El tránsito sin uniforme

Texto y fotografía: Itzel Urieta y José Miguel Sánchez

16 de octubre del 2019

 

Son las de 12 del mediodía en la capital del estado de Guerrero, Chilpancingo, y en el paseo Alejandro Cervantes Delgado (Encauzamiento del río Huacapa) esquina con la calle Leyes de Reforma, a la altura del mercado Benito Juárez, se coloca un personaje muy particular: “El Chato”, cuya labor consiste en mantener el orden vial en las zonas con más tráfico de la ciudad.

El caos del tráfico a las 3 de la tarde es demencial. Los peatones buscan cruzar la calle y los conductores de automóviles pelean el paso para incorporarse al encauzamiento. Ante la nula señalización y la falta de alguna autoridad vial que regule el caos causado, en parte, por la mala urbanización con la que crece día a día la capital guerrerense, aparece “El Chato” o “El amigo Chato”, como a él le gusta que le digan.

 

¿Quién es El Chato?

El Chato es una persona que ante la falta de empleo y oportunidades que hay en nuestro país y en nuestro estado se inventó una ocupación para tener un sustento diario para mantener a su familia.

Vive al noroeste de la ciudad, en el punto conocido como Barranca Las Calaveras, justo detrás del mercado Baltazar R. Leyva Mancilla. Su hogar está en la ladera de una barranca. Son dos cuartos con techo de lámina. Una televisión, una mesa de plástico, un sillón, una parrilla y dos sillas de plástico moradas son su patrimonio. Es padre de familia, y en su casa viven sus tres hijos, su esposa y su nuera. Le gusta compartir tiempo con sus hijos; ven películas y almuerza con ellos antes de irse a trabajar.

 

¿Qué hace El Chato?

Trabaja de lunes a sábado de doce a cinco de la tarde bajo los rayos del sol. Regula el tránsito vehicular en una de las vialidades con más tráfico de Chilpancingo. Lleva aproximadamente dos años y medio en esta actividad en tres puntos del encauzamiento Huacapa; a la altura del mercado Benito Juárez, en la calle Nicolás Catalán y en Baltazar R. Leyva Mancilla, a la altura de la ex Comercial Mexicana.

El Chato asume que el tráfico y la mala organización vial han sido temas ignorados por las autoridades. El ahí vio una oportunidad y la aprovechó. Este trabajo que él mismo se creó le permite solventar sus gastos personales y de su familia por las cooperaciones de los automovilistas.

 

La vocación

De lunes a sábado El Chato sale de su casa a las 11:30 de la mañana. Cruza una empinada barranca, camina entre andadores zigzagueantes que antes fueron cauces de barrancas, atraviesa el mercado Baltazar R. Leyva Mancilla y media hora después llega a la calle Leyes de Reforma, donde comienza su jornada de cinco horas como tránsito voluntario, para conseguir entre 100 y 200 pesos para llevar de comer a su familia.

El Chato ha tenido otros trabajos informales. Fue vendedor de chamoyadas, rastreó y rellenó calles, pero el trabajo de tránsito es el que más le ha gustado hasta ahora.

Lo que más le gusta, dice, es que lo saluden y le den las gracias. Esta labor le ha permitido conocer a personas que reconocen su trabajo, como choferes, taxistas y peatones, pero también hay personas que no le reconocen su labor, al contrario, le han gritado y como él dice hasta “mentado la madre”, pero eso no lo desanima él está seguro que su labor es de gran ayuda para la ciudad y para los automovilistas a quienes también les suele dar recomendaciones de no usar el celular mientras conducen, usar correctamente las direccionales y a los motociclistas los invita a usar el casco. Todo esto lo tiene que decir gritando, pues entre el ruido de los autos y el movimiento de los mismos es la única manera de que lo escuchen, por eso mismo muchas personas le han dicho loco o cosas parecidas.

En una ocasión, el presidente municipal de Chilpancingo, Antonio Gaspar, lo invitó a incorporarse a Tránsito Municipal, pero El Chato no aceptó. Su principal argumento fue que no le gusta ese ambiente de oficina y tampoco le gustaría tener un salario y sentir que no hace nada, porque lo que a él le gusta es saber que una moneda que le dio una persona y que tal vez a ellos les serviría para otra cosa se la den a él porque es útil lo que hace.

 

Un sector olvidado

El Chato pertenece a un sector de la población que está en el empleo informal que, según datos del INEGI, es del 52 por ciento, lo que equivale a 14 millones 859 mil 075 personas.

El Chato encontró en el caos vehicular de Chilpancingo una manera de vivir, pero como todo empleo informal no tiene seguridad social y un salario fijo.

Así es como El Chato, el tránsito sin uniforme, sale todos días a hacer una labor que no le corresponde.

 

 

 

 

 

 

 

Este trabajo fue elaborado por el equipo de Amapola. Periodismo transgresor. Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor.