Sin Límites. El Óscar que se gestó en un cine de Iguala

Texto: Margena de la O

Fotografía: Cortesía de Cruz Contreras

4 de febrero del 2020

 

Chilpancingo

 

Harry Potter levanta el brazo y sacude su varita. Una luz que muchas veces se convierte en chispas o fuego anticipa el resultado de su magia. Casi siempre es así desde que la compró con el señor Ollivander, quien le entregó un instrumento de pluma de cola de Fénix, una de las dos que existen en Hogwarts, el mundo de la magia.

 

–La varita escoge a su dueño, señor Potter. Nunca está del todo claro por qué, pero, lo que sí está claro, es que podemos esperar grandes cosas de ti (…) –le dice Ollivander al joven mago con anteojos de espejuelos redondos.

 

Cruz Antonio Contreras Mastache tiene 10 años. Es 2001. Está sentado junto a cuatro de sus primos en el Cinema 80, una sala que funcionó en la céntrica calle Hidalgo, que peleaba longevidad con el Independencia, otro cine de la ciudad de Iguala, donde nació y creció. Miran Harry Potter y la piedra filosofal.

 

Las películas que se proyectaban en Cinema 80 llegaban meses después. El estreno de una cinta era un acontecimiento en Iguala, cuentan habitantes de la ciudad. Esto ocurrió con la película de los niños magos.

 

Cruz sale del cine y sigue deslumbrado con los actos de magia. Quedó inquieto por saber qué producen las luces y chispas de las varitas. La exaltación de ese momento se lo debe a su tío Miguel Mastache, quien los invitó a la función.

 

Esta cinta inspiró la vida de Cruz y lo llevó hasta el equipo que creó Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse), ganadora del Óscar 2019 como mejor película animada.

 

“Yo iba al cine y quería que algún día apareciera mi nombre ahí”, dice Cruz, de 29 años, a través de una videollamada desde Vancouver, Canadá, 19 años después de aquella función en el Cinema 80. Trabaja como artista de efectos de personaje para Sony Pictures Imageworks, una de las compañías de efectos visuales más importantes en el mundo.

 

Como lo hacen las varitas mágicas, los efectos visuales escogieron a Cruz.

 

 

 

Un salto de fe

Preguntaron a Peter Parker cuándo estaría listo para ser Spiderman, y él respondió: “Nunca lo sabes. Sólo es un salto de fe”.

 

Con esta paradójica frase que determina al personaje del hombre araña, Cruz encuentra sentido a su vida actual. “El trabajo duro vale la pena, pero admito que he tenido golpes de suerte”, comenta después de contar cómo inició su carrera de artista de efectos de personaje.

 

En realidad es la historia de su arrojo para mostrarle al mundo quién era.

 

Cuando concluyó la carrera de Animación y Arte Digital, que estudió en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), campus Cuernavaca, Morelos, trabajó por año y medio en esa ciudad en una empresa que, entre risas, confiesa que nunca supo a qué se dedicaba con exactitud, pero él creaba modelos de aparatos electrónicos en tercera dimensión para dejar claro a los clientes cómo funcionaban.

 

Supo que ahí no estaba su lugar, aun cuando la paga era buena. Las chispas de la varita mágica de Harry Potter todavía relumbraban en su cabeza. Como desde hace tiempo lo dejó de ser Iguala, donde regresa en ocasiones a ver a su familia.

 

Determinado, en 2016 envió su historial académico y laboral a cuanta compañía de efectos visuales se le ocurrió y consultó por el mundo. “Cuando digo que lo mandé a más de 100 estudios, es cierto”, dice y vuelve a reír.

 

Quien contestó su mail interesado en su trabajo fue Moving Picture Company, una importante empresa de efectos visuales con sede en Vancouver. Ese mismo año, Cruz se mudó a la ciudad canadiense a trabajar.

 

Antes de continuar con su historia él mismo explica en qué consiste su empleo. Se encarga de hacer los efectos visuales alrededor de los personajes. Crea el movimiento del pelo, la ropa y plumas –en caso de que el personaje las lleve– ante cualquier acto que estudia la Física, como la gravedad.

 

Justo es de las ciencias Física y Matemática de dónde Cruz echa mano para las reacciones que necesitan sus personajes.

 

Estuvo en el departamento de efectos de MPC por un año y medio. En ese tiempo participó en producciones como Los cazafantasmas (Ghostbusters), La Torre Oscura (The Dark Tower), Liga de la Justicia (Justice League).

