Nadie vive tranquilo en Ayahualtempa

Es una de las 16 comunidades cerco adheridas a la CRAC-PF, queda en la frontera de esta zona segura 


 

Texto y fotografía: Luis Daniel Nava

30 de enero del 2020

 

Hueycatenango

 

Sus habitantes no viven tranquilos en Ayahualtempa, comunidad a 100 metros de Hueycatenango. Los niños han dejado el juego y la escuela para aprender a defenderse.


“Se siente mal no poder jugar, no poder estudiar, no poder estar tranquilos y tener que cuidar a nuestra familia”, dice un adolescente que desde hace tres meses decidió apoyar a sus padres en el sistema de seguridad de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores (CRAC-PF) en la Montaña baja.

 

Los pobladores de Ayuahualtempa viven desde el año pasado aislados ante el acoso y los ataques del grupo criminal Los Ardillos, el que ya domina la mayoría de las comunidades de Chilapa y Hueycantenango–de acuerdo a sus versiones y los propios reportes oficiales–, menos 16 pueblos en los que los habitantes decidieron crear la CRAC-PF para defender sus vidas y su territorio.

En la comunidad no hay personal médico ni maestros, tampoco pueden salir a atenderse o a clases.

 

Los niños, adolescentes y jóvenes han optado por dejar de estudiar la secundaria y la preparatoria en Chilapa o su cabecera Hueycantenango, a pesar de su secundaria está a unos 100 metros de distancia.

 

Además, la población no ha podido cultivar y menos salir a vender su maíz, el que está almacenado en costales. Pasa lo mismo con el resto de su producción: frijol, jitomate y tomate de cascara. Tampoco pueden salir a comprar jabón, chile verde, huevo, sopa o aceite para su alimentación.

 

Varios que se han atrevido a desafiar el cerco hacía ‪las dos direcciones han encontrado la muerte. El blanco ha sido toda la población, sean policías comunitarios de la CRAC o no.

De las 26 personas asesinadas y dos desaparecidas en el último año, originarias de alguna de las 16 comunidades la CRAC-PF, siete eran de Ayuahualtempa.


Se trata de Eugenio Máximo Hilario, ex comandante regional; Leocadio Bolaños Hernández, policía comunitario, y los ciudadanos Marcelino Pedro Rojas, David Domingo Alonso, Samuel Rojas Dorantes. Continúan desaparecidos Fidel Bolaños Rojas y su hijo Félix Isidro.

 

Ayahualtempa del municipio de José Joaquín de Herrera tiene unos 800 pobladores y está a un costado de Hueycantenango, cabecera de José Joaquín de Herrera. La distancia entre este poblado y la capital del estado Chilpancingo es de 94 kilómetros, unas dos horas de trayecto.

Las 16 comunidades que pertenecen al sistema de seguridad y justicia de la CRAC-PF son Rincón de Chautla, Zacapexco, Tepozonalco, Apaxtla, Terrero I, Xolotepec, Xochitempa, San Jerónimo Palantla, Buena Vista, Alcozacán, Acahuehuetlán, Tula, Xicotlán, Ayahualtempa, Amatitlán y Tierra Blanca.

 

 

El entrenamiento

El viernes 24 de enero, una veintena de niños de seis a 16 años platican y juegan en las gradas de la cancha del pueblo. Portan escopetas, rifles y hasta armas de madera. Algunos visten el pantalón azul marino del uniforme de la escuela, pantalones de mezclilla y pants, huaraches con suelas partidas y la mayoría porta playeras de talla grande color verde olivo con el logo de la policía comunitaria.

 

Cuando escuchan el sonido de un helicóptero corren y voltean al cielo, los más pequeños levantan sus armas en posición de disparo. Se trata de la llegada del gobernador del estado a la zona.  

 

Se preparan para un ejercicio de diferentes posiciones de disparo, lo realizan y después que les ordenan romper la formación se van a jugar baloncesto con las armas en la espalda. Otros se posicionan en las orillas de la cancha para vigilar la entrada del pueblo y los cerros de enfrente por donde pasa la carretera que lleva a Hueycantenango.


