pasado mes de abril, pobladores de Huiziltepec protestaron contra las autoridades municipales y estatales para exigir una solución al tema de las aguas residuales y de la planta tratadora, en aquella ocasión amenazaron con bloquear la Autopista del Sol, a pocos metros del poblado.

Funcionarios del gobierno municipal de Eduardo Neri y del gobierno de la morenista Evelyn Salgado Pineda prometieron que comenzarían ese mismo mes los trabajos de rehabilitación del drenaje y buscarían una solución a la planta tratadora.

A siete meses de esa promesa hecha por la presidenta municipal, la petista Sara Salinas Bravo, y del director general de la Comisión de Agua Potable Alcantarillado y Saneamiento del Estado de Guerrero (CAPASEG), Facundo Gestelum Félix, el drenaje aún corre por las calles lo que provoca malos olores y daños a la salud.

“Según dicen que ya van a venir y que están haciendo unos estudios pero pues nomás no puede quedar el drenaje”, denunció Alfredo Godínez.

De regreso a la tradición

Después de la misa, muchas familias se retiran, es momento de ir a casa a esperar junto a las ofrendas a los difuntos.

La hora en la que las familias visitan el panteón y prenden velas es de seis a nueve de la noche.
La población reconoce que hubo muchos fallecidos entre 2020 y 2021 a causa de la covid, principalmente adultos mayores.

En otro punto del panteón está Ana, una mujer tímida, de unos 60 años, sentada frente a la tumba de su mamá y papá fallecidos hace 20 años, de su abuela y abuelo, y de un sobrino.

Ana acude desde los 14 años al panteón, primero acompañaba a sus padres para ofrendarle a sus abuelos, hoy, 60 años después, ella acude por todos.

Huitziltepec es una comunidad campesina, la mayoría vive del campo, Ana comparte que para ofrendar tiene que trabajar todo el año, siembra calabaza y teje cinta de palma que vende a fabricantes de sombreros o artesanías y con eso hace su ofrenda.

Entre velas, flores y comida Ana gastó 150 pesos por difundo, en total requirió de 750 pesos para mantener viva la tradición de Día de Muertos.

Leyendas del Panteón Central de Chilpancingo contadas por un enterrador

Texto y fotografía: José Miguel Sánchez

Chilpancingo

Desde correr a algunos borrachos, impedir la entrada a personas que van a recoger tierra de panteón hasta ver animas salir de las tumbas, la aparición de una niña vestida de blanco y ruidos extraños por las noches, son algunas de las anécdotas que cuenta Daniel García Reyna, trabajador del Panteón Central de Chilpancingo.

Daniel, desde hace 15 años, trabaja como albañil en el Panteón Central de Chilpancingo, cava tumbas y realiza los trabajos de albañilería que requieran las familias de un difunto.

Antes que él, fue su padre. Es un oficio generacional; sus tres hermanos se dedican a lo mismo, Daniel lo aprendió desde que tenía 12 años.
“Tal vez un poco más”, dice.

Fotografía: Oscar Guerrero

Recuerda que desde los siete años acompañaba a su padre al Panteón a verlo trabajar.
A lo largo de esos 15 años, David tiene mucho que contar. La primera anécdota que recuerda es cuando vio a una niña vestida de blanco jugando con una pelota en los andadores del Panteón.

“Una vez nos tocó trabajar ya de tarde y me mandaron por una herramienta, venía como a la mitad del panteón y volteo hacía un lado y vi que alguien pasó y era una niña de blanco que estaba jugando”, comentó Daniel.

La leyenda de la niña de blanco es una tradición en el Panteón de Chilpancingo, Daniel cuenta que es una historia muy contada por los demás trabajadores, pero hasta ese momento él nunca la había visto.

Otra de las leyendas que cuentan los veladores es de una persona que sale de su tumba, vestida de negro, camina y da rondines por los andadores del Panteón.

Trabajar como albañil en el panteón no es cosa fácil, Daniel indica que muchas veces se siente “un ambiente muy denso”.

“Luego estás trabajando y escuchas que viene alguien y cuando volteas no hay nadie, se siente como la presencia de alguien pero pues no es nada”.

En las noches también se vive otro ambiente. “Cuando toca guardia o velar en las noches y sale uno al baño o algún ruido se escucha, se siente el aire más pesado, más frío, caminas y sientes que te empujan o cosas así”.

