La maestra Lilibeth, en inusual celebración del Día del Niño y de la Niña, conoce a sus alumnos

“Me gustó conocerte y poderte abrazar. Besitos”, es la frase con la que le agradeció uno de los niños


 

Texto: Beatriz García

Foto: Cortesía

30 de abril del 2021

Chilpancingo

 

Para la profesora Lilibeth Ocampo Villegas era importante celebrarles el Día del Niño y de la Niña a sus alumnos y alumnas de primer grado. A los alumnos de este ciclo escolar no los conocía personalmente por las restricciones a las que encauzó la pandemia por la Covid-19. Ella junto a tres maestras más de primer grado, de la escuela primaria José María Morelos y Pavón, decidieron vestirse de algunos personajes infantiles y ver a sus alumnos unos minutos para entregarles algunos obsequios con la distancia necesaria.

 

La pandemia por el virus SAR-CoV-2, que lleva más de un año, provocó cambios drásticos. En el sector educativo se sustituyeron las clases presenciales por virtuales y el resto de las actividades, como los festivales se cancelaron.

 

En preescolares y primarias es tradición celebrarles a los niños y niñas con música, comida, dulces, piñatas y adornos de colores.

 

Lilibeth es profesora desde hace 16 años. Este año le tocó dar clases virtuales tres veces a la semana a 39 niños y niñas de primer grado de la escuela Morelos, ubicada físicamente en la avenida Alemán, en el centro de la ciudad.

 

En entrevista, contó que para ella es importante la celebración del Día del Niño, porque gracias a ellos, ella puede ejercer su profesión.

 

 

En la primaria Morelos junto con Lilibeth hay otras tres maestras que también dan clases de primer grado y tampoco conocían a sus alumnos: Elizabeth Tela Reyna, Cecilia Conteras Godoy y María de Lourdes Betancourt.

 

“Nuestra profesión son los niños, entonces esta es una fecha muy importante para nosotros, son los principales actores de la razón de que nosotros estemos en esta profesión, entonces no queríamos que pasara desapercibido”, dijo.

 

Hace un año, Lilibeth hizo de manera virtual el festejo, la cuarenta apenas llevaba un mes. Hizo la semana del niño con actividades como cuentos literarios y peinados locos.

 

Este año, las maestras discutieron distintas alternativas, que también dependían del semáforo epidemiológico, que es el que mide el grado de la pandemia. El semáforo en Guerrero está en color amarillo que, se supone, indica que los casos de contagios y defunciones disminuyeron.

 

Las maestras se decidieron por ver físicamente a los niños con todas las medidas sanitarias: uso de gel antibacterial, caretas, cubrebocas y desinfección del espacio.

 

La construcción de la escuela permite, que cuando hay clases presenciales, ingresen automóviles por un lado y salgan a un costado, con el fin de que no obstruyan la calle. Entonces, con base a ese mecanismo, las maestras realizaron el festejo ayer miércoles.

 

Lilibeth contó que junto con sus compañeras optaron porque los alumnos acudieran en vehículo particular, en taxi o caminando y pasaran al plantel, sin necesidad de bajarse de sus carros, para que les entregaran obsequios.

 

Las maestras decoraron un espacio con globos y tiras multicolores. Colocaron una mesa con manteles también de colores y sobre ella aguinaldos con dulces, y donas dentro de charolas selladas. En un costado pusieron bolsas con pelotas.

 

Ellas corrieron con los gastos del festejo.

 

La maestra Lilibeth se vistió de la princesa del videojuego llamado Mario Bros, con un vestido rosado y una tiara brillante en el cabello. Otras dos de payasitas y una más vestía el traje de Iron Man.

 

Para que no se juntaran los niños de los cuatro salones y evitar aglomeraciones, las maestras determinaron horarios para cada grupo. Cuando una maestra terminaba de felicitar y entregar obsequios a los alumnos de su salón, comenzaba la siguiente profesora.

 

Lilibeth fue la primera que entregó obsequios y celebró a sus niños y niñas, de ocho de la mañana a ocho y media de la mañana. La mayoría de los niños también se disfrazaron. Uno a uno pasó y se tomó fotos con sus maestras. Los niños sonrieron.

 

–¿Qué significó para usted esta actividad, distinta a las de dos años atrás, cuando no había pandemia?

 

–Es una manera de adaptarnos a la nueva realidad que estamos viviendo, definitivamente el ser humano como ser social necesita ese contacto físico, entonces en otros años pudimos abrazar a los niños, ver sus caras de alegría, bailar juntos, pero este año a pesar de las circunstancia los niños se emocionaron.

 

Hubo alumnos y alumnas de Lilibeth que le enviaron audios de agradecimiento, una de sus alumnas dijo: “Muchas gracias maestra, todo estuvo muy bonito. Me gustó conocerte y poderte abrazar. Besitos”.

 

Lilibeth también se emocionó, porque aun cuando la pandemia lleva más de un año pudo convivir por primera vez con sus alumnos de manera presencial, aunque sea unos minutos.