 

A finales del 2017 le llegó el ofrecimiento de sumarse a Sony Pictures Imageworks. En ese momento en la empresa por la que se mudó a Vancouver se involucraba en la cinta Pokemon: Detective Picachu.

 

La nueva oferta de trabajo para Cruz incluía las cintas Hotel Transylvania 3: monstruos de vacaciones, Pie pequeño, y una tercera de la que no le dieron detalles, pero él mismo llamó la “película misteriosa”.

 

Trabajar en la película Pokemon lo hizo dudar en aceptar incorporarse a la nueva empresa. “Me dije, Sony es un nombre muy pesado”. Entonces, aceptó el nuevo trabajo.

 

La película misteriosa que Sony Pictures Imageworks tenía en planes para Cruz era Spider-Man: Un nuevo universo, la ganadora del Óscar 2019.

 

A veces sólo es cuestión de dar un salto de fe.

 

 

 

Destino forjado

Cuando Pharrell Williams y Michelle Yeoh leyeron en el guion Spider- Man: Into the Spider-Verse, la quinta cinta de la nominación al Óscar 2019 como mejor película de animación, los aplausos y gritos crecieron en el Dolby Theatre de Los Ángeles, California, Estados Unidos.

 

En Sony Pictures Imageworks, desde Vancouver, Canadá, Cruz estuvo atento al nombre premiado. Esperó con una exaltación similar a cuando era niño y estaba en el Cinema 80 de Iguala. A las ceremonias de los Óscares sólo van altos ejecutivos.

 

En la oficina todo estaba listo para el brindis de celebración. Los premios que anteceden al Óscar ya los habían ganado. Uno de ellos: el Globo de Oro.

 

El triunfo estuvo anunciado. Los artistas presentadores de la terna sonrieron y mencionaron la cinta animada ganadora: el hombre araña.

 

 

Los pasos que antecedieron el salto

Un día de paseo por el zócalo de Iguala, su abuela Galdina Hernández le pidió a Cruz que leyera a su madre, Soledad Mastache Hernández, lo que decía en un alto anuncio que miraban a lo lejos. Era uno de los espectaculares con datos de la ciudad. Cruz leyó todo lo que ahí estaba escrito. No tenía ni seis años.

 

“Mi mamá se impresionó”, comenta Cruz. Ese episodio ocurrió en medio de una charla que tuvo con su madre, quien le advertía que pronto ingresaría a la escuela primaria y que ahí comenzaba la complejidad para un estudiante.

 

Lo que no sabía Soledad es que desde los cuatro años, Cruz ya sabía leer, gracias a las clases de su abuela en casa.

 

Desde muy pequeño decidió su personalidad. Lo tiene claro ahora: “Soy tímido. Soy una persona…muy señor. No me gusta salir, nada de fiestas”, comenta.

 

Cruz fue muy dedicado en la escuela. De eso quedó constancia en la primaria Braulio Rodríguez y la secundaria Jesús Reyes Heroles, de Iguala.

 

También fue muy destacado en la preparatoria del ITESM, donde también estudió la carrera universitaria, porque su madre, profesora de tiempo completo, escatimó en juguetes, pero no en sus estudios.

 

El artista le cuestionó a su madre por qué los Reyes Magos nunca atendieron sus cartas.

 

Esa dedicación ahora la demuestra en Vancouver, Canadá, donde sigue con su vida profesional. En estos momentos está involucrado en una película que estará disponible en Netflix, y que trabaja de la mano con Glen Keane, el famoso animador de personajes para Walt Disney Studios, como La bella y la bestia y Tarzán.

 

 

Las chispas que fueron destino

Cruz era un manojo de nervios el día de su cita de trabajo con Moving Picture Company, superior a cualquier otra búsqueda de empleo. Ese momento estaba conectado a su infancia, a la escena mental que lo lleva directo a su tío y primos en el viejo cine de Iguala.

 

La entrevista se la aplicaba Garman Herigstad. Antes rastreó su historial y supo que se trataba del supervisor del equipo de efectos visuales de Harry Potter y la piedra filosofal. El creador, en términos prácticos, de las chispas que salían de la varita del joven mago. “Me estaba muriendo de miedo”, dice sobre ese momento.

 

Tuvo varias inseguridades, pensó que su trabajo podría no convencer a Garman. De no llenar las expectativas, eso lo habría destrozado. Pero como si se tratara de un decreto de infancia, un destino o un acto de magia, el autor del instante que inspiró su vida, le concedió la oportunidad de probarse en el cine animado.

 

Aquéllas fueron las chispas de su destino.