Asedio institucional contra Radio Universidad: la fuerza social que ha evitado su silencio

Sergio Ocampo desde los controles de la radio el 24 de enero pasado. Foto: Margena de la O.

Hace casi 44 años nació la primer radio comunitaria en Guerrero, un proyecto de micrófonos abiertos a la gente común. Es, además, una referencia de contenido cultural que hacen posible un pequeño grupo de universitarios, entre ellos el periodista Sergio Ocampo que deja una vida hecha en la capital del país para volver a su estado


Texto: Margena de la O 

Foto: Amapola Periodismo y Especial

Chilpancingo

Lunes 16 de febrero del 2026


Es sábado 24 de enero a mediodía cuando dos mujeres adultas llegan hasta la cabina de Radio Universidad, ubicada en avenida Benito Juárez, cerca de la alameda Granados Maldonado. El veterano periodista Sergio Ocampo Arista, actual director de la estación universitaria, operaba los controles. Eran una madre y su hija. La hija saluda al periodista con el gusto de quien lleva tiempo sin ver a una persona y le suelta: “Te presento a mi mamá”, el periodista la saluda de manera atenta.

Después, la hija le comenta que si podía ayudarlas con algún número o contacto de autoridad que revise un caso por la tala de un árbol. Responde que en ese momento no contaba con la información, pero les sugirió ir al Ayuntamiento de Chilpancingo para que las asesoraran.

Los micrófonos de la radio también estaban disponibles. Para habitantes de la ciudad y de otras partes de Guerrero, aun cuando la cobertura de la estación es limitada, Radio Universidad es su primera opción de auxilio y denuncia.

Las dos mujeres se despiden con las mismas atenciones del principio y el periodista vuelve a los controles a programar música, porque si alguien lo conoce, sabe que la música –de la buena– es otra de sus pasiones y, a la vez, una singularidad de esta radio comunitaria.

Ocampo Arista lleva atendiendo solicitudes como la de hoy 43 años. Por eso dejó todo en Ciudad de México, donde vivía desde niño, después de salir de su pueblo en Taxco. 

El proyecto fue ideado por el entonces rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG, ahora UAGro), Enrique González Ruiz, pero la echó a andar el periodista Luis del Toro Nájera, su colaborador en la administración desde Comunicación Social, quien falleció a principios del año pasado, en Querétaro, de donde era originario. 

Ocampo Arista, además, le da a Del Toro Nájera el crédito de todo su conocimiento en radio. Pero no de una radio cualquiera, de una al servicio de la gente sin condicionamientos, la antítesis de las radios comerciales. 

Priorizar a las personas y sus necesidades fue la máxima con la que construyeron Radio Universidad. “Compañeros, vamos a hacer una emisora para dar la voz a los que no tienen voz”, recuerda el periodista que le solían repetir González y Del Toro.

Para quienes solo conocen el modo de operación de las radios comerciales, que marcan horarios y sus contenidos están sujetos a fines económicos, quizá poco empaticen con Radio Universidad y su construcción comunitaria, donde los micrófonos están disponibles para las personas comunes.


Esta fotografia forma parte de los archivos de la radio que nace con el nombre técnico XEUAG. Fue tomada de las redes oficiales de Radio Universidad.

Bucaneros itinerantes, el inicio

El metro por una nueva apuesta, la radio

Con 24 años, a finales de 1982, Ocampo Arista volvió a Guerrero para incorporarse al proyecto de Radio Universidad, que recién germinaba. El Consejo Universitario, el máximo órgano de la UAG, había aprobado su creación apenas el 4 de mayo.

Dejó todo en la Ciudad de México, incluido un trabajo estable: cumpliría siete años como operador del metro; era un sindicalista que conducía trenes del sistema de transporte público más efectivo de la capital del país.

Acababa de egresar de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y su única experiencia en el área era la de ser parte del Comité de Prensa y Propaganda en el Sindicato del Metro. Además tenía una formación socialista, ideología que plantea la propiedad colectiva y la revolución proletaria, la de los trabajadores, como él y sus compañeros del metro, quienes desde el sindicalismo mantenían una relación estrecha con los actores de los movimientos sociales. 

Guerrero entonces –como lo es ahora– era un pieza crucial en la lucha social, incluida la insurgencia armada (guerrilla). La Universidad Autónoma de Guerrero es resultado de acciones colectivas y organizadas de sus habitantes. La manifestación del 30 de diciembre de 1960, donde hubo muertos–19 víctimas en los hechos en que la ciudadanía se enfrentó con los militares–, logró la autonomía universitaria.

Su formación y relaciones allanaron su regreso a Guerrero, con su esposa y, entonces, el primero de sus tres hijos. “Allá (Ciudad de México) había unos compañeros que eran presos políticos, que tenían relación con algún grupo insurgente aquí, entonces se trianguló la información”, dice. 

La emisora ocupaba el perímetro en la que hoy están los Servicios Escolares, a espaldas de las preparatorias 1 y 9, en pleno centro de la ciudad, en lo que se conocía como el lienzo charro. Tenían otro transmisor en Ciudad Universitaria, en lo que ahora es el Jardín Botánico.

La radio comenzó operaciones, como la mayoría de las radios comunitarias, sin los permisos oficiales para transmitir, por lo complicado que resultan los requisitos para proyectos con fines sociales, lo que podría considerarse una violación a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Ocampo Arista estaba al frente, pero sin un cargo formal.

Desde el inicio, las transmisiones estuvieron intervenidas por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), área del gobierno federal de la cual dependía el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel, ahora Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones), encargado de regular los permisos, concesiones y funcionamiento de las estaciones de radio. La articulación social, a la que apostaron desde el principio, como casi todos estos proyectos, es su mayor cobijo. 

“El rector de entonces decía, es necesario que saquemos la radio”, comenta el periodista. Así inició “Operación Bucanero” en 1983, que consistió en sacar la radio de Chilpancingo, el centro del estado, y llevarla a las comunidades. Una especie de radio itinerante que recogiera las denuncias ciudadanas. 

El primer lugar que visitaron fue Acapulco. La azotea de la Facultad de Ciencias Sociales fungió como cabina. Se ayudaban de cuerdas y ladrillos para sostener una lona que les servía de carpa, y un trasmisor de baja potencia que el mismo equipo había fabricado; lograban un alcance de unos 15 a 20 kilómetros.

“Lo primero que hicimos fue poner a la radio al servicio de la sociedad”, recuerda.

La radio itinerante visitó otros lugares de Guerrero, como la Tierra Caliente y Zona Norte, en particular Taxco, la tierra del periodista. Cuando llegaron al municipio, los mineros de la comunidad, empleados de Minera México, la empresa que explotaba los yacimientos locales de plata y zinc, estaban en huelga en reclamo de una revisión contractual.

El “mero mole” del entonces novato periodista. Es una expresión usada en Guerrero para hacer referencia a que una persona tiene mayor dominio de algún asunto; el periodista provenía de la lucha laboral.

La radio sería desde entonces para los mineros de Taxco, como para muchas luchas sociales, su caja de resonancia, y en ese momento consiguió mejoras salariales, pero volvieron a declararse en huelga en 2007 por el anuncio de cierre de Grupo México en el municipio, la cual mantienen y siguen comunicándose a la estación.

Toda esa vinculación social generó que el asedio de la SCT creciera, lo que motivó que los universitarios, en particular el pequeño grupo de la radio, viajará a la ahora Ciudad de México para instalarse en huelga de hambre en las oficinas de la dependencia federal. 

Aquel momento Ocampo Arista lo recuerda con entusiasmo por el respaldo que lograron de periodistas, intelectuales y dirigentes destacados de la izquierda en el país. Hasta el lugar de la huelga llegaron a respaldarlos, entre otros, Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Monsiváis y Heberto Castillo. Estuvieron en huelga cerca de un mes y medio hasta que lograron el compromiso de la SCT, sin ningún documento de por medio, más que la promesa verbal, de dejarlos transmitir.

La radio nació con un formato en vivo, al tiempo en que ocurrían las cosas. Aunque, a decir verdad, también era un reflejo de sus carencias; la hacían unos cuántos y sin presupuesto, porque las condiciones financieras de la institución eran inciertas. 

Además de Del Toro Nájera, quien creó el primer programa de noticias de la estación con la frase “Radio Universidad informa”, el equipo inicial era pequeño, además de Ocampo Arista, estaba Margarito Gallardo Analco, conocido como “El Pollito”, quien todavía le imprime el toque popular y dicharachero al convocar a las audiencias de las colonias y los barrios; Bernardo Peñalosa, Artemio Sevilla, Eduardo Villaseñor, Lucio Cotero, desde la parte técnica. 

Después fueron sumándose otros miembros del periodismo local, como Juan Cervantes, Luz María Orona y Víctor Wences Martínez.


Esta imagen fue creada con IA.

Los aspectos políticos y sociales que envuelven a la UAG de la época

Universidad-Pueblo, el proyecto educativo-social

Para comprender las motivaciones que desencadenan en la creación de Radio Universidad resulta imprescindible un clavado en la historia de la institución y entender el contexto político-social  del estado en la época. 

El movimiento autonomista dio paso a la Universidad-Pueblo, un proyecto impulsado en la década de los setentas por el exrector Rosalío Wences Reza (1972-1975) de una universidad popular, crítica y comprometida con las luchas sociales de Guerrero, México y América Latina, según los archivos universitarios.

En medio, a la vez, de un estado movilizado. 

El rector Jaime Castrejón Díez (1970-1972) fue secuestrado en 1971 por guerrilleros de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), liderado por el profesor Genaro Vázquez Rojas, al ser considerado un agente de poder político y económico en el estado para lograr demandas sociales como la liberación de los presos políticos.

“La Universidad –además– estaba en una situación difícil, no había elecciones, se imponía las juntas, se imponía el gobierno, se imponía al rector”, dice el periodista. 

La década de los setentas fue la época de la insurgencia armada en Guerrero y los ojos –y las acciones– de gobierno estaban puestos aquí. Estos años también enmarcan el periodo de la guerra sucia, que académicos han renombrado como “exterminio de Estado”, por las sistemáticas desapariciones forzadas en la que intervinieron policías y militares. 

Con el proyecto Universidad-Pueblo hubo bufetes jurídicos, comedores universitarios, casas de estudiantes. Con este enfoque dio cobijo a exiliados y perseguidos políticos de México y Latinoamérica, de acuerdo con testimonios de los propios universitarios.

La radio no estuvo contemplada en la parte central del proyecto, pero fue parte de la continuidad que impulsó González Ruiz (1981-1984) de una universidad vinculada con la sociedad. “Los rectores de Sinaloa, Puebla y Zacatecas, más Guerrero, habían aprobado impulsar sus radios comunitarias”, menciona el periodista.


El diseño de esta infografía fue hecho con IA a partir de los datos previamente documentados sobre la historia de la radio.

1984 y 1985, presión política. El cierre

La alta politización y la estrecha vinculación de la UAG con la sociedad en medio de un contexto  álgido en Guerrero desencadenó en restricciones presupuestales, hasta hacer que cerrara la radio. La institución depende en gran medida del subsidio federal.

Ocampo Arista recuerda como el entonces secretario de Educación, Jesús Reyes Heroles, por consigna política mermó el plan social de la universidad en un intento de asfixiarla. “Pidió que se cerrara la radio, que se cerraran los comedores, los bufetes jurídicos, o sea, toda la vinculación de la universidad con el pueblo”. 

El presidente era Miguel de la Madrid, quien representaba la sucesión del régimen priísta y, con ello, la criminalización de movimientos sociales, y Guerrero y la UAG eran un semillero. “(…) Muchos dirigentes sociales estaban en la universidad estudiando, algunos eran catedráticos. O sea, la Universidad de Guerrero siempre estuvo en el ojo”, agrega.

La radio, convertida en una herramienta ciudadana –las cabinas improvisadas, porque no tenían edificio, siempre estaban llenas–, fue sacrificada. Cerró por acuerdo del Consejo Universitario, sus trabajadores y los de otras áreas de la institución fueron obligados a resistir sin salario.

El periodista recuerda la despedida en enero de 1985. Unos 500 habitantes llegaron hasta el perímetro de la alameda para participar en el último programa. Era domingo, cuando artistas guerrerenses transmitían música y poesía en directo desde el restaurante de Carmelita de la U, una salvadoreña que vino a probar suerte, que los miembros de la radio consideraron aliada. 

Usaban cientos de metros de cable para conectarse al transmisor del lienzo charro. 

“La gente lloraba y lloraba…”.

1987, Tribuna Libre y más

La tarde del 6 de junio de 1987, Ocampo y Villaseñor estaban reunidos tomándose unos tragos, cuando se vieron y, sin decir palabra, supieron lo que cada uno pensaba. 