A pesar de las experiencias, Daniel ya se acostumbró a ese tipo de emociones y muchas de ellas ya no le causan miedo.

Otra de las vivencias que tiene Daniel en su trabajo es la de tratar distintos tipos de personas y circunstancias.

“Una vez me tocó abrir aquí el panteón y de repente vi que allá del fondo se estaba acercando un señor, ya que lo vi me dijo que vino a ver a un familiar, que se emborrachó y se durmió en la tumba de su familiar”.

Además trata de evitar que se realicen rituales pero en muchas ocasiones es complicado y solo hallan restos de algunos animales muertos, huevos o incluso dinero.
Durante la ola más fuerte de la pandemia de Covid-19, en 2020, Daniel recuerda que fue una etapa de mucho trabajo, en un día se llegó a enterrar a cinco personas.

Aunque él nunca supo si estuvo infectado, recordó que hubo un momento en que perdió el gusto y el olfato, pero eso no fue impedimento para continuar con su labor.

En el Panteón Central hay cinco grupos de albañiles, cada grupo consta de entre tres y cinco integrantes que se reparten el trabajo de cavar y realizar las tumbas.

Daniel comentó que a pesar de ser un trabajo pesado y de riesgo, por todo lo que les toca ver, él sabe que es necesario que existan personas que lo realizan.

 

San Miguel, las fiestas para “espantar el hambre” de La Montaña de Guerrero

Entre rituales, bailes, danzas y jaripeo tres pueblos indígenas de la región Montaña en Guerrero festejan a San Miguel y al maíz, el verdadero protagonista de las fiestas de septiembre, donde se pide alejar el mal y conseguir la prosperidad.


Texto y fotos: Isabel Briseño / Pie de Página

La Montaña, Guerrero

 

El día de San Miguel, 28 de septiembre, es el día en que se solicita al santo que termine con las lluvias para que la mazorca madure y la gente tenga buena cosecha. Tres pueblos que habitan en La Montaña de Guerrero -nahuas, tu’un savi y me phaa- realizan diferentes festejos que van desde el ritual hasta el baile y el jaripeo.

En la región nahua de La Montaña alta de Guerrero – cerca del municipio de Tlapa de Comonfort –, septiembre es un mes de celebración. Esta parte del año representa el último mes de la temporada húmeda, que además coincide con el periodo de las primeras cosechas de los cultivos agrícolas. Por fin, después de trabajar de sol a sol en los campos, las milpas y los otros cultivos están maduros. Lo que significa que pronto serán cosechados y utilizados por los habitantes para alimentarse.

El día 27 de septiembre, los habitantes del pueblo nahua recogen de sus parcelas un par de milpas con las que al día siguiente bailarán las mujeres, niñas y niños de cada hogar de Chiepetepec. Fotos: Isabel Briseño.

La fiesta de san Miguel, o mejor dicho, las celebraciones para “el agradecimiento a la lluvia” representan un rito de fertilidad. Rito que, al mismo tiempo, es “de propiciación y aseguramiento de la cosecha de maíz”.

A las 10 de la mañana del 28 de septiembre, la gente comienza a ingresar a la iglesia de Chiepetepec en donde se congrega todo el pueblo para iniciar con la celebración. Foto: Isabel Briseño.

Al interior de la iglesia, los hombres atavían a San Miguel con collares de flores, listones, globos y dinero, lo que representa una ofrenda para la deidad, quien forma parte de los santos católicos, impuestos por la Colonia. Foto: Isabel Briseño.

Estas fiestas representan la última etapa del ciclo agrícola anual. Se caracterizan por diversos ritos alrededor de la planta del maíz.

Para los habitantes, el santo es considerado un aliado de los campesinos y el principal trabajador del temporal. Gracias a sus poderes como guerrero y del rayo que se desprende de su espada, protege los cultivos y lucha contra los seres malignos que los afectan: El granizo, los malos aires, las tormentas y cualquier cosa que el cristianismo asocia con la imagen de Lucifer, el diablo.

Afuera de las casas por donde pasará la procesión, la gente decora con milpas pero también con globos. Fotos: Isabel Briseño.
Una mujer en la calle, espera el paso de la procesión que sale de la iglesia. Foto: Isabel Briseño.

Los habitantes comienzan su recorrido hacia la capilla del cerro, la procesión está encabezada por los músicos, las mujeres encargadas de los pendones, seguidas de los hombres que cargan a San Miguel que es seguido por el pueblo. Foto: Isabel Briseño.

Mijtotilistli, el ritual de los nahuas en Chiepetepec.

La banda de viento encabeza la procesión que sale de la iglesia. Mientras, avanza por las diversas casas de Chiepetepec. Este pueblo, como muchos otros de La Montaña, es un pueblo de migrantes. La mayoría de sus habitantes se van a los campos de Sinaloa y Chihuahua. La migración se observa en las casas que se ven al paso. Son pocas las que quedan tradicionales de adobe. La mayoría construye casas nuevas de material.

Mujeres nahuas cargando la milpa en la comunidad de San Miguel Chiepetepec, Guerrero. Foto: Isabel Briseño

Mujeres, niñas y niños abrazan y arrullan las milpas. La banda de viento suena. Las mujeres se hacen una con la milpa adornada con flor de cempasúchil, flor de pericón, pan rosquete de color rosa, ejotes, chiles, papálo y quelite que fueron cortadas una noche anterior.

Mijtotilistli, (Baile de la Milpa en Náhuatl) comienza. Una mujer con sahumerio lo mueve de arriba hacia abajo mientras las demás, incluidos los más pequeños, bailan alrededor de la capilla con las ofrendas que cargan en sus rebozos como muestra de agradecimiento por la buena cosecha que será su alimento. Foto: Isabel Briseño.

La capilla del cerro llamado Sacamatlapa –que un día antes estaba vacía y cerrada–, comienza a vestirse de verde. El sol no tiene piedad. Cae como plomo sobre los negros cabellos de los nahuas. A la pequeña explanada entran quienes “bailarán la milpa”, mientras el santo es colocado dentro de la capilla. Los cantores del pueblo entonan rezos que suenan a melodías. En tanto, los pies de los asistentes comienzan a fusionarse con las notas musicales que la banda entona una tras otra afuera del centro del ritual. Al igual que los hombres, los músicos deben permanecer en el exterior.

En el cerrito a un lado de la capilla, mientras la gente baila con sus milpas, se ofrenda pan, maíz, flores, velas. En La Montaña se siembra la milpa, o sea el maíz, la calabaza, el ejote y el frijol, en los meses de abril y mayo para cosechar entre octubre y noviembre. Foto Isabel Briseño
El ritual de la vida. El triunfo de la vida sobre la muerte pues la muerte es la hambruna y el maíz la esperanza de que habrá vida gracias al sustento. Foto: Isabel Briseño

Mujeres, niños y niñas, le agradecen a San Miguel Arcángel las cosechas. Con esta ceremonia se “espanta el hambre”, dicen algunos habitantes. Representa el triunfo del maíz sobre el hambre del pueblo.

Dos pequeñitas caminan tomadas de la mano mientras regresan hacia la parroquia después de haber bailado con sus milpas que cargaban en sus coloridos rebozos. Foto: Isabel Briseño.

Después de “bailar la milpa” durante unas dos horas la procesión se encamina de nuevo hacia la iglesia. Regresan a su santo a la parroquia. Posteriormente en casa ofrendan con mole y tamales nejos a la milpa que fue elegida para llevarla a bailar. Este ritual es único en la región de la Montaña de Guerrero, pues aunque en otros pueblos también se celebra a San Miguel, son distintos los festejos.

Los santos católicos son considerados en toda la montaña indígena de Guerrero potencias de la naturaleza. Foto: Isabel Briseño.
Los habitantes de Chiepetepec, aunque migran, todavía viven según los antiguos “usos y costumbres” del pueblo. Después del ritual en el cerro, en la comisaría de pueblo se prepara el chivo para seguir con la fiesta de san Miguelito, como cariñosamente le dicen los habitantes al santo. Foto: Isabel Briseño.

La danza de los chareros en Moyotepec

La temporada de secas, o de calor, como se le llama en la región, suele ser severa, si no es que extrema. Con temperaturas que alcanzan los 40 grados y vientos calientes que transforman el paisaje: la tierra se vuelve dura, hay polvo por todas partes y muy pocas plantas sobreviven todo el año. Ninguna que ofrezca alimento a las personas.

En esta región está la comunidad de Chilixtlahuaca, que tiene mil 500 hablantes del Tu’un Savi (mixteco). Son espléndidos. “Todos los hombres tienen cargo desde que se casan”, dice don Anastacio, quien come junto a otros hombres en un largo tablón de madera.

