Mujeres de Zitlala pelean por petición de lluvias

Texto y fotografía: Luis Daniel Nava 

8 de mayo del 20220

Chilapa

 

Desde al menos 10 años, las mujeres de Zitlala participan en el ritual de petición de lluvias. Cada año son más las que se preparan para pelear no sólo por el gusto sino por mantener viva una tradición ancestral que les da identidad.   

Es la tarde del 5 de mayo, Mayra de 12 años y Sabina de 13, salieron de sus casas del barrio de San Mateo para integrarse al contingente de tecuanis o jaguares para pelear en la plaza principal.  

Es la primera vez que participan y lo hacen acompañados de sus padres y hermanos, entre ellos adolescentes y niños, también peleadores. 

Llevan trajes verdes y negros, máscaras de felinos elaboradas con cuero de res y una soga amarrada a la cintura y que termina en una especie de mazo atada a la mano, conocida como cuarta. A Mayra la fajó de la cintura el capitán Gregorio Tomatzin, heredero de una familia de peleadores.  

Antes el capitán pasó a las casas de Mayra y Sabina acompañado de una banda de música de viento, como lo hizo con todos los demás guerreros y guerreras. Es parte de la tradición. En el recorrido adultos, mujeres y niños gritan y bailan con la cuarta invocando al cielo.   

Este día también debutaron dos hermanos de Sabina, uno de 20 y el más pequeño de seis años. Su papá, Adrián Tepetitlán, les ha dejado la estafeta y su mamá Fabiola García los acompaña entusiasmada. 

“Me siento orgullosa de bailar en esta tradición, representar el barrio y la familia”, dice la adolescente.  

Al barrio de La Cabecera se unió Anselma Olea que desde hace tres años ha querido participar, pero se cruzó la pandemia y un accidente que tuvo.  

“Siempre me han gustado las costumbres y las tradiciones de mi pueblo. Cuando eres originaria de un pueblo que alberga tantas es importante conocerlas para encontrar tus raíces y origen […] Me sentí muy bien de ser parte de un ritual ancestral y reconocido a nivel nacional e internacional. Hasta donde pude rendí mi sacrificio y más que un sacrificio fue un placer participar”.  

A Anselma, recuerda, muchos le dijeron que no participara porque el ritual es para hombres y por el riesgo que implica.

En esta edición al menos 20 mujeres fueron parte del ritual, de ellas 12 entraron al cuadrilátero a pelear.  

Tradicionalmente las mujeres participan en otras etapas del ritual como en el encuentro de cruces y velas, los rezos, las ofrendas y la preparación de la comida.

No hay una fecha exacta en que las mujeres se integraron al ritual en la parte de las peleas, aunque se estima que es desde hace unos diez años. 

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La semita, tradición gastronómica de Chilpancingo

José Miguel Sánchez/ Itzel Urieta

Fotografía: Itzel Urieta

Chilpancingo

La semita es un delicioso pan originario de la zona centro de Guerrero, principalmente de Tixtla y Chilpancingo, el cual se elabora con harina, piloncillo, manteca de cerdo y azúcar principalmente, aunque también se puede rellenar de requesón.

Su nombre proviene del árabe as samid que significa la flor de harina.

En Chilpancingo la semita no debe faltar en las vitrinas de las panaderías o en los canastos de pan; las que no lo tienen, no están completas para el paladar capitalino.

Tal es el caso de La Panadería, un expendio que se ubica en la colonia Cooperativa, un negocio joven que comenzó a operar a finales del 2019, orneando diferentes tipos de pan: conchas, orejas, donas, polvorones, entre otros.

Pero había algo que les hacía falta tener entre sus vitrinas, algo que las personas les pedían con insistencia, las tradicionales semitas.

“Mucha gente nos la pedía, nosotros no sabíamos muy bien cómo elaborarla, yo tenía la receta pero nunca lo había hecho, fue cuestión de practica y error, hacer pruebas, ir mejorando la técnica para que saliera lo mejor posible, como a la gente le gusta”, comenta Salvador Álvarez Hernández, encargado de realizar el pan.

La realización de la semita es un proceso largo, el cual comienza a las ocho de la mañana y termina a las cuatro de la tarde ya con la venta al público de tan tradicional pan.

 

A las ocho de la mañana comienza un espectáculo de harinas y masas, se comienzan a mezclar todos los ingredientes y se crea las distintas mezclas que darán vida al pan del día.

Pero están vez nos enfocaremos en una sola, la que más tarde se convertirá en la popular semita.

Los ingredientes base son harina, manteca de puerco, azúcar, sal, agua y levadura, todo esto se mezcla durante cinco minutos.

Posteriormente la masa que resultó de los ingredientes base, se deja reposar durante una hora esto con la finalidad de que la masa adquiera mayor volumen y sus propiedades puedan explotarse al máximo.

Mientras reposa la masa, se tiene que preparar el centro de la semita, mejor conocido como relleno, el cual lleva piloncillo, manteca de puerco nuevamente, huevos, harina y una masa madre que es la receta de la casa. Estos ingredientes se mezclan muy bien y se dividen al tamaño exacto de la la semita.

Cuando las dos masas están listas, toman una porción de centro y otra de la masa principal que es la cara de la semita y se le comienza a dar forma, se deja reposar de 15 a 20 minutos para seguir con el proceso.

Con la misma masa de la cara se realizan largas y delgadas tiras que servirán para decorar la semita que es un elemento muy característico de este pan.

Una vez las semitas listas, con todo y su decorado, se dejan reposar de una hora a hora y media, dependiendo el calor.

Una vez que todo está listo, se procede a ornear la semita, el tiempo que están en el orden es de 12 a 15 minutos dependiendo del tamaño.

Y queda lista para salir. Se coloca en las vitrinas de La Panadería, lista para que los chilpancingueños puedan deleitarse con este delicioso y tradicional pan.

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