El 7 de junio, al día siguiente, por una designación institucional, las dependencias de gobierno y las organizaciones de periodistas el país celebraban el Día de la Libertad de Expresión. Ambos consideraron oportuno volver a echar a andar la radio en un acto de rebeldía.

 Esa misma noche fueron a ver al nuevo rector, Ramón Reyes Carreto (1987-1990), ante quien asumieron toda la responsabilidad de la operación y las implicaciones de volver a desafiar al gobierno federal por carecer de los permisos para operar.

Y así, después de tres años, Radio Universidad volvió al aire.

A partir de entonces nació Tribuna Libre, el programa de noticias que todavía conduce Ocampo Arista en las mañanas, fiel a la manera al modelo original de la radio, con micrófonos abiertos. 

También surgió una barra programática social y cultural de la mano de la audiencia.

Algunos de los programas que dejaron huella fueron Platícame un libro. Ismael Catalán narraba, comentaba y recomendaba obras literarias. En los archivos de la radio todavía están sus grabaciones.

Barquito de papel, creado y conducido por Isabel Arriaga, fue un espacio dedicado a las niñas, los niños y adolescentes, pero didáctico para personas de todas las edades, porque ofrecía información y actividades que fortalecían la imaginación, identidad y desarrollo cognitivo y emocional.

Leonor Lara llevó el feminismo a la radio local con el programa La irreverencia de ser mujer. En los pasillos de Radio Universidad recuerdan a las pioneras del feminismo en Guerrero, como Alejandra Cárdenas, María Luisa Grafías, Ema Cerón, hablando de la igualdad de género en estos micrófonos.


Esta ilustración fue hecha por el artista Art.M, colaborador de Amapola Periodismo, en el cotexto de los 43 años de XEUAG.

Radio Universidad y su vinculación social 

La tarde del 21 de agosto del 2013, Nestora Salgado García, entonces comandanta de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) en Olinalá, era detenida por militares, marinos y policías estatales en la cabecera de ese municipio de región Montaña. Estaba al aire el periodista Víctor Wences, quien era director de la radio con quien se comunicó para denunciar en vivo su detención

La líder comunitaria –política de las filas de Morena–, en ese momento desconocía que la acusaban de secuestro, por lo que estuvo presa más de dos años y medio, pidió auxilio y denunció una represalia por su labor comunitaria mediante la estación. Eran tiempos del gobernador Ángel Aguirre Rivero, un priista arropado por el PRD que señalando de dirigir una nueva represión contra los movimientos sociales, por la acumulación asesinatos de dirigentes sociales. En su periodo ocurrió la noche de Iguala (26 de septiembre del 2014), donde desaparecieron a 43 normalistas de Ayotzinapa.

El reporte del ataque que sufrían normalistas de Ayotzinapa llegó esa misma noche a Radio Universidad. Ocampo Arista lideró el primer grupo de periodistas que viajó de Chilpancingo a Iguala a cubrir los hechos.

En innumerables episodios en que la comunicación era elemental la radio dio cobertura. Durante los días de la contingencia por los fenómenos naturales Ingrid y Manuel (2013), Radio Universidad ofreció servicio las 24 horas.

Esta vinculación social, por contradictorio que parezca, fueron repercusiones para el proyecto. Si bien las administraciones universitarias la han fortalecido en cierta medida–cuentan ahora con instalaciones, un equipo de más de 20 personas, una consola y un transmisor de mediano alcance–, persiste el acoso de la SCT.

Apenas a mediados de enero recibieron oficios de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, todavía dirigidos a Wences Martínez, fallecido en julio pasado, donde solicitan a la emisora la entrega del transmisor que, asumen, es “propiedad de la Nación”. El acto causaría causaría la suspensión de la programación. 

Ocampo Arista denunció que es un nuevo intento de sacarlos del aire sin motivos, porque su condición está regularizada: en septiembre del 2023 lograron que la Agencia les concediera una concesión pública por 15 años. Lo que significa que tienen los permisos para funcionar.

La presión porque la radio vuelve a cerrar es parte de la historia misma de la estación. En 2022, agentes de la Guardia Nacional (GN) ingresaron para tratar de llevarse el transmisor, pero lo impidieron.

Ocampo Arista confía en el respaldo ciudadano. “Yo digo que la gente nos quiere”. La vinculación social no la posee cualquiera.


Aspectos de las actuales instalaciones de Radio Universidad. Foto: Margena de la O

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