Los chareos es una variante de la danza de Moros y Cristianos, conocida prácticamente en toda la República Mexicana entre las poblaciones indígenas. Foto: Isabel Briseño

Más hombres llegan al festín con un cartón de cervezas al hombro, y sus familias sujetadas con la otra mano. Entregan el cartón y se sientan a disfrutar del manjar que desfila por las mesas: Mixiote de borrego, salsita verde y frijoles. Todo esto acompañado con tortillas, una pepsi y una cerveza que es sustituida en cuanto se termine la que está sobre el tablón.

Los cargos de mando en Moyotepec se reúnen a comer y beber, mientras los chareos bailan a un lado de ellos. En Moyo, como le dicen los habitantes, no solo se festeja con danza y baile en la cancha a San Miguel, también hay cambio de autoridades. Es por eso que hay bastante comida, banda de viento y la danza continua de los chareos.

La fiesta de los me phaa en Tototepec

Puede decirse que septiembre es el punto central del ciclo agrícola. De él depende el futuro y la supervivencia de la comunidad que se reúne y agradece a sus santos protectores más relevantes para el ciclo agrícola: San Marcos, santo de las semillas; y san Miguel, santo de la cosecha.

La fiesta de San Miguel se puede definir como una práctica religiosa, pero los Me phaa son fiesteros, dicen ellos mismos. Es por eso que a San Miguel los habitantes lo celebran con monta de toros y un baile al que nadie falta. Incluso asisten quienes radican en Tlapa.

“La tradición nunca se pierde. Año con año se festeja a nuestro Santo Patrón San Miguel Arcángel. Todos los vecinos y pueblos de diferentes lugares están invitados”, dice un anuncio en la página de facebook que lleva por nombre: Fiesta San Miguel Arcángel.

“Porque cada uno de estos valientes guerreros tendrán la oportunidad de demostrar su valentía y destreza montando los lomos de estos torazos” dice un hombre que anuncia a los jinetes. Foto: Isabel Briseño.

En la iglesia hay castillo, por lo que algunas familias lo esperan emocionados. Pero la mayoría de la gente está dividida entre la feria y la jineteada que anuncia que, en cuanto termine el espectáculo en donde los valientes jinetes suben al toro bronco, dará inicio lo verdaderamente bueno de la celebración al santo patrón: El baile.

Las tradiciones – o “la costumbre”–, persisten a pesar de los difíciles problemas que enfrenta cada comunidad de las diferentes zonas indígenas: pobreza, migración masiva al norte, violencia estructurada, narcotráfico, etcétera.

Así, entre rituales, bailes, danzas y jaripeo tres pueblos diversos de la región Montaña festejan la relación que existe entre San Miguel y el maíz; quien es el verdadero protagonista de las fiestas de septiembre con la intención de alejar el mal y conseguir la prosperidad.

 

Este trabajo fue publicado por el equipo de Pie de Página y lo reproducimos como parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. 

Mujeres de Zitlala pelean por petición de lluvias

Texto y fotografía: Luis Daniel Nava 

8 de mayo del 20220

Chilapa

 

Desde al menos 10 años, las mujeres de Zitlala participan en el ritual de petición de lluvias. Cada año son más las que se preparan para pelear no sólo por el gusto sino por mantener viva una tradición ancestral que les da identidad.   

Es la tarde del 5 de mayo, Mayra de 12 años y Sabina de 13, salieron de sus casas del barrio de San Mateo para integrarse al contingente de tecuanis o jaguares para pelear en la plaza principal.  

Es la primera vez que participan y lo hacen acompañados de sus padres y hermanos, entre ellos adolescentes y niños, también peleadores. 

Llevan trajes verdes y negros, máscaras de felinos elaboradas con cuero de res y una soga amarrada a la cintura y que termina en una especie de mazo atada a la mano, conocida como cuarta. A Mayra la fajó de la cintura el capitán Gregorio Tomatzin, heredero de una familia de peleadores.  

Antes el capitán pasó a las casas de Mayra y Sabina acompañado de una banda de música de viento, como lo hizo con todos los demás guerreros y guerreras. Es parte de la tradición. En el recorrido adultos, mujeres y niños gritan y bailan con la cuarta invocando al cielo.   

Este día también debutaron dos hermanos de Sabina, uno de 20 y el más pequeño de seis años. Su papá, Adrián Tepetitlán, les ha dejado la estafeta y su mamá Fabiola García los acompaña entusiasmada. 

“Me siento orgullosa de bailar en esta tradición, representar el barrio y la familia”, dice la adolescente.  

Al barrio de La Cabecera se unió Anselma Olea que desde hace tres años ha querido participar, pero se cruzó la pandemia y un accidente que tuvo.  

“Siempre me han gustado las costumbres y las tradiciones de mi pueblo. Cuando eres originaria de un pueblo que alberga tantas es importante conocerlas para encontrar tus raíces y origen […] Me sentí muy bien de ser parte de un ritual ancestral y reconocido a nivel nacional e internacional. Hasta donde pude rendí mi sacrificio y más que un sacrificio fue un placer participar”.  

A Anselma, recuerda, muchos le dijeron que no participara porque el ritual es para hombres y por el riesgo que implica.

En esta edición al menos 20 mujeres fueron parte del ritual, de ellas 12 entraron al cuadrilátero a pelear.  

Tradicionalmente las mujeres participan en otras etapas del ritual como en el encuentro de cruces y velas, los rezos, las ofrendas y la preparación de la comida.

No hay una fecha exacta en que las mujeres se integraron al ritual en la parte de las peleas, aunque se estima que es desde hace unos diez años. 

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La semita, tradición gastronómica de Chilpancingo

José Miguel Sánchez/ Itzel Urieta

Fotografía: Itzel Urieta

Chilpancingo

La semita es un delicioso pan originario de la zona centro de Guerrero, principalmente de Tixtla y Chilpancingo, el cual se elabora con harina, piloncillo, manteca de cerdo y azúcar principalmente, aunque también se puede rellenar de requesón.

Su nombre proviene del árabe as samid que significa la flor de harina.

En Chilpancingo la semita no debe faltar en las vitrinas de las panaderías o en los canastos de pan; las que no lo tienen, no están completas para el paladar capitalino.

Tal es el caso de La Panadería, un expendio que se ubica en la colonia Cooperativa, un negocio joven que comenzó a operar a finales del 2019, orneando diferentes tipos de pan: conchas, orejas, donas, polvorones, entre otros.

Pero había algo que les hacía falta tener entre sus vitrinas, algo que las personas les pedían con insistencia, las tradicionales semitas.

“Mucha gente nos la pedía, nosotros no sabíamos muy bien cómo elaborarla, yo tenía la receta pero nunca lo había hecho, fue cuestión de practica y error, hacer pruebas, ir mejorando la técnica para que saliera lo mejor posible, como a la gente le gusta”, comenta Salvador Álvarez Hernández, encargado de realizar el pan.

La realización de la semita es un proceso largo, el cual comienza a las ocho de la mañana y termina a las cuatro de la tarde ya con la venta al público de tan tradicional pan.

 

A las ocho de la mañana comienza un espectáculo de harinas y masas, se comienzan a mezclar todos los ingredientes y se crea las distintas mezclas que darán vida al pan del día.

Pero están vez nos enfocaremos en una sola, la que más tarde se convertirá en la popular semita.

Los ingredientes base son harina, manteca de puerco, azúcar, sal, agua y levadura, todo esto se mezcla durante cinco minutos.

Posteriormente la masa que resultó de los ingredientes base, se deja reposar durante una hora esto con la finalidad de que la masa adquiera mayor volumen y sus propiedades puedan explotarse al máximo.

Mientras reposa la masa, se tiene que preparar el centro de la semita, mejor conocido como relleno, el cual lleva piloncillo, manteca de puerco nuevamente, huevos, harina y una masa madre que es la receta de la casa. Estos ingredientes se mezclan muy bien y se dividen al tamaño exacto de la la semita.

Cuando las dos masas están listas, toman una porción de centro y otra de la masa principal que es la cara de la semita y se le comienza a dar forma, se deja reposar de 15 a 20 minutos para seguir con el proceso.

Con la misma masa de la cara se realizan largas y delgadas tiras que servirán para decorar la semita que es un elemento muy característico de este pan.

Una vez las semitas listas, con todo y su decorado, se dejan reposar de una hora a hora y media, dependiendo el calor.

Una vez que todo está listo, se procede a ornear la semita, el tiempo que están en el orden es de 12 a 15 minutos dependiendo del tamaño.

Y queda lista para salir. Se coloca en las vitrinas de La Panadería, lista para que los chilpancingueños puedan deleitarse con este delicioso y tradicional pan.

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