Un niño de unos 15 años dice que decidió entrar a la policía comunitaria desde hace un año para apoyar a su familia, a su pueblo y a sus compañeros que cuidan de noche, para resguardar a los suyos. Su papá se adhirió a la CRAC-PF desde que se fundó en 2014.


Su función, dice, es ayudar a cuidar las orillas del pueblo.

 

“Nosotros nos vamos a la orilla del pueblo para cuidar a nuestros paisanos, nuestros hermanos, nuestros primos, nuestras familias”.


— ¿Qué se siente estar en alerta constante?

– Se siente mal al no poder jugar, no poder estudiar, no poder estar tranquilos pero tenemos que cuidar a nuestra familia. Quisiera ser maestro pero no podemos estudiar, las escuelas están fuera del pueblo.

 

Explica que los grupos de le delincuencia, investigan de quienes son hijos y si son de policías comunitarios los secuestran para hacerles daño. 

 

En la comunidad no hay maestros para el jardín de niños y la primaria. El adolescente pide que el gobierno del estado y el federal los apoye enviando a profesores y en la construcción de una secundaria y una preparatoria para seguir estudiando.

 

 

Les enseñamos defensa propia

Un coordinador de la policía comunitaria de la CRAC en esa localidad cuenta que su papá, ahora extinto, fue fundador de esa organización en la región. Ahora dos hijos y dos hermanos continúan la tradición.

 

“Los niños ven que le estamos echando ganas para defender el pueblo; se motivan más con los casos que están pasando”.

 

“Ya no puedes salir del módulo de la policía municipal (ubicado en la entrada a esa localidad) por la delincuencia que está en Hueycantenango y por la seguridad de nuestros hijos. Ya que no pueden con nosotros los grandes, la pueden agarrar con los niños.


El grupo de niños de la CRAC-PF indica llevan tres meses capacitándose.

 

“No les estamos mal aconsejando para que sean delincuentes, sino capacitándolos para que al rato, ni dios lo quisiera, sepan defenderse. Les estamos enseñando defensa propia”, dice.


Cuenta que su función es dar consejos a los niños sobre el funcionamiento de la institución comunitaria además de explicar cómo se usan las armas y para qué.


“Ellos ya saben cómo están las cosas, salen con sus chivitos y a lo mejor por ahí ven a unos cuantos desconocidos y nos pueden avisar; los maleantes ya no saben por dónde van a entrar, entran por donde quiera, para eso es el entrenamiento de ellos”.


Comparte que en el preescolar y la primaria los maestros no acuden a dar clases y es la petición que hacen al gobernador Héctor Astudillo y al presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Quisiéramos que el presidente se fijara en los apoyos en las escuelas, en dos o tres años no hay apoyo de parte del ayuntamiento”, insiste.


“El gobierno no quiere que los capacitemos pero no nos queda de otra, no hay escuelas, y no quisiéramos que confundieran las armas de nosotros con las que usan los delincuentes.
“Los capacitamos para el bien, no para hacer el mal. No utilizamos las armas para matar a la gente, la utilizamos para defensa”.


Asegura que la delincuencia está ahí, en el municipio de José Joaquín de Herrera, que ya se plantó.


“Los niños van y ven eso. Está la Guardia Nacional y en sus narices de los niños levantan a un hombre, a una persona. La Guardia Nacional entra, se pasea, se da cuenta quienes son los delincuentes y no les hacen nada”.

 

En la plática con los niños, dice, le han manifestado que quieren ser maestros, arquitectos y doctores, sueño que no les quieren quitar.

 

“Quisiéramos que estudien, que tengan una buena educación, hay que ayudarles a cumplirles su sueño. Aquí en nuestro territorio hubiera una escuela secundaria, una preparatoria y una de nivel superior”, manifiesta.

 

Es claro que ellos no quieren ir a la preparatoria por temor a esas personas que están amenazando. “Los mandamos a Chilapa pero en Atzacoaloya los están atajando o en Chilapa los están identificando. Si el gobierno quiere ayudarnos ahora es el momento”.