El método educativo de un maestro para enfrentar pandemia y rezago

Con tres celulares, el profesor Antonio enfrenta otra pandemia: la desigualdad. Los Magueyitos es una de las comunidades marginadas donde los estudiantes no pueden seguir clases a distancia


 

Texto: Margena de la O

Fotografía: Angie García (portada) y cortesía del profesor Antonio

15 de mayo del 2020

 

Chilpancingo

 

El maestro Antonio Mastache Rodríguez rompió su cuarentena en Iguala el 22 de abril pasado, para viajar a Los Magueyitos, comunidad de Tecoanapa, Costa Chica de Guerrero, donde dirige la telesencundaria Ignacio Manuel Altamirano y está a cargo de los estudiantes del grupo de tercer grado. Debía asesorar a sus alumnos sobre el método de clases que ideó para el resto de la contingencia por la Covid-19.

 

El profesor les llevó tres celulares sin chip. Dos, él los tenía guardados y el otro, se lo prestó un amigo. Son viejos, cuenta él mismo que uno tiene la pantalla rota y otro se descarga rápido, pero con las funciones suficientes para asignar y recibir tareas cada domingo.

 

Aun cuando la comunidad no tiene red de telefonía celular, su señal de internet es satelital –se activa con fichas de abono que cuestan 10 pesos la hora –y muchos de los estudiantes de la telesecundaria nunca antes habían usado un teléfono inteligente. De sus 16 alumnos sólo Marleni tiene celular.

 

El joven maestro instaló en los teléfonos una aplicación de mensajería instantánea, la cual activó con una dirección de correo electrónico y sin necesidad de que los aparatos tuvieran un número telefónico activado. Después de buscar en varios navegadores de aplicaciones, halló una que se ajustó a las condiciones del equipo.

 

El 20 de abril venció el primer periodo de confinamiento dictado de un mes por las autoridades sanitarias. Con eso se reiniciaron las actividades educativas de manera virtual y una nueva etapa de cuarentena: los maestros debían hacer uso de herramientas digitales y generar evidencias de sus clases.

 

Las autoridades educativas en Guerrero, de acuerdo con la versión de maestros de nivel básico, dieron tres opciones a los docentes para comunicarse con sus alumnos y generar evidencias de su trabajo: usar la aplicación de mensajería WhatsApp o el Google Classroom (un servicio web educativo gratuito), o enviar los ejercicios, con cierta periodicidad, en el transporte público de las comunidades donde están sus escuelas.

 

La Secretaría de Educación Pública (SEP) también empleó clases a distancia transmitidas por televisión para los alumnos de nivel básico (preescolar, primaria y secundaria) de todo México.

 

“¡Ajá y cómo le voy a hacer! Es que no se puede”, dice Antonio que expresó cuando lo supo.

 

En Los Magueyitos tampoco hay señal de televisión abierta y sólo algunas personas del pueblo tienen algún servicio de televisión de paga.

 

La comunidad está a casi una hora de distancia de la cabecera municipal, según el cálculo del maestro Antonio, porque 10 de los 16 kilómetros que las separa están sin pavimentar y el camino es complicado, sobre todo en tiempo de lluvias.

 

“Los chamacos no van a hacer nada, pero más que no hacer nada, no van a aprender”, comenta Antonio que pensó cuando supo de las estrategias educativas oficiales.

 

Se acordó de Marleni. “Para mi suerte hay una niña que tiene celular”. Le habló y por ella supo que las tareas que les encargó a sus alumnos antes de iniciar el primer periodo de confinamiento, 20 de marzo pasado, ya las habían terminado.

 

Junto a sus dos compañeras maestras, Donají y Araceli, Antonio acudió a la comunidad, protegidos con cubrebocas y gel antibacterial, con su plan para acortar la distancia y romper la falta de comunicación a Los Magueyitos, parecido a muchos pueblos de Guerrero, donde los docentes se las ingenian para sus clases desde mucho antes de esta contingencia sanitaria.

 

 

Maestro graduado en tiempos de la reforma educativa

Antonio se hizo maestro de nivel básico en 2014, unos meses después de que en México se promulgó la reforma educativa del ex presidente Enrique Peña Nieto, la cual impactó en los derechos laborales de los docentes. Esa reforma generó movilizaciones del magisterio, sobre todo en estados del sur del país, como Guerrero.

