El desgaste emocional y físico, entre las causas de muerte de padres de los 43

Con el deceso resiente de Saúl Bruno, tres padres y madres han muerto en estos siete años de lucha, sin que aún se sepa que pasó con los normalistas de Ayotzinapa


 

Texto: Beatriz García

Fotografía: Tlachinollan Centro de Derechos Humanos de La Montaña

27 de agosto del 2021

Chilpancingo

 

Saúl Bruno Rosario esperó por casi siete años saber del paradero de su hijo, Saúl Bruno García García, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala el 26 y 27 de septiembre del 2014. Nunca sabrá qué fue del destino de su muchacho porque la diabetes que padecía apagó su vida el domingo pasado.

 

Saúl Bruno es el tercer padre del grupo de los 43 que muere en medio de la lucha por dar con el paradero de sus hijos.

 

Primero doña Minerva Bello Guerrero, madre de Everardo Rodríguez Bello, quien murió el 4 de febrero del 2018 a causa de un cáncer que, según personas cercanas a ella, le apareció después de la desaparición de su hijo. Después Tomás Ramírez Jiménez, padre Julio César Ramírez Nava, quien murió el 1 de diciembre del mismo 2018, a causa de insuficiente renal.

 

Otros padres de los 43 saben poco a don Saúl, porque el mismo año que desaparecieron los muchachos hizo un acuerdo con su esposa, Nicanora García González: ella se mantendría en las jornadas de lucha y él produciría en el campo en su comunidad, Los Magueyitos, municipio de Tecoanapa, para tener con qué mantener a la familia, contó el abogado del movimiento, Vidulfo Rosales Sierra.

 

El padre sólo estuvo en la normal los primeros meses después de la desaparición del hijo, después regresó a su casa, donde estaban sus otros hijos.

 

Saúl fue el único de los 10 hijos que tuvieron Saúl y Nicanora que quiso y pudo estudiar, a la vez que colaboraba con la familia en el campo para sostener la casa; aportaba los 80 pesos que ganaba en cada jornada cultivando maíz, de acuerdo a lo que documentó el colectivo Marchando con letras, para una campaña que impulsó el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro.

 

A Clemente Rodríguez, padre del normalista desaparecido Christian Alfonso Rodríguez, en entrevista con Amapola periodismo, no le queda duda que su compañero Saúl le preocupaba y estaba atento de cada paso que daban en el movimiento de búsqueda de los 43.

 

“Lo que sí me consta, recuerdo, su esposa ha estado pegada a la lucha, pero no quiere decir que no le haya importado su muchacho desaparecido. Él se tenía que quedar en casa trabajando”, comentó Clemente.

 

Esta lucha, que lleva casi siete años, para los padres ha significado un desgaste físico y emocional.

 

Clemente dijo que son siete años en que los padres se han enfermado, en que acuden al médico por vitaminas para seguir con la exigencia de la aparición de sus hijos. “Nos duele el compañero”, insistió.

 

Para la madre y los padres que murieron sin encontrar justicia por sus hijos, como don Saúl, se quedan los otros padres a dar batalla “hasta las últimas consecuencias para saber la verdad”, mencionó Clemente.

 

Para el abogado de Tlachinollan, Vidulfo Rosales, los casi siete años de la desaparición de los normalistas se acentúan en los padres, sobre todo en esta pandemia que también le ha afectado.

 

Los efectos de la desaparición forzada

“La desaparición forzada es un delito pluriofensivo, porque ataca la vida, la integridad física, la psicológica, no sólo de la víctima que desaparecen si no en los familiares, el primer círculo, segundo círculo; sufren el papá, los hermanos, la casa nunca vuelve a ser el hogar de antes de la desaparición”, expresó Rosales Sierra al mismo tiempo que enumeró otros efectos: desintegración familiar, conflictos familiares, culpas entres madres y madres.

 

El abogado contó que se ha buscado asistencia médica para los padres, pero las autoridades gubernamentales insisten en que deben atenderse en los centros de salud de sus localidades, sin entender que necesitan una atención específica por ser víctimas.

 

Ayer jueves se cumplieron seis años y once meses de la desaparición de los normalistas, durante este día los padres y madres no se movilizaron a causa de la pandemia; sólo hicieron un evento virtual. El siguiente mes que se cumplen los siete años de la desaparición de sus hijos, retomarán las actividades.

 

Mientras que este jueves integrantes de organizaciones sociales y normalistas de Ayotzinapa se movilizaron en Chilpancingo en el antimonumento a los 43, para exigir justicia por sus compañeros.

 

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