 

Egresó del Centro Regional de Educación Normal (CREN) Adolfo López Mateos, ubicado en Iguala, el municipio de región Norte de donde es originario. Pronto comenzó a laborar en el sistema educativo público. Primero, lo asignaron como maestro en un lugar de Xochistlahuaca, municipio de Costa Chica de población amuzga, donde estuvo tres años.

 

Después solicitó un cambio, lo que resulta común en el gremio magisterial de nivel básico, y en noviembre del 2017 se lo conceden a Los Magueyitos. Llegó al pueblo porque dos de los tres maestros contratados por SEP-SEG para atender la telesencundaria Ignacio Manuel Altamirano, dejaron de asistir. Sólo la maestra Donají Benítez Manzanares, quien todavía es su compañera, se mantuvo dando clases.

 

Para que las autoridades educativas cubrieran la planta docente de la telesecundaria, Antonio hasta acompañó a los padres de familia a protestar a Chilpancingo. Se necesitaban tres maestros, uno por cada grupo, y sólo había dos.

 

Pasó mucho tiempo más para que asignaran a la escuela la base del tercer docente que hacía falta. Es así como después llegó la maestra Araceli Pastrana Beltrán.

 

Ellas dos y él integran en la actualidad el equipo docente de la telesecundaria. En su caso, además de atender el tercer año, es el director de la escuela.

 

Antonio es un maestro joven, en marzo apenas cumplió 28 años.

 

 

Una estrategia para sobrellevar la educación a distancia

De Iguala a Los Magueyitos son unas cuatro horas de distancia en carro, según escribió el maestro Antonio en un post de su perfil de Facebook el 23 abril. Ese es sólo un detalle sobre la visita que hizo un día antes a sus alumnos para acordar cómo sobrellevar las clases a distancia.

 

Es por esa publicación en la red social que se supo de Antonio, a quien se contactó por teléfono. Él escribió que les llevó a sus alumnos “unos celulares viejitos, pero útiles”, ya habilitados con un mensajero instantáneo que se pueda activar con “internet satelital” que hay en la comunidad, para mandar y recibir trabajos.

 

Al llegar a la comunidad con sus compañeras maestras, narra, citaron a los padres en la cancha deportiva del pueblo, primero, para informarles más sobre la Covid-19 y las medidas a seguir para evitarla, y segundo, para integrarlos a la estrategia. “El trabajo también va a ser de ustedes”, dice que les comentó a los padres.

 

A los estudiantes los citó en la escuela. Con el celular de Marleni, el profesor integró cuatro equipos con un responsable a cargo cada uno, quienes aprendieron a usar Wire, la aplicación que instaló en los celulares. También les dio instrucciones de los envíos de materiales.

 

Desde entonces cada domingo, a las seis de la tarde, los responsables de los equipos reciben detalles de la tarea de la semana y recogen los ejercicios dictados el domingo anterior. Al maestro Antonio le devuelven fotografías de las tareas resueltas por ellos y sus compañeros.

 

Rigoberto, el encargado del pequeño ciber en el pueblo, también juega un papel importante en la estrategia de clases. Su negocio sólo tiene una máquina de escritorio y la venta de fichas para internet satelital.

 

Antonio cuenta que ese día que subió a Los Magueyitos, le llevó a Rigoberto una impresora para que él reciba los formatos de las tareas de sus alumnos y él se los entregue en físico a los estudiantes.

 

Rigoberto, de quien Antonio comenta debe tener su edad, es egresado de las primeras generaciones de la telesecundaria del pueblo, fundada en 2001.

 

El maestro dejó 200 pesos que habían ahorrado los estudiantes, para que con eso paguen las fichas de internet, confiado en que regresarían a clases físicas el 1 de junio, pero esta semana desde el gobierno de Guerrero evaluaron pocas posibilidades de hacerlo. Es probable que Antonio ya no vea a sus alumnos en este ciclo escolar.

 

Queda claro que con su estrategia, el profesor debía garantizar más que la sana distancia para el resto del confinamiento por la Covid-19, distanciamiento que el mismo rompió para atender una contingencia de más años, el rezago en las comunidades, muchas ni siquiera tan alejadas, como Los Magueyitos, pero con contextos que las vuelven